Cáncer

Estudio vincula menor azúcar en la infancia con menor incidencia de cinco cánceres

Un experimento natural con 64 mil 761 personas relacionó la restricción temprana con menor incidencia de cinco tipos de cáncer
Redacción | 27 Agosto, 2026
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Una decisión tomada en Reino Unido en 1953 terminó ofreciendo, más de 70 años después, una ventana excepcional para estudiar cómo la alimentación durante el embarazo y los primeros años puede acompañar a una persona durante prácticamente toda su vida.

Durante años, el país había limitado el acceso al azúcar mediante un sistema de racionamiento. El 26 de septiembre de 1953, esa restricción terminó y el consumo aumentó rápidamente. Personas nacidas con apenas unos meses de diferencia quedaron expuestas, sin saberlo, a condiciones alimentarias muy distintas durante una etapa considerada crítica: los primeros 1,000 días desde la concepción.

Investigadores aprovecharon ese episodio como un experimento natural y analizaron a 64 mil 761 participantes del UK Biobank nacidos entre 1951 y 1956. Los resultados, publicados en 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), encontraron que una mayor exposición al periodo de menor disponibilidad de azúcar estuvo asociada con menor incidencia posterior de cinco tipos de cáncer, junto con diferencias en alimentación y marcadores vinculados con el envejecimiento.

La investigación no demuestra que quitar el azúcar de la dieta garantice evitar el cáncer. Lo que revela es algo más complejo: el ambiente nutricional de los primeros años podría dejar huellas que siguen siendo visibles varias décadas después.


Azúcar en la infancia


Por qué los primeros 1,000 días resultan tan importantes

Los primeros 1,000 días abarcan aproximadamente desde la concepción hasta los dos años de edad.

Es un periodo en el que ocurren procesos decisivos de crecimiento y desarrollo. El estudio plantea además que durante esa etapa podrían comenzar a consolidarse algunas preferencias alimentarias que posteriormente influyen en la dieta adulta.

El final repentino del racionamiento británico permitió comparar a personas cuya vida temprana transcurrió durante distintos periodos de restricción.

Algunos estuvieron expuestos únicamente durante el embarazo. Otros permanecieron bajo el sistema durante meses después del nacimiento, mientras que quienes nacieron posteriormente quedaron completamente fuera de aquel entorno.

Esa diferencia permitió observar una tendencia: cuanto mayor fue el tiempo bajo el racionamiento durante los primeros 1,000 días, mayores fueron algunas de las diferencias detectadas décadas después.

Cinco cánceres presentaron diferencias décadas después

Los investigadores identificaron asociaciones especialmente marcadas para cáncer de hígado y vías biliares intrahepáticas, recto, pulmón, próstata y mama.

Los resultados para las personas con mayor exposición fueron:

Tipo de cáncerHazard ratioDiferencia relativa aproximada
Hígado y vías biliares intrahepáticas0.3169% menor
Recto0.6040% menor
Pulmón0.5941% menor
Próstata0.4852% menor
Mama0.6436% menor

Los valores corresponden a diferencias relativas observadas en el seguimiento y no deben traducirse como una probabilidad individual garantizada de no desarrollar cáncer.

El resultado más marcado apareció en cáncer de hígado y vías biliares intrahepáticas, con un hazard ratio de 0.31.

Sin embargo, el valor periodístico del estudio no se limita a esos porcentajes.

Los investigadores también buscaron entender cómo una condición alimentaria vivida al principio de la vida podría seguir relacionada con la salud medio siglo después.

Personas expuestas siguieron consumiendo menos azúcar 50 años después

Una de las pistas apareció en el comportamiento alimentario.

Las personas que habían estado expuestas durante más tiempo al racionamiento reportaron décadas después menor consumo de azúcar, menor cantidad total de alimentos y dietas más variadas y saludables.

El patrón es compatible con la posibilidad de que las preferencias por determinados niveles de dulzor comiencen a construirse desde etapas muy tempranas.

