Ver más cabellos de lo habitual en la ducha, el cepillo o la almohada cuando termina el verano puede generar alarma, pero no siempre significa que esté comenzando una alopecia. La caída del cabello en otoño tiene una explicación relacionada con el propio ciclo del folículo.
Una investigación realizada con 823 mujeres encontró una periodicidad anual en el crecimiento y desprendimiento del cabello, con la mayor proporción de pelos en fase telógena durante el verano. Otro estudio situó el máximo de esa fase entre finales del verano y comienzos del otoño.
Esto significa que parte del cabello que comienza a prepararse para caer durante julio o agosto puede desprenderse semanas después, cuando septiembre y octubre ya están en marcha.
El cabello no empieza a caerse justo cuando llega el frío
Cada folículo atraviesa distintas etapas. Durante la fase anágena, el cabello crece; después entra en una etapa de transición y finalmente alcanza la fase telógena, en la que permanece en reposo antes de desprenderse.
La British Association of Dermatologists explica que un cabello puede permanecer entre dos y cuatro meses en esa fase de reposo, hasta que el nuevo pelo en crecimiento termina empujándolo hacia fuera.
Por eso, el aumento de caída visible durante el otoño puede reflejar cambios que comenzaron meses antes.
Un análisis de más de 2 mil 800 personas que consultaron por mayor desprendimiento encontró una frecuencia superior de efluvio telógeno entre julio y octubre, reforzando la idea de que el fenómeno tiene un fuerte componente estacional.
¿Cuánto cabello es normal perder al día?
Perder cabello diariamente forma parte de su renovación natural.
La Academia Americana de Dermatología señala que es habitual desprender entre 50 y 100 cabellos al día. La diferencia aparece cuando la caída supera claramente lo acostumbrado y se mantiene durante un periodo prolongado.
También importa observar el patrón. Una caída difusa después de lavarse o cepillarse no significa lo mismo que notar zonas sin cabello, una raya que se ensancha o retroceso progresivo de la línea frontal.
El frío puede resecar el cuero cabelludo, pero no explica todo
La evidencia disponible apunta más al ciclo estacional del folículo que al frío como causa directa del desprendimiento otoñal.
Sin embargo, cuando comienzan a bajar las temperaturas aparecen otras condiciones que sí pueden empeorar el aspecto y la resistencia del cabello.
Los ambientes fríos y con baja humedad pueden resecar la piel del cuero cabelludo, mientras algunos productos capilares eliminan aceites naturales y favorecen irritación, tirantez o descamación.
A esto pueden sumarse secadoras muy calientes, planchas, decoloraciones, fricción y peinados tensos. En esos casos puede existir rotura de la fibra, que visualmente se confunde con una mayor pérdida desde la raíz.
Cómo proteger el cabello antes de que llegue el invierno
No existe un tratamiento universal capaz de impedir la caída estacional, pero sí hay medidas que pueden evitar añadir daño, quiebre o inflamación a un cabello que atraviesa su ciclo natural.
Reducir el uso de temperaturas altas, evitar jalar el cabello constantemente y tratarlo con suavidad cuando está húmedo disminuye agresiones innecesarias.
El acondicionador también puede ayudar a reducir fricción y quiebre en cabellos secos, largos, teñidos o sometidos con frecuencia a herramientas térmicas.
Si comienza la temporada fría con picazón, tirantez o descamación, conviene revisar los productos utilizados y evitar aquellos que irriten o resequen excesivamente el cuero cabelludo.
La protección, por tanto, no consiste en “sellar el folículo” antes del otoño, sino en mantener sano el cuero cabelludo y disminuir las agresiones sobre la fibra.
Estrés, dietas y enfermedades pueden hacerse visibles meses después
El otoño también puede coincidir con otro fenómeno: el efluvio telógeno.
Esta alteración aparece cuando un número mayor de folículos entra simultáneamente en fase de reposo después de que el organismo atraviesa un evento importante.
Entre sus desencadenantes se encuentran fiebre alta, enfermedades, cirugías, parto, estrés intenso, pérdida marcada de peso y dietas extremas. La caída suele hacerse evidente alrededor de dos o tres meses después del evento.
Por ejemplo, una enfermedad o una pérdida importante de peso ocurrida durante julio podría manifestarse en forma de mayor desprendimiento durante septiembre u octubre.
Esta demora explica por qué conviene revisar lo ocurrido en los meses anteriores antes de atribuir todo simplemente al cambio de estación.
Biotina y vitaminas no son una solución automática
Otro error frecuente es comenzar a tomar biotina, hierro, vitamina D u otros suplementos apenas aparece más pelo en el cepillo.
Los micronutrientes participan en el funcionamiento normal del folículo, pero eso no significa que suplementarlos sin una deficiencia produzca más crecimiento.
Una revisión científica encontró que la suplementación con hierro o vitamina D puede resultar pertinente cuando existe una carencia comprobada, mientras la evidencia no respalda utilizar biotina de manera generalizada para la caída del cabello. El exceso de algunos nutrientes, como vitamina A o selenio, incluso puede asociarse con pérdida capilar.
La alimentación suficiente, especialmente en proteínas y nutrientes esenciales, resulta más importante que recurrir automáticamente a suplementos promocionados para el cabello.
Cuándo la caída del cabello merece una revisión médica
Una caída claramente repentina, localizada en parches o progresiva no debería darse por normal únicamente porque sea otoño.
Mayo Clinic recomienda valoración médica cuando aparecen zonas circulares sin pelo, pérdida repentina, caída mayor de la habitual durante el lavado o cepillado, o cambios progresivos en la densidad.
También merece atención una pérdida persistente acompañada de dolor, enrojecimiento, inflamación o descamación importante.
La clave está en observar la evolución. Un incremento temporal y difuso puede formar parte del ciclo estacional; una pérdida que modifica visiblemente la densidad o continúa avanzando puede responder a otra causa.
El otoño puede revelar lo que comenzó durante el verano
La llamada caída otoñal no empieza necesariamente cuando baja la temperatura.
El folículo puede haber entrado en fase de reposo durante el verano y liberar el cabello semanas después. A eso se pueden sumar estrés, enfermedad, dietas restrictivas o daños acumulados sobre la fibra.
Por eso, el mejor cuidado antes del invierno consiste en reducir agresiones, proteger el cuero cabelludo, mantener una alimentación adecuada y vigilar cambios persistentes en la densidad.
El objetivo no es impedir que el cabello complete su ciclo natural, sino evitar que factores añadidos conviertan un desprendimiento temporal en un problema mayor.
*ARD
