Estudio vincula menor azúcar en la infancia con menor incidencia de cinco cánceres
Una decisión tomada en Reino Unido en 1953 terminó ofreciendo, más de 70 años después, una ventana excepcional para estudiar cómo la alimentación durante el embarazo y los primeros años puede acompañar a una persona durante prácticamente toda su vida.
Durante años, el país había limitado el acceso al azúcar mediante un sistema de racionamiento. El 26 de septiembre de 1953, esa restricción terminó y el consumo aumentó rápidamente. Personas nacidas con apenas unos meses de diferencia quedaron expuestas, sin saberlo, a condiciones alimentarias muy distintas durante una etapa considerada crítica: los primeros 1,000 días desde la concepción.
Investigadores aprovecharon ese episodio como un experimento natural y analizaron a 64 mil 761 participantes del UK Biobank nacidos entre 1951 y 1956. Los resultados, publicados en 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), encontraron que una mayor exposición al periodo de menor disponibilidad de azúcar estuvo asociada con menor incidencia posterior de cinco tipos de cáncer, junto con diferencias en alimentación y marcadores vinculados con el envejecimiento.
La investigación no demuestra que quitar el azúcar de la dieta garantice evitar el cáncer. Lo que revela es algo más complejo: el ambiente nutricional de los primeros años podría dejar huellas que siguen siendo visibles varias décadas después.
Por qué los primeros 1,000 días resultan tan importantes
Los primeros 1,000 días abarcan aproximadamente desde la concepción hasta los dos años de edad.
Es un periodo en el que ocurren procesos decisivos de crecimiento y desarrollo. El estudio plantea además que durante esa etapa podrían comenzar a consolidarse algunas preferencias alimentarias que posteriormente influyen en la dieta adulta.
El final repentino del racionamiento británico permitió comparar a personas cuya vida temprana transcurrió durante distintos periodos de restricción.
Algunos estuvieron expuestos únicamente durante el embarazo. Otros permanecieron bajo el sistema durante meses después del nacimiento, mientras que quienes nacieron posteriormente quedaron completamente fuera de aquel entorno.
Esa diferencia permitió observar una tendencia: cuanto mayor fue el tiempo bajo el racionamiento durante los primeros 1,000 días, mayores fueron algunas de las diferencias detectadas décadas después.
Cinco cánceres presentaron diferencias décadas después
Los investigadores identificaron asociaciones especialmente marcadas para cáncer de hígado y vías biliares intrahepáticas, recto, pulmón, próstata y mama.
Los resultados para las personas con mayor exposición fueron:
| Tipo de cáncer | Hazard ratio | Diferencia relativa aproximada |
|---|---|---|
| Hígado y vías biliares intrahepáticas | 0.31 | 69% menor |
| Recto | 0.60 | 40% menor |
| Pulmón | 0.59 | 41% menor |
| Próstata | 0.48 | 52% menor |
| Mama | 0.64 | 36% menor |
Los valores corresponden a diferencias relativas observadas en el seguimiento y no deben traducirse como una probabilidad individual garantizada de no desarrollar cáncer.
El resultado más marcado apareció en cáncer de hígado y vías biliares intrahepáticas, con un hazard ratio de 0.31.
Sin embargo, el valor periodístico del estudio no se limita a esos porcentajes.
Los investigadores también buscaron entender cómo una condición alimentaria vivida al principio de la vida podría seguir relacionada con la salud medio siglo después.
Personas expuestas siguieron consumiendo menos azúcar 50 años después
Una de las pistas apareció en el comportamiento alimentario.
Las personas que habían estado expuestas durante más tiempo al racionamiento reportaron décadas después menor consumo de azúcar, menor cantidad total de alimentos y dietas más variadas y saludables.
El patrón es compatible con la posibilidad de que las preferencias por determinados niveles de dulzor comiencen a construirse desde etapas muy tempranas.
Esto significa que la consecuencia potencial de una exposición menor al azúcar no necesariamente terminaría cuando concluye la infancia.
Si las preferencias formadas durante esos primeros años influyen posteriormente en las elecciones cotidianas, el efecto podría acumularse durante décadas: menos alimentos muy dulces, distintos patrones de consumo y diferencias metabólicas sostenidas en el tiempo.
No obstante, el trabajo no permite asegurar que este mecanismo explique por sí solo la menor incidencia de cáncer.
Los telómeros ofrecieron otra pista
Los investigadores también encontraron diferencias biológicas.
El grupo expuesto al racionamiento presentó telómeros leucocitarios aproximadamente 0.05 desviaciones estándar más largos.
Los telómeros son estructuras ubicadas en los extremos de los cromosomas y su longitud se utiliza como uno de distintos indicadores relacionados con envejecimiento celular.
Los autores calcularon que la diferencia observada era estadísticamente equivalente a cerca de 2.2 años menos de envejecimiento biológico.
Eso no significa que las personas hayan rejuvenecido 2.2 años ni que reducir azúcar reste automáticamente años a la edad biológica.
La cifra describe la magnitud de una diferencia detectada en un biomarcador dentro de una población.
También se encontraron niveles menores de Granzyme B, proteína relacionada con la respuesta de ciertas células inmunitarias. Los investigadores consideran que esa diferencia es compatible con una menor activación inmunitaria crónica.
De esta manera aparecen dos posibles caminos: uno relacionado con hábitos alimentarios que permanecen durante décadas y otro vinculado con procesos biológicos asociados al envejecimiento y la actividad inmunitaria.