Esto significa que la consecuencia potencial de una exposición menor al azúcar no necesariamente terminaría cuando concluye la infancia.

Si las preferencias formadas durante esos primeros años influyen posteriormente en las elecciones cotidianas, el efecto podría acumularse durante décadas: menos alimentos muy dulces, distintos patrones de consumo y diferencias metabólicas sostenidas en el tiempo.


Azúcar en la infancia


No obstante, el trabajo no permite asegurar que este mecanismo explique por sí solo la menor incidencia de cáncer.

Los telómeros ofrecieron otra pista

Los investigadores también encontraron diferencias biológicas.

El grupo expuesto al racionamiento presentó telómeros leucocitarios aproximadamente 0.05 desviaciones estándar más largos.

Los telómeros son estructuras ubicadas en los extremos de los cromosomas y su longitud se utiliza como uno de distintos indicadores relacionados con envejecimiento celular.

Los autores calcularon que la diferencia observada era estadísticamente equivalente a cerca de 2.2 años menos de envejecimiento biológico.

Eso no significa que las personas hayan rejuvenecido 2.2 años ni que reducir azúcar reste automáticamente años a la edad biológica.

La cifra describe la magnitud de una diferencia detectada en un biomarcador dentro de una población.

También se encontraron niveles menores de Granzyme B, proteína relacionada con la respuesta de ciertas células inmunitarias. Los investigadores consideran que esa diferencia es compatible con una menor activación inmunitaria crónica.

De esta manera aparecen dos posibles caminos: uno relacionado con hábitos alimentarios que permanecen durante décadas y otro vinculado con procesos biológicos asociados al envejecimiento y la actividad inmunitaria.

El azúcar prácticamente se duplicó al terminar el racionamiento

El valor científico de este episodio histórico radica en lo abrupto del cambio.

La investigación previa sobre el mismo experimento natural documentó que el racionamiento mantenía el consumo dentro de niveles comparables con las recomendaciones dietéticas actuales y que, una vez terminado, el consumo de azúcar casi se duplicó inmediatamente.

Eso permitió comparar cohortes muy próximas en edad sin depender exclusivamente de que adultos mayores recordaran con precisión lo que habían comido cuando eran bebés.

La fecha de nacimiento funcionó como una especie de frontera natural.


Azúcar en la infancia


Una persona concebida antes del final del sistema pudo pasar el embarazo e incluso los primeros meses de vida bajo la restricción. Quien nació después estuvo expuesto mucho antes al nuevo escenario de mayor disponibilidad.

Diabetes e hipertensión ya habían mostrado diferencias

El cáncer no es la primera enfermedad estudiada mediante este episodio británico.

En 2024, una investigación publicada en Science encontró que la exposición al racionamiento durante los primeros 1,000 días estuvo relacionada con alrededor de 35% menos riesgo de diabetes tipo 2 y 20% menos riesgo de hipertensión.

Además, entre los grupos expuestos, el diagnóstico de diabetes apareció aproximadamente cuatro años más tarde, mientras que el de hipertensión se retrasó alrededor de dos años.

El trabajo detectó beneficios incluso con exposición durante la gestación.

La asociación fue más fuerte cuando la restricción continuó después del nacimiento, especialmente después de los seis meses, etapa en la que normalmente comienzan a incorporarse alimentos sólidos.

Esto refuerza la atención científica sobre el periodo que comprende embarazo, lactancia y primera infancia.

También investigaron su relación con insuficiencia cardiaca

En enero de 2026, otro estudio publicado en Nature Communications analizó el mismo cambio histórico y encontró resultados relacionados con la salud cardiovascular.

Los participantes expuestos al racionamiento durante los primeros 1,000 días mostraron alrededor de 14% menos riesgo de insuficiencia cardiaca y desarrollaron la enfermedad aproximadamente 2.6 años más tarde que quienes no estuvieron expuestos.

