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Parque Nacional El Chico: historia, bosque y aventura en Hidalgo

Historia minera, peñas, senderos y bosques de oyamel hacen de El Chico una escapada imprescindible
Blanca Castillo | 10 Septiembre, 2026
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En medio de la Sierra de Pachuca, donde la niebla baja entre oyameles y enormes paredes de roca aparecen entre el bosque, se encuentra el Parque Nacional El Chico, uno de los destinos naturales más especiales de Hidalgo y una escapada ideal para quienes buscan cambiar el ruido de la ciudad por senderos, montañas y aire frío.

El parque tiene 2 mil 739 hectáreas y conserva un paisaje de bosques de oyamel, pino y encino, valles, cañadas, arroyos y peñascos que durante décadas han atraído a senderistas, escaladores, campistas y viajeros. Pero su mayor riqueza no está solamente en lo que se ve: detrás de sus árboles existe una historia relacionada con minas de oro y plata, explotación forestal y uno de los esfuerzos de conservación más antiguos de México.

El origen de El Chico comenzó con las minas

Mucho antes de convertirse en un parque nacional, esta región estuvo marcada por la minería. La historia de Mineral del Chico se remonta al siglo XVI, cuando el descubrimiento de vetas de oro y plata provocó el establecimiento de población dedicada a su explotación.

El actual pueblo nació en 1565 y durante la época novohispana fue conocido como Real de Atotonilco. Después tomó el nombre de Atotonilco el Chico para diferenciarse de Atotonilco el Grande y, con el tiempo, la importancia de sus minas terminó imponiendo el nombre con el que hoy se le conoce: Mineral del Chico.

La minería transformó profundamente la sierra. Se necesitaba madera para apuntalar túneles, levantar instalaciones y alimentar distintas actividades vinculadas con la extracción de minerales. Los bosques se convirtieron así en un recurso indispensable para la economía local.

Paradójicamente, esa explotación contribuyó también a despertar la preocupación por conservarlos.

 

 

Un bosque protegido desde el siglo XIX

Uno de los grandes motivos para visitar El Chico es comprender que no se trata de un parque creado recientemente.

En 1898, durante el gobierno de Porfirio Díaz, el llamado Monte Vedado del Mineral del Chico quedó sujeto a protección forestal. Aquel antecedente colocó a esta montaña entre las primeras zonas del territorio mexicano donde el Estado tomó medidas específicas para frenar el deterioro del bosque.

Décadas más tarde, el territorio recibió nuevas figuras de protección y finalmente, el 6 de julio de 1982, fue decretado oficialmente como Parque Nacional El Chico.

La protección permitió conservar buena parte del paisaje que hoy disfrutan los visitantes. Ese pasado convierte una caminata entre sus árboles en algo más que una actividad recreativa: se recorre un territorio que lleva más de un siglo asociado a la conservación ambiental.

 

El Monte Vedado del Mineral del Chico fue declarado Bosque Nacional en 1898.

 

El bosque de oyamel que parece cambiar con la niebla

Uno de los grandes protagonistas del parque es el oyamel, árbol que encuentra en las condiciones frías y húmedas de la sierra un ambiente favorable.

A su alrededor crecen pinos y encinos que forman extensas zonas de bosque. Cuando la humedad aumenta, el paisaje puede cubrirse rápidamente de neblina y transformar por completo las vistas.

Esa combinación explica buena parte de la fama fotográfica de El Chico. Durante una misma jornada el visitante puede encontrar cielos despejados, nubes bajas, caminos húmedos y claros donde las enormes peñas aparecen entre los árboles.

El bosque cumple además funciones ambientales fundamentales. Favorece la captación de agua de lluvia, la recarga de acuíferos y la estabilidad climática, además de servir como refugio para numerosas especies.

Entre sus habitantes se encuentran zorra gris, cacomixtle, armadillo, tlacuache, coyote, halcones, aguilillas, pájaros carpinteros, salamandras y reptiles.

 

El oyamel domina buena parte del paisaje.

 

Las Ventanas, gigantes de piedra entre los árboles

El paisaje de El Chico no sería el mismo sin sus formaciones rocosas.

La más conocida es Las Ventanas, conjunto de enormes peñas que supera los 3 mil metros de altitud y constituye uno de los puntos más altos del parque.

Sus paredes verticales han convertido la zona en un sitio reconocido para la escalada en roca, rappel y montañismo. Para quienes no practican deportes técnicos, observar las estructuras desde los senderos y zonas cercanas sigue siendo una de las experiencias más impactantes.

Además aparecen formaciones con nombres que forman parte de la identidad de la montaña, como Las Monjas, La Muela, Cueva Blanca y El Capulín.

Las rocas emergiendo entre árboles ayudan a entender por qué El Chico tiene un paisaje tan distinto a otros bosques del centro del país.

 

Las Ventanas, a 3 mil 90 metros, es el punto más alto del parque.

 

Peña del Cuervo: una vista que justifica el viaje

Entre los sitios preferidos por quienes visitan el parque se encuentra la Peña del Cuervo.

Desde este mirador natural es posible contemplar una amplia extensión de la Sierra de Pachuca, los bosques y distintas formaciones rocosas. En días despejados, el paisaje permite dimensionar la enorme cantidad de vegetación que rodea Mineral del Chico.

La experiencia cambia por completo cuando aparece la niebla. Las montañas comienzan a desaparecer por momentos y el bosque adquiere una atmósfera fría y silenciosa.

Para una primera visita, Peña del Cuervo es uno de los lugares que conviene incluir, especialmente si el objetivo es obtener fotografías panorámicas.