El azúcar prácticamente se duplicó al terminar el racionamiento
El valor científico de este episodio histórico radica en lo abrupto del cambio.
La investigación previa sobre el mismo experimento natural documentó que el racionamiento mantenía el consumo dentro de niveles comparables con las recomendaciones dietéticas actuales y que, una vez terminado, el consumo de azúcar casi se duplicó inmediatamente.
Eso permitió comparar cohortes muy próximas en edad sin depender exclusivamente de que adultos mayores recordaran con precisión lo que habían comido cuando eran bebés.
La fecha de nacimiento funcionó como una especie de frontera natural.
Una persona concebida antes del final del sistema pudo pasar el embarazo e incluso los primeros meses de vida bajo la restricción. Quien nació después estuvo expuesto mucho antes al nuevo escenario de mayor disponibilidad.
Diabetes e hipertensión ya habían mostrado diferencias
El cáncer no es la primera enfermedad estudiada mediante este episodio británico.
En 2024, una investigación publicada en Science encontró que la exposición al racionamiento durante los primeros 1,000 días estuvo relacionada con alrededor de 35% menos riesgo de diabetes tipo 2 y 20% menos riesgo de hipertensión.
Además, entre los grupos expuestos, el diagnóstico de diabetes apareció aproximadamente cuatro años más tarde, mientras que el de hipertensión se retrasó alrededor de dos años.
El trabajo detectó beneficios incluso con exposición durante la gestación.
La asociación fue más fuerte cuando la restricción continuó después del nacimiento, especialmente después de los seis meses, etapa en la que normalmente comienzan a incorporarse alimentos sólidos.
Esto refuerza la atención científica sobre el periodo que comprende embarazo, lactancia y primera infancia.
También investigaron su relación con insuficiencia cardiaca
En enero de 2026, otro estudio publicado en Nature Communications analizó el mismo cambio histórico y encontró resultados relacionados con la salud cardiovascular.
Los participantes expuestos al racionamiento durante los primeros 1,000 días mostraron alrededor de 14% menos riesgo de insuficiencia cardiaca y desarrollaron la enfermedad aproximadamente 2.6 años más tarde que quienes no estuvieron expuestos.
El análisis también detectó una tendencia similar a la observada en cáncer: una mayor duración de la exposición se relacionó con efectos más marcados.
Los autores, sin embargo, subrayaron la necesidad de continuar investigando estos resultados.
No son pruebas para eliminar totalmente el azúcar
La acumulación de resultados puede resultar llamativa, pero requiere una lectura cuidadosa.
No se realizó un ensayo clínico en el que miles de mujeres embarazadas y niños fueran asignados deliberadamente a consumir cantidades diferentes de azúcar durante años.
El final del racionamiento fue un acontecimiento histórico que los investigadores aprovecharon décadas después.
Tampoco existe una medición exacta del azúcar ingerido por cada uno de los 64 mil 761 participantes durante el embarazo o la infancia.
La exposición se determina principalmente a partir de la fecha de nacimiento y del periodo durante el cual estuvo vigente la política de racionamiento.
Asimismo, muchos de estos trabajos utilizan participantes del UK Biobank y analizan el mismo acontecimiento histórico. Los resultados no deben presentarse como si fueran numerosos experimentos clínicos independientes.
Mucho menos pueden trasladarse automáticamente a México o a cualquier otra población con características genéticas, sociales, económicas y alimentarias diferentes.
Azúcar añadida no es lo mismo que toda fuente de azúcar
Otra distinción necesaria está en el tipo de azúcar.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares libres representen menos del 10% de la energía diaria total y señala que reducirlos al 5% o menos puede aportar beneficios adicionales.
Para una persona con una dieta cercana a las 2 mil calorías, el límite del 10% equivale aproximadamente a 50 gramos diarios.
La OMS considera azúcares libres aquellos agregados a alimentos y bebidas durante su fabricación o preparación, así como los presentes naturalmente en miel, jarabes, jugos y concentrados de frutas.
Eso no significa eliminar carbohidratos ni equiparar automáticamente todos los alimentos que contienen algún tipo de azúcar.
Una fruta entera, por ejemplo, no se aborda de la misma forma que una bebida a la que se añadió una cantidad elevada de azúcar.
Consultar las recomendaciones de alimentación saludable de la OMS
Una huella que puede durar toda la vida
La imagen que dejan estos estudios es particularmente llamativa por la distancia entre causa y resultado.
Un niño nacido en Reino Unido a principios de la década de 1950 no podía saber que una política diseñada para administrar alimentos después de una guerra terminaría convirtiéndose, siete décadas más tarde, en información científica sobre cáncer, diabetes, hipertensión y corazón.
Tampoco se puede concluir que una única decisión nutricional determine la salud futura.
El cáncer y las enfermedades metabólicas dependen de múltiples factores: genética, alimentación, actividad física, exposición ambiental, tabaquismo, alcohol, edad y muchas otras variables intervienen en distintos grados.
Lo novedoso es que el estudio coloca la lupa mucho antes de la edad adulta.
Los datos plantean que el entorno alimentario desde el embarazo y durante los primeros dos años podría participar tanto en procesos biológicos como en la formación de preferencias que permanecen durante décadas.
Más que una receta para eliminar el azúcar, el experimento británico aporta una advertencia distinta: lo que ocurre durante los primeros 1,000 días quizá no se quede únicamente en esos primeros 1,000 días.
*ARD