El análisis también detectó una tendencia similar a la observada en cáncer: una mayor duración de la exposición se relacionó con efectos más marcados.

Los autores, sin embargo, subrayaron la necesidad de continuar investigando estos resultados.


Azúcar en la infancia


No son pruebas para eliminar totalmente el azúcar

La acumulación de resultados puede resultar llamativa, pero requiere una lectura cuidadosa.

No se realizó un ensayo clínico en el que miles de mujeres embarazadas y niños fueran asignados deliberadamente a consumir cantidades diferentes de azúcar durante años.

El final del racionamiento fue un acontecimiento histórico que los investigadores aprovecharon décadas después.

Tampoco existe una medición exacta del azúcar ingerido por cada uno de los 64 mil 761 participantes durante el embarazo o la infancia.

La exposición se determina principalmente a partir de la fecha de nacimiento y del periodo durante el cual estuvo vigente la política de racionamiento.

Asimismo, muchos de estos trabajos utilizan participantes del UK Biobank y analizan el mismo acontecimiento histórico. Los resultados no deben presentarse como si fueran numerosos experimentos clínicos independientes.

Mucho menos pueden trasladarse automáticamente a México o a cualquier otra población con características genéticas, sociales, económicas y alimentarias diferentes.

Azúcar añadida no es lo mismo que toda fuente de azúcar

Otra distinción necesaria está en el tipo de azúcar.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares libres representen menos del 10% de la energía diaria total y señala que reducirlos al 5% o menos puede aportar beneficios adicionales.

Para una persona con una dieta cercana a las 2 mil calorías, el límite del 10% equivale aproximadamente a 50 gramos diarios.

La OMS considera azúcares libres aquellos agregados a alimentos y bebidas durante su fabricación o preparación, así como los presentes naturalmente en miel, jarabes, jugos y concentrados de frutas.

Eso no significa eliminar carbohidratos ni equiparar automáticamente todos los alimentos que contienen algún tipo de azúcar.

Una fruta entera, por ejemplo, no se aborda de la misma forma que una bebida a la que se añadió una cantidad elevada de azúcar.

Consultar las recomendaciones de alimentación saludable de la OMS

Una huella que puede durar toda la vida

La imagen que dejan estos estudios es particularmente llamativa por la distancia entre causa y resultado.

Un niño nacido en Reino Unido a principios de la década de 1950 no podía saber que una política diseñada para administrar alimentos después de una guerra terminaría convirtiéndose, siete décadas más tarde, en información científica sobre cáncer, diabetes, hipertensión y corazón.

Tampoco se puede concluir que una única decisión nutricional determine la salud futura.

El cáncer y las enfermedades metabólicas dependen de múltiples factores: genética, alimentación, actividad física, exposición ambiental, tabaquismo, alcohol, edad y muchas otras variables intervienen en distintos grados.

Lo novedoso es que el estudio coloca la lupa mucho antes de la edad adulta.

Los datos plantean que el entorno alimentario desde el embarazo y durante los primeros dos años podría participar tanto en procesos biológicos como en la formación de preferencias que permanecen durante décadas.

Más que una receta para eliminar el azúcar, el experimento británico aporta una advertencia distinta: lo que ocurre durante los primeros 1,000 días quizá no se quede únicamente en esos primeros 1,000 días.

*ARD

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Migrante de Tecamachalco vuelve de EU por cáncer y pide ayuda médica

Un migrante de Tecamachalco regresó de Estados Unidos tras más de 20 años por complicaciones de salud y ahora solicita apoyo para continuar su tratamiento contra el cáncer
Luz María Zayas | 4 Agosto, 2026
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Tecamachalco, Pue- El poblano Osvaldo Juárez Maldonado fue repatriado a Tecamachalco luego de vivir más de 20 años en Estados Unidos, donde enfrentó un complicado diagnóstico de cáncer en la columna vertebral. La falta de recursos económicos y de un seguro médico le impidieron continuar con su tratamiento, por lo que decidió regresar a México para buscar atención especializada.

