La BUAP comenzó a trasladar la discusión sobre inteligencia artificial desde las herramientas hacia una pregunta más compleja: ¿cómo evaluar lo que realmente aprendió un estudiante cuando una IA puede responder, resumir o redactar en segundos?
La respuesta institucional tomó forma con el Diplomado en Inteligencia Artificial y Transformación Docente, un programa de 120 horas dirigido a profesores universitarios y del que surge el perfil Docente GuIA. Su función no es únicamente incorporar tecnología al aula, sino enseñar a los estudiantes a pensar, contrastar, verificar y justificar sus decisiones cuando trabajan con inteligencia artificial.
Evaluar una respuesta ya no basta
Uno de los cambios centrales del modelo está en la evaluación.
Cuando una herramienta puede producir una respuesta completa en pocos segundos, calificar únicamente el resultado final pierde capacidad para mostrar cuánto razonó realmente el alumno. Por eso, el modelo propone observar cómo llegó a una conclusión, qué fuentes consultó, qué verificó, qué descartó y cómo puede defender su respuesta.
Los primeros resultados del diplomado muestran el tamaño del reto. Antes de la capacitación, 33.4% de los profesores afirmaba contar con criterios para evaluar trabajos realizados con apoyo de IA. Después del proceso formativo, el porcentaje aumentó a 83.4%.
Además, los participantes señalaron que modificaron la manera en que diseñan sus clases y adaptaron sus estrategias de evaluación frente al uso de estas herramientas por parte de los estudiantes.
El Docente GuIA no sólo enseña a usar inteligencia artificial
La formación tuvo una duración de 120 horas y se articuló mediante cuatro microcredenciales: Evolución de la IA, GuIA Docente, Transformación de Evaluación y Bienestar y Desarrollo.
El perfil que busca construir la Universidad combina comprensión técnica, transformación pedagógica, evaluación, pensamiento crítico, responsabilidad ética y desarrollo humano.
Eso implica que el profesor debe ayudar al estudiante a distinguir cuándo la inteligencia artificial puede ampliar su aprendizaje, cuándo necesita cuestionar una respuesta y cuándo es preferible no utilizarla.
Actividades con IA pasan de 50 a 91.7 por ciento
La BUAP también midió cambios en la manera en que los docentes integran estas herramientas dentro de sus actividades.
Antes del diplomado, 50% de los profesores reportaba diseñar ejercicios donde sus estudiantes utilizaban IA con un propósito específico de aprendizaje. Al concluir, la cifra subió a 91.7%.
En la planeación de clases, la incorporación de inteligencia artificial avanzó de 58.4% a 91.6%, mientras que el uso para adaptar materiales a las características y necesidades de los alumnos pasó de 41.7% a 100%.
El objetivo no está en incrementar el uso de tecnología por sí mismo, sino en que cada actividad tenga un propósito pedagógico definido.

Pensamiento crítico alcanza 100 por ciento entre participantes
Uno de los resultados más relevantes aparece cuando se mide la capacidad de los profesores para orientar a sus estudiantes frente a contenidos generados por sistemas de IA.
Antes del diplomado, 33.3% decía trabajar con sus alumnos el análisis crítico de esta información. Al concluir la capacitación, la proporción alcanzó 100% entre los participantes de la medición.
Los propios profesores también identificaron cambios en sus grupos: 91.7% reportó preguntas más pertinentes, el mismo porcentaje observó mayor análisis crítico de contenidos generados por modelos de lenguaje y 83.3% señaló que sus estudiantes verifican datos, contrastan fuentes e identifican posibles errores.
Ahí aparece uno de los conceptos centrales del modelo: la soberanía cognitiva, entendida como la capacidad de utilizar inteligencia artificial sin delegarle el criterio personal.
Sesgos, autoría y privacidad también entran al aula
La estrategia incluye una dimensión ética. El Docente GuIA debe trabajar temas como errores, sesgos, autoría, citación, privacidad, propiedad intelectual, integridad académica y responsabilidad.
La propuesta coloca al profesor como entrenador cognitivo y referente ético, encargado de diseñar experiencias donde los estudiantes comparen información, encuentren fallas, evalúen evidencia y expliquen el razonamiento detrás de sus conclusiones.
Este enfoque coincide con el Marco de Competencias en IA para Docentes de UNESCO, que organiza la formación alrededor de cinco dimensiones: enfoque centrado en el ser humano, ética, fundamentos y aplicaciones de IA, pedagogía y aprendizaje profesional.
UNESCO también plantea que estas tecnologías deben complementar y no sustituir las funciones esenciales del profesor, especialmente aquellas relacionadas con criterio, acompañamiento y responsabilidad educativa.
BUAP busca formar mil Docentes GuIA
El diplomado forma parte de una estrategia institucional más amplia. En febrero de 2026, la Universidad conformó el Consejo Académico de Gobernanza de Inteligencia Artificial y presentó el plan de trabajo de AURA BUAP, su Agencia de Inteligencia Artificial y Ética Algorítmica.
Desde esa estructura, la BUAP ha colocado como prioridades el pensamiento crítico, la innovación y la ética en la incorporación de inteligencia artificial a sus actividades académicas.
La meta ahora es formar mil Docentes GuIA en un año. El desafío planteado por la Universidad no consiste simplemente en sumar profesores que sepan manejar plataformas, sino en transformar experiencias de aprendizaje para que la presencia cotidiana de la IA produzca más análisis, mejores preguntas, mayor verificación y menos dependencia automática de una respuesta generada por máquina.
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