Cada día, miles de personas caminan apresuradamente por estaciones del Metro de la Ciudad de México sin darse cuenta de que bajo sus zapatos pueden encontrarse restos de animales que habitaron el planeta hace más de 65 millones de años.
Las figuras con forma de caracol, concha o espiral que aparecen dentro de algunas losetas no son dibujos ni manchas provocadas por el uso. Son fósiles auténticos de organismos marinos que quedaron atrapados en roca caliza y, millones de años después, terminaron convertidos en parte de los pisos y recubrimientos del Metro.
Bivalvos, rudistas, amonoideos y gasterópodos forman parte de este peculiar paisaje prehistórico. Su presencia también ha dado origen a una comunidad de usuarios que recorre estaciones mirando hacia abajo, fotografiando nuevos ejemplares y construyendo una especie de museo paleontológico escondido dentro del transporte capitalino.
¿Cómo llegaron fósiles marinos al Metro de la CDMX?
Los animales fosilizados no vivieron en los túneles donde hoy circulan los trenes.
Los restos quedaron depositados originalmente en antiguos ambientes marinos. Después de morir, fueron cubiertos por sedimentos y, mediante procesos ocurridos durante millones de años, quedaron incorporados a rocas calizas.
Mucho tiempo después, esas piedras fueron extraídas, cortadas en losas y utilizadas como material de construcción.
Por eso, cuando una loseta fue colocada en el piso de una estación, algunos de aquellos organismos prehistóricos llegaron con ella.
Entre los fósiles encontrados existen ejemplares del Cretácico, periodo que abarca aproximadamente de hace 145 a 66 millones de años, cuando todavía había dinosaurios sobre la Tierra.

Los cazadores de fósiles que recorren el Metro
Lo que millones de pasajeros ignoraban comenzó a convertirse en objeto de búsqueda para un grupo de usuarios.
Bárbara Oaxaca ha documentado desde 2016 la presencia de fósiles en las baldosas de distintas líneas y alrededor de su proyecto se formó una comunidad que comparte fotografías, ubicaciones e identificaciones de los ejemplares encontrados.
La dinámica es sencilla: caminar más despacio, observar las piedras y buscar estructuras que rompen con las vetas normales de la roca.
Algunos fósiles aparecen como pequeñas espirales. Otros semejan caracoles cortados por la mitad, conchas o círculos irregulares.
La comunidad ha localizado bivalvos, rudistas, amonoideos, gasterópodos y turritelas, entre otros organismos.
El resultado es un inventario que transforma estaciones cotidianas en puntos de exploración paleontológica.
Registro de fósiles del Metro CDMX

Zapata es una de las estaciones con mayor variedad
Una de las estaciones más interesantes para comenzar la búsqueda es Zapata.
En el transbordo hacia la Línea 12 y en los andenes con dirección a Mixcoac se han documentado amonoideos y agrupaciones de bivalvos, además de fósiles atribuidos a Toucasia.
Los amonoideos llaman especialmente la atención por su característica forma enrollada.
Fueron moluscos cefalópodos y muchas de sus especies desaparecieron al final del Cretácico. Cuando la piedra que los contiene se corta transversalmente, la estructura puede quedar expuesta en el piso y convertirse en una especie de ventana hacia un antiguo mar.

Coyoacán esconde pequeños caracoles prehistóricos
En Coyoacán, Línea 3, también existen ejemplares claramente identificados.
En la zona del cambio de dirección entre Universidad e Indios Verdes se han localizado gasterópodos de alrededor de 3 a 6 centímetros, algunos registrados como Turritella.
Estos antiguos organismos tenían conchas alargadas y enrolladas.
La presencia de calcita dentro de algunas estructuras genera tonalidades blancas que permiten distinguirlas de la piedra que las rodea.

Universidad tiene fósiles en sus andenes
La terminal Universidad también forma parte de esta ruta oculta.
En el andén con dirección a Indios Verdes se han registrado gasterópodos de aproximadamente uno a cinco centímetros, igualmente asociados con Turritella.
Su tamaño es menor que el de otros ejemplares del sistema, por lo que encontrarlos requiere observar detenidamente las piedras.
Una vez identificada la forma característica, resulta mucho más sencillo detectar otros fósiles durante el recorrido.