El migrante informó que fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas en territorio estadounidense; sin embargo, su condición se complicó debido a que también padece diabetes, lo que ha afectado su recuperación.

Reconoce el respaldo para regresar a México

A su llegada a Puebla, Osvaldo agradeció el apoyo recibido por parte del Gobierno de México, encabezado por Claudia Sheinbaum, así como del gobierno estatal que dirige Alejandro Armenta.


Osvaldo Juárez Maldonado


También reconoció la labor del Instituto Poblano de Asistencia al Migrante, las autoridades federales y el Consulado de México, instituciones que trabajaron de manera conjunta para concretar su regreso al país.

El migrante solicitó el respaldo de las autoridades de salud para retomar su tratamiento, ya que durante varios meses no ha recibido atención médica especializada.

Explicó que desconoce el estado actual del cáncer debido a la falta de seguimiento clínico, por lo que espera ser valorado por especialistas que determinen la evolución de la enfermedad y el tratamiento que deberá seguir en México.

*ARD

¿Por qué cada vez más jóvenes desarrollan cáncer?

Investigaciones revelan un aumento del cáncer antes de los 50 años. Conoce las posibles causas y las recomendaciones para prevenirlo
Redacción | 21 Julio, 2026
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Durante décadas, el cáncer fue considerado una enfermedad estrechamente relacionada con el envejecimiento. Sin embargo, en los últimos años esa percepción ha comenzado a cambiar. Investigaciones internacionales muestran que cada vez más personas menores de 50 años reciben un diagnóstico de algún tipo de tumor, una tendencia que ha encendido las alertas entre médicos, investigadores y organismos de salud.

Aunque la edad continúa siendo uno de los principales factores de riesgo, el aumento del cáncer de aparición temprana ha llevado a la comunidad científica a analizar qué cambios en el estilo de vida, el ambiente y la alimentación podrían estar favoreciendo esta situación. Al mismo tiempo, especialistas recuerdan que una parte importante de los casos podría prevenirse mediante hábitos saludables y revisiones médicas oportunas.


Cáncer


El cáncer seguirá creciendo en las próximas décadas

El impacto del cáncer continúa en aumento a nivel mundial. De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de nuevos casos podría pasar de 19.3 millones registrados en 2020 a 28.4 millones en 2040, lo que representa un incremento cercano al 50 por ciento.

Este crecimiento responde, en parte, al envejecimiento de la población y a una mayor esperanza de vida. Sin embargo, también influyen factores como el tabaquismo, el consumo de alcohol, la obesidad, el sedentarismo y una alimentación poco equilibrada.

Los especialistas destacan que, si bien el cáncer no siempre puede prevenirse, modificar determinados hábitos reduce significativamente el riesgo de desarrollar varios tipos de esta enfermedad.

El cáncer de aparición temprana va en aumento

Uno de los hallazgos más relevantes de los últimos años proviene de una investigación publicada en la revista científica BMJ Oncology, la cual analizó la incidencia de 29 tipos de cáncer en 204 países entre 1990 y 2019.

El estudio concluyó que los diagnósticos en personas menores de 50 años aumentaron un 79 por ciento durante ese periodo, mientras que las muertes asociadas a estos tumores crecieron cerca del 28 por ciento.

Además, los investigadores proyectan que para 2030 tanto la incidencia como la mortalidad continuarán incrementándose si no se fortalecen las estrategias de prevención y detección temprana.


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Los tipos de cáncer más frecuentes en adultos jóvenes

El análisis permitió identificar cuáles son los tumores que generan mayor carga de enfermedad entre quienes aún no cumplen 50 años.

Entre ellos destacan:

  • Cáncer de mama, el de mayor incidencia en mujeres jóvenes.
  • Cáncer de colon y recto, cuya frecuencia ha aumentado en varios países.
  • Cáncer de estómago.
  • Cáncer de tráquea, bronquios y pulmón.

