El presente y el futuro de la inteligencia artificial es un tema universal.
La Iglesia Católica mexicana criticó el domingo los límites de la IA y propuso su regulación ante su veloz avance, al considerar que “interviene en decisiones que afectan el trabajo, la reputación, el acceso a servicios o los derechos de las personas”.
“Mientras buscamos construir máquinas cada vez más capaces, debemos asegurarnos de no entregarles nuestra capacidad de discernir, asumir responsabilidades y decidir nuestro futuro»”, advirtió la Arquidiócesis de México en su editorial semanal Desde la Fe.
El tema no es menor, porque la Iglesia aseguró que “no mira con temor ni rechazo el desarrollo tecnológico”, sin embargo, argumentó que necesitamos reglas que permitan innovar y, al mismo tiempo, coloquen en el centro la dignidad humana.
Precisó que el verdadero progreso no puede medirse solo por aquello que una tecnología es capaz de hacer, sino también de preguntarse a quién sirve, qué protege y qué clase de sociedad ayuda a construir.
Su posición destaca en medio de las advertencias de ex trabajadores de gigantes tecnológicos, como Anthropic, OpenAI y Google, sobre el riesgo de que la IA pueda acabar con la humanidad.
Líderes tecnológicos como Sam Altman, de OpenAI, Elon Musk, de xAI, y Dario Amodei, de Anthropic, también han exigido más regulaciones, en una coincidencia poco habitual en el sector de tecnología avanzada.
La Iglesia Católica mexicana recordó que, en la encíclica Magnifica Humanitas, el papa León XIV destacó que “debe permanecer siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, como aquella que oriente las innovaciones técnicas y determine responsablemente sus usos y sus límites”.
Precisó que la regulación de la IA en México debe poner en duda las decisiones que quedan exclusivamente en manos del algoritmo.
Así como plantear quién es el responsable frente a un daño provocado por esta inteligencia o qué se hace cuando se pone en riesgo el trabajo, los derechos de autor, la verdad o la seguridad.
México tiene, agregó, la oportunidad de construir una regulación que no nazca del miedo a la tecnología, pero tampoco de una confianza ingenua en ella.
El tema de la IA es hoy un asunto que se discute en el mundo, en México el gobierno ha planteado su regulación y no sólo la Iglesia pide normas, lo mismo hacen universidades, empresas y ciudadanos, es tiempo de discutirlo en serio antes de que la aplicación de la IA nos gane.
De las anécdotas que se cuentan
Más del tema, la Iglesia enfatiza que no mira con temor ni rechazo el desarrollo tecnológico, por el contrario, reconoce que a lo largo de la historia la técnica ha contribuido significativamente a mejorar las condiciones de vida, sin embargo, recuerda que todo progreso puede causar daño si no está guiado por la dignidad humana y orientado hacia el bien común.
Destaca que lo que faltan en la propuesta es hablar menos de hasta dónde puede llegar la Inteligencia Artificial, y hablar más de quién debe ponerle límites y con qué criterios.
"Nuestro país se encuentra desde hace tiempo en un proceso de discusión sobre la Inteligencia Artificial. Es un debate necesario, pero no solo para especialistas, desarrolladores, empresas tecnológicas o legisladores.
"Regular la Inteligencia Artificial significa responder preguntas como: ¿qué decisiones nunca deberían quedar exclusivamente en manos de un algoritmo? ¿Quién responde cuando un sistema provoca un daño? ¿Cómo protegemos la privacidad y los datos personales? ¿Qué hacemos frente a los riesgos para el trabajo, los derechos de autor, la verdad o la seguridad? ¿Cómo garantizamos que las personas más vulnerables no sean las primeras perjudicadas por estas tecnologías?", insistió.
Son necesarias reglas que permitan innovar y, al mismo tiempo, coloquen en el centro la dignidad humana. El verdadero progreso no puede medirse solo por aquello que una tecnología es capaz de hacer; también debe preguntarse a quién sirve, qué protege y qué clase de sociedad ayuda a construir.
"Mientras buscamos construir máquinas cada vez más capaces, debemos asegurarnos de no entregarles nuestra capacidad de discernir, asumir responsabilidades y decidir nuestro futuro. La Inteligencia Artificial necesita límites, y esos límites no pueden decidirlos las máquinas", concluyó.
La reflexión es válida, pero más será que todos se involucren en su discusión.
La IA empieza a afectar la vida de la sociedad y las decisiones no pueden quedar en manos de un algoritmo.
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*ARD