Pino Suárez guarda ejemplares de hasta 20 centímetros
Entre los hallazgos más llamativos están los documentados en Pino Suárez.
En la salida hacia la explanada del mercado existen registros de gasterópodos de alrededor de 20 centímetros, dimensiones considerablemente mayores que las de muchos fósiles visibles en otras estaciones.
Pino Suárez ofrece además una combinación poco común de diferentes capas de la historia.
Además de los fósiles contenidos en las piedras, la estación es conocida por conservar vestigios arqueológicos prehispánicos, lo que convierte el sitio en uno de los puntos donde distintas épocas quedan reunidas dentro del mismo espacio urbano.

También hay fósiles en Indios Verdes, Pantitlán y El Rosario
Los hallazgos no se concentran en una sola línea.
En Indios Verdes se han registrado gasterópodos de aproximadamente uno a cuatro centímetros en una salida hacia la terminal de autobuses.
En Pantitlán, cerca de una escalera de salida de la Línea A, existe el registro de un gasterópodo de aproximadamente siete centímetros.
En El Rosario, cerca de los torniquetes de una salida colindante con la plaza, se documentó otro gasterópodo de aproximadamente seis centímetros.
Ermita, Coyoacán, Cuatro Caminos, Flores Magón y Universidad también aparecen dentro del inventario de ejemplares localizados.

Flores Magón conserva antiguos rudistas
No todos los fósiles tienen apariencia de caracol.
En la estación Flores Magón, sobre el andén con dirección a Buenavista, se han documentado rudistas caprínidos de aproximadamente seis centímetros de diámetro.
Los rudistas fueron moluscos bivalvos muy particulares que prosperaron durante el Cretácico.
Su aspecto era diferente al de las almejas actuales y algunas variedades desarrollaron estructuras alargadas o cónicas.
Son precisamente estas formas extrañas las que han despertado el interés de los llamados cazadores de fósiles.

Un pedazo del Cretácico quedó atrapado en el piso
La antigüedad es uno de los elementos más sorprendentes.
Algunos de estos organismos vivieron durante el Cretácico, entre aproximadamente 145 y 66 millones de años atrás.
Para dimensionarlo: las piedras pueden contener restos de seres que vivieron en el mismo gran periodo geológico en el que existieron numerosos grupos de dinosaurios.
Después llegaron su muerte, enterramiento, fosilización, formación de la roca, extracción de la cantera y finalmente el corte de las losas.
El último capítulo ocurrió cuando aquellas piedras terminaron formando parte de una estación del Metro.

El mamut de Talismán llegó al Metro de otra manera
Hay otro famoso habitante prehistórico del Metro, pero su historia es completamente diferente.
Durante la construcción de la Línea 4 en 1978, trabajadores encontraron restos fósiles de un mamut adulto en el cruce de las avenidas Talismán y Congreso de la Unión.
El equipo de Salvamento Arqueológico del INAH realizó el rescate. El ejemplar medía alrededor de cuatro metros de altura y se calcula que murió hace aproximadamente 10 mil a 12 mil años.
Sus restos permanecen exhibidos bajo un domo en la entrada oriente de la estación Talismán desde el 29 de agosto de 1981, fecha de inauguración de la Línea 4.

Los fósiles de las losetas y el mamut no tienen la misma edad
La diferencia entre ambos casos es enorme.
Los organismos marinos contenidos en algunas piedras pueden remontarse a decenas de millones de años, mientras el mamut encontrado en Talismán tiene una antigüedad aproximada de 10 mil a 12 mil años.
También llegaron al Metro por caminos completamente distintos.
Los fósiles marinos estaban dentro de las rocas utilizadas como material de construcción.
El mamut estaba enterrado en el subsuelo y apareció durante las excavaciones.
Esa diferencia permite entender por qué el sistema capitalino reúne dos tipos de patrimonio paleontológico: el que llegó dentro de sus materiales y el que apareció cuando la ciudad comenzó a perforar el terreno para construir sus líneas.

Un museo escondido que no necesita vitrinas
Quizá lo más peculiar de estos fósiles sea que no están separados del público.
Millones de zapatos pasan sobre ellos, las estaciones continúan funcionando y los organismos permanecen atrapados dentro de las piedras, muchas veces sin que nadie los observe.
La búsqueda impulsada por usuarios ha convertido esas losetas en piezas de un registro paleontológico colaborativo que puede explorarse durante un viaje cotidiano.
No hace falta excavar ni ingresar a un museo: basta comenzar por estaciones como Zapata, Coyoacán, Universidad, Pino Suárez, Indios Verdes o Flores Magón y mirar con atención.
La próxima vez que viajes en el Metro CDMX, una espiral o una figura extraña en el suelo puede no ser una simple veta de piedra. Podría ser el rastro de un animal que nadaba en antiguos mares millones de años antes de que existiera la Ciudad de México.
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