Asimismo, los especialistas detectaron un crecimiento acelerado en los casos de cáncer de próstata y cáncer de nasofaringe, lo que ha motivado nuevas investigaciones para conocer las razones de este comportamiento.

La mayor incidencia se observó principalmente en personas de entre 40 y 49 años residentes en regiones con un nivel socioeconómico medio y alto, como Europa Occidental, Norteamérica y Australia.

Los factores de riesgo que sí pueden modificarse

Aunque algunos factores, como la edad o la carga genética, no pueden cambiarse, existen otros que dependen directamente del estilo de vida.

Los investigadores consideran que tres elementos destacan por su relación con el incremento del cáncer en personas jóvenes:

Consumo de tabaco

El tabaquismo continúa siendo la principal causa prevenible de cáncer. Fumar incrementa considerablemente el riesgo de desarrollar tumores en pulmón, garganta, boca, esófago, vejiga, riñón y otros órganos.


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Incluso la exposición constante al humo del cigarro puede afectar la salud de quienes no fuman.

Consumo de alcohol

Diversos estudios han demostrado que el alcohol está relacionado con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de hígado, mama, colon, esófago y cavidad oral.

Por ello, organismos internacionales recomiendan limitar su consumo como parte de una estrategia integral de prevención.

Alimentación poco saludable

Las dietas con un elevado consumo de carnes procesadas, carnes rojas, alimentos ultraprocesados y exceso de sal también han sido asociadas con un mayor riesgo de algunos tipos de cáncer.

En contraste, una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y fibra favorece una mejor salud general y puede contribuir a disminuir ese riesgo.

Otros factores que siguen bajo investigación

Además de los hábitos alimenticios y el consumo de sustancias nocivas, los especialistas estudian el posible impacto de otros elementos.

Entre ellos se encuentran:

  • El aumento de la obesidad.
  • El sedentarismo.
  • La contaminación ambiental.
  • La exposición prolongada a sustancias químicas potencialmente cancerígenas.
  • Cambios en la microbiota intestinal.
  • Factores metabólicos asociados al estilo de vida moderno.

Aunque todavía no existe evidencia definitiva sobre el peso específico de cada uno de estos factores, la comunidad científica coincide en que podrían influir en el incremento observado durante las últimas décadas.


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La prevención sigue siendo la mejor herramienta

Expertos en salud pública estiman que casi la mitad de los casos de cáncer podrían prevenirse mediante acciones sencillas pero constantes.

Entre las principales recomendaciones destacan:

  • Evitar el consumo de tabaco.
  • Reducir al mínimo el consumo de alcohol.
  • Mantener un peso saludable.
  • Realizar actividad física de forma regular.
  • Consumir frutas, verduras y alimentos ricos en fibra.
  • Limitar los alimentos ultraprocesados y las carnes procesadas.
  • Proteger la piel frente a la radiación solar.
  • Participar en programas de detección temprana cuando corresponda.

Además, los especialistas aconsejan acudir al médico ante síntomas persistentes como sangrados inexplicables, pérdida de peso sin causa aparente, cambios en los hábitos intestinales, bultos o lesiones que no cicatrizan.

Un desafío que requiere conciencia y acción

El aumento del cáncer en menores de 50 años representa uno de los mayores retos para la medicina contemporánea. Si bien todavía quedan preguntas por responder sobre las causas exactas de este fenómeno, la evidencia científica apunta a que adoptar hábitos saludables desde edades tempranas puede marcar una diferencia importante.

La combinación de prevención, educación, diagnóstico oportuno y acceso a programas de detección permitirá enfrentar con mayores posibilidades una enfermedad que continúa siendo una de las principales causas de muerte en el mundo, pero cuyo impacto puede reducirse mediante decisiones cotidianas enfocadas en cuidar la salud.

Con información de Consumer

*ARD 

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Casos de cáncer aumentarán 70% hacia 2050 si no se fortalecen las acciones de prevención: OMS

La OMS prevé un aumento del 70% en los casos de cáncer hacia 2050 y pide fortalecer la prevención, vacunación y acceso a tratamientos
Redacción | 8 Julio, 2026
Cuerpo

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el número de nuevos casos de cáncer crecerá de manera acelerada en las próximas décadas, al pasar de 20.6 millones de diagnósticos anuales a casi 35 millones en 2050.

El organismo internacional señaló que este incremento puede evitarse parcialmente si los países implementan políticas más efectivas de prevención, detección temprana y acceso equitativo a tratamientos médicos.

La alerta también pone de manifiesto que millones de personas continúan enfrentando barreras para recibir atención oportuna, especialmente en las naciones con menores ingresos.


Cáncer


Hábitos saludables pueden prevenir millones de casos

De acuerdo con la OMS, varios de los factores que favorecen el desarrollo del cáncer son prevenibles.

Entre ellos destacan la obesidad, el sedentarismo, una alimentación poco saludable, el consumo de tabaco y alcohol, además de la exposición constante a la contaminación del aire y las infecciones ocasionadas por el Virus del Papiloma Humano (VPH) y los virus de la hepatitis B y C.

El organismo calcula que alrededor del 40 por ciento de los cánceres podrían evitarse mediante acciones preventivas, campañas de vacunación y programas de detección temprana.

Persisten desigualdades en la atención médica

El informe también revela importantes diferencias en la supervivencia de los pacientes dependiendo del país donde reciben tratamiento.


Cáncer


Por ejemplo, mientras el 87 por ciento de las mujeres con cáncer de mama en países desarrollados supera los cinco años de supervivencia, en las naciones de bajos ingresos la cifra apenas alcanza el 42 por ciento.

Además, el cáncer provoca un fuerte impacto económico. La encuesta global de la OMS encontró que el 45 por ciento de los pacientes enfrenta problemas financieros severos y más de la mitad desarrolla afectaciones en su salud mental.

La OMS llama a reforzar los sistemas de salud

Para reducir el crecimiento de los casos de cáncer, la OMS pidió garantizar que la atención oncológica forme parte de la cobertura universal de salud y asegurar el acceso a medicamentos esenciales.

También recomendó fortalecer la vacunación contra el VPH y ampliar los programas de tamizaje para detectar la enfermedad en etapas tempranas.


Cáncer


En México y América Latina continúa la estrategia 90-70-90, enfocada en prevenir y eliminar el cáncer cervicouterino mediante la inmunización y el diagnóstico oportuno, medidas consideradas fundamentales para disminuir la mortalidad durante las próximas décadas.

Con información de Agencias

*ARD

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Cáncer y Alzheimer: el hallazgo científico que podría transformar la investigación médica

La ciencia investiga por qué el cáncer y el Alzheimer mantienen una relación inversa y cómo este descubrimiento podría cambiar el futuro de la medicina
Redacción | 3 Julio, 2026
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Aunque el cáncer y la enfermedad de Alzheimer comparten el envejecimiento como uno de sus principales factores de riesgo, numerosos estudios han detectado un comportamiento inesperado: quienes sobreviven al cáncer presentan una menor probabilidad de desarrollar Alzheimer, mientras que las personas con esta demencia muestran una incidencia reducida de ciertos tipos de cáncer.

Este fenómeno ha sido confirmado por diversas investigaciones internacionales y hoy representa una de las líneas de estudio más prometedoras en el campo de la biomedicina.

Una relación que no implica protección

Los expertos enfatizan que estos resultados no significan que el cáncer prevenga el Alzheimer ni que el Alzheimer evite el cáncer.


Alzheimer

Lo que muestran los estudios es una asociación epidemiológica, es decir, una tendencia observada en grandes grupos de población que ahora intenta explicarse desde la biología molecular y la genética.

Precisamente, comprender estas diferencias podría facilitar el desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas.

El sistema inmunológico, una de las claves

Entre las principales teorías destaca el papel del sistema inmunológico.

Los investigadores consideran que la respuesta inmunitaria participa tanto en el crecimiento de los tumores como en el deterioro de las neuronas. En el cáncer predominan mecanismos que favorecen la supervivencia celular, mientras que en el Alzheimer ocurre una pérdida progresiva de células nerviosas.

Asimismo, los científicos analizan procesos relacionados con la eliminación de proteínas dañadas, la inflamación y la regulación de la muerte celular.

Si los mecanismos compartidos logran identificarse con precisión, podrían surgir medicamentos capaces de intervenir en etapas tempranas del Alzheimer o incluso mejorar algunos tratamientos oncológicos.

Además, este conocimiento podría impulsar nuevas herramientas para detectar ambas enfermedades antes de que aparezcan síntomas graves, uno de los principales retos actuales de la medicina.

La investigación continúa

Aunque los resultados son alentadores, los especialistas coinciden en que todavía falta confirmar muchos aspectos mediante ensayos clínicos y estudios de largo plazo.


Cerebro

Mientras tanto, la evidencia disponible fortalece la idea de que comprender la relación entre cáncer y Alzheimer puede ofrecer información valiosa para enfrentar dos enfermedades que afectan a millones de personas en todo el mundo.

Con información de Infobae

*ARD

¿Debes preocuparte por los conservantes? Lo que revela una nueva investigación científica

Un estudio internacional evaluó la relación entre algunos conservantes y el riesgo de cáncer. Conoce qué concluyeron los investigadores
Redacción | 25 Junio, 2026
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Un amplio estudio científico volvió a poner atención sobre los conservantes utilizados en alimentos industrializados. La investigación, publicada en The BMJ, evaluó el consumo de distintos aditivos en aproximadamente 100 mil adultos pertenecientes a la cohorte francesa NutriNet-Santé.

Durante el seguimiento, los investigadores compararon la alimentación de los participantes con la aparición de distintos tipos de cáncer y observaron asociaciones entre algunos conservantes y un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad.


conservantes


¿Qué encontró la investigación?

Los resultados mostraron que un mayor consumo de determinados conservantes, especialmente sorbatos, sulfitos, nitratos, nitritos y eritorbato de sodio, estuvo relacionado con un incremento moderado del riesgo de cáncer, principalmente de mama y próstata.


conservantes


No obstante, el estudio también concluyó que la mayoría de los conservantes evaluados no presentaron una relación estadísticamente significativa con esta enfermedad.

Los expertos llaman a la prudencia

Especialistas consultados tras la publicación coinciden en que los resultados deben interpretarse con cautela porque el trabajo no prueba una relación causa-efecto.

Las personas que consumen más alimentos procesados también suelen presentar otros factores de riesgo, como mayor consumo de alcohol, carnes procesadas o dietas menos saludables, lo que puede influir en los resultados.


conservantes


La mejor estrategia sigue siendo una alimentación equilibrada

Mientras continúan las investigaciones, los científicos recomiendan reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y optar por productos frescos, frutas, verduras y preparaciones caseras.

Asimismo, consideran importante que las autoridades regulatorias continúen evaluando la seguridad de los aditivos conforme se generan nuevas evidencias científicas.

En consecuencia, el estudio no invita a eliminar por completo los alimentos con conservantes, sino a reforzar hábitos alimenticios saludables y mantener una dieta variada basada en productos mínimamente procesados.

Con información de Agencias

*ARD

La pérdida del cromosoma Y en hombres se vincula con enfermedades graves

La pérdida del cromosoma Y en hombres aumenta con la edad y podría estar relacionada con cáncer, Alzheimer y enfermedades cardiacas
Redacción | 27 Febrero, 2026
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La pérdida del cromosoma Y en las células masculinas, un fenómeno biológico asociado al envejecimiento, podría tener consecuencias más importantes para la salud de lo que se pensaba hasta ahora. Estudios recientes indican que esta alteración genética podría estar vinculada con enfermedades cardiovasculares, cáncer y trastornos neurodegenerativos.

Durante mucho tiempo, la comunidad científica consideró que la desaparición del cromosoma Y no representaba un riesgo relevante para el organismo. Sin embargo, nuevos análisis científicos han demostrado que su pérdida puede afectar procesos biológicos fundamentales.

La genetista Jenny Graves explicó en un artículo publicado por The Conversation que los avances en técnicas de detección han permitido comprender mejor la magnitud de este fenómeno.


Cromosoma Y


La pérdida del cromosoma Y aumenta con la edad

El cromosoma Y puede desaparecer en algunas células del cuerpo cuando se producen errores durante la división celular.

Este proceso ocurre con mayor frecuencia conforme los hombres envejecen. Las investigaciones indican que cuatro de cada diez hombres de 60 años ya presentan células sin cromosoma Y.

Además, la proporción aumenta considerablemente con el paso del tiempo. Entre los hombres de 90 años, más de la mitad presentan este fenómeno en una parte significativa de sus células.

Diversos factores ambientales pueden acelerar esta pérdida genética. Entre ellos destacan el tabaquismo, la exposición prolongada a sustancias químicas dañinas y algunos contaminantes ambientales.

Cuando el cromosoma Y desaparece en ciertas células, estas continúan dividiéndose y generan nuevas células sin ese cromosoma, creando un patrón biológico conocido como mosaicismo celular.

El papel del cromosoma Y en el organismo

A diferencia de otros cromosomas humanos, el cromosoma Y contiene relativamente pocos genes. En total alberga 51 genes que codifican proteínas, una cantidad muy inferior a la de otros cromosomas del genoma humano.

Esta característica hace que sea especialmente vulnerable a errores durante la replicación celular.

No obstante, la pérdida del cromosoma Y no resulta fatal para la célula. Esto ocurre porque muchos de sus genes no son indispensables para la supervivencia celular.


Cromosoma Y


Incluso en la evolución de algunas especies animales, el cromosoma Y ha desaparecido o se ha reducido de forma significativa.

Enfermedades asociadas a la pérdida del cromosoma Y

A pesar de que la célula puede sobrevivir sin este cromosoma, diversos estudios han demostrado que su ausencia puede tener consecuencias en la salud.

Investigaciones médicas han relacionado la pérdida del cromosoma Y con enfermedades como insuficiencia renal, problemas cardiacos y trastornos neurológicos.

Por ejemplo, un estudio europeo encontró que los hombres con una alta proporción de células sin cromosoma Y tienen mayor probabilidad de sufrir infartos.

Asimismo, investigaciones recientes han vinculado este fenómeno con mayor mortalidad en casos de COVID-19.

Relación con cáncer y Alzheimer

Los científicos también han encontrado asociaciones entre la pérdida del cromosoma Y y el desarrollo de Enfermedad de Alzheimer.


Cromosoma Y


En algunos estudios, los pacientes masculinos con Alzheimer presentaban una ausencia del cromosoma Y hasta diez veces más frecuente que los hombres sin esta enfermedad.

Además, la pérdida de este cromosoma se ha relacionado con una mayor incidencia de tumores y con un peor pronóstico en pacientes con cáncer.

Un campo clave para la medicina del futuro

A pesar de estos hallazgos, los científicos todavía investigan los mecanismos exactos que explican esta relación.

Una teoría sugiere que algunas enfermedades podrían provocar la pérdida del cromosoma Y, mientras que otra plantea que ambas condiciones comparten causas genéticas.

Los estudios genómicos han identificado más de 150 genes relacionados con la regulación del ciclo celular y la estabilidad genética que podrían influir en este fenómeno.

Por ello, comprender la pérdida del cromosoma Y podría ayudar a mejorar el diagnóstico temprano de enfermedades y desarrollar tratamientos más efectivos para la salud masculina.

Con información de Infobae

*ARD

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