 

Peña del Cuervo, un impresionante mirador natural a 2 mil 835 metros de altitud.

 

El Cedral, un respiro entre agua y bosque

Quienes buscan una visita más tranquila pueden dirigirse hacia El Cedral, uno de los parajes más conocidos de la zona.

Su presa rodeada de vegetación permite combinar caminatas cortas, descanso y convivencia familiar. El ambiente resulta especialmente atractivo para quienes viajan con niños o prefieren disfrutar la naturaleza sin realizar recorridos exigentes.

La zona también permite complementar la experiencia con actividades recreativas y posteriormente continuar hacia Mineral del Chico para comer o recorrer el centro del Pueblo Mágico.

 

 

Senderismo, campismo y aventura

El Parque Nacional El Chico puede disfrutarse de muchas formas.

La CONANP reconoce actividades como senderismo, campismo, ciclismo de montaña, escalada en roca y observación de flora y fauna. También existen espacios preparados para recibir visitantes, entre ellos un Centro de Visitantes, áreas de campamento y alojamiento de tipo alpino.

Quien llega únicamente por unas horas puede realizar una caminata, subir a un mirador y recorrer alguna zona recreativa.

Con un fin de semana completo, la experiencia cambia: es posible combinar senderismo, campamento, escalada o recorridos por varias de las peñas y terminar la jornada disfrutando la gastronomía de Mineral del Chico.

 

 

Cuánto cuesta entrar al Parque Nacional El Chico en 2026

El Registro Único de Trámites y Servicios del Gobierno de Hidalgo mantiene actualizadas las tarifas correspondientes al parque.

Para 2026, el acceso general se encuentra publicado en 51 pesos por persona.

La misma plataforma señala 170 pesos para acampar, 510 pesos por refugio, 51 pesos para ciclistas, 25 pesos para visitante acreditado y 64 pesos para eventos deportivos.

El pago se realiza en la taquilla del Centro de Visitantes y el comprobante tiene una vigencia de 24 horas.

Los precios pueden actualizarse, por lo que antes de viajar resulta conveniente verificar nuevamente la tarifa, especialmente cuando se planea acampar, utilizar refugios o realizar actividades especiales.

Cómo llegar desde Puebla

Para quien sale desde Puebla capital, El Chico funciona perfectamente como viaje de fin de semana.

En automóvil, una de las alternativas más prácticas es dirigirse hacia el Arco Norte, continuar rumbo a Pachuca y después incorporarse al Corredor de la Montaña para tomar la desviación hacia Mineral del Chico.

El recorrido puede tomar alrededor de tres horas, dependiendo del tráfico, el punto de salida y la zona del parque que se quiera visitar.

Salir temprano permite llegar durante la mañana, aprovechar buena parte del día en los senderos y todavía disponer de tiempo para recorrer Mineral del Chico.

Cómo llegar desde Ciudad de México

Desde la Ciudad de México, la ruta principal conduce por la autopista México-Pachuca.

Una vez en Pachuca se continúa hacia la carretera federal 105 y posteriormente por las desviaciones hacia Mineral del Chico y el Parque Nacional.

Por su cercanía con la capital del país, este destino se ha convertido en una alternativa muy atractiva para una escapada corta: se puede salir temprano, pasar prácticamente todo el día en la montaña y regresar por la noche, aunque lo recomendable es quedarse al menos una noche.

Cómo llegar desde Pachuca

Desde Pachuca, la distancia hasta Mineral del Chico es corta y el propio traslado forma parte de la experiencia.

La carretera comienza a internarse en la montaña mientras aumenta la vegetación y aparecen curvas entre los bosques.

Existen accesos hacia diferentes puntos turísticos del parque, por lo que conviene definir antes si el objetivo será visitar Las Ventanas, Peña del Cuervo, El Cedral, el Centro de Visitantes o Mineral del Chico.

También es posible utilizar transporte público, taxis o servicios turísticos desde Pachuca, aunque disponer de automóvil facilita desplazarse entre varios atractivos durante el mismo día.

 

 

Qué época es mejor para visitar El Chico

El parque puede visitarse durante todo el año, pero cada temporada ofrece una experiencia distinta.

Los meses húmedos intensifican el verde del bosque, aumentan los escurrimientos y hacen más frecuente la presencia de niebla. Es la temporada perfecta para quienes buscan paisajes de apariencia casi cinematográfica.

Durante periodos secos, los senderos suelen ser más cómodos para caminatas largas y actividades de montaña.

En invierno las temperaturas pueden bajar considerablemente y la propia CONANP recomienda llevar ropa abrigadora, especialmente durante mañanas y noches.

Lo ideal es utilizar calzado con buena adherencia, ropa en capas, impermeable, agua y protección solar. El clima en la montaña puede cambiar con rapidez aunque el día haya comenzado despejado.

Mineral del Chico completa el viaje

Después de recorrer el bosque, vale la pena bajar hacia Mineral del Chico.

Su centro conserva la escala de un antiguo pueblo minero, con calles estrechas, construcciones tradicionales y la Parroquia de la Purísima Concepción, cuya historia se remonta también al periodo colonial.

El pueblo fue reconocido como Pueblo Mágico y funciona como punto natural para descansar después de una jornada de senderismo.

Aquí se encuentran restaurantes, pequeñas tiendas, cabañas y opciones para pasar la noche. También es una oportunidad para mirar la montaña desde otra perspectiva: no como paisaje aislado, sino como parte de una comunidad que nació gracias a sus minerales y aprendió después a vivir también del turismo.

 

Senderos autoguiados para disfrutar de la tranquilidad del bosque.

 

Por qué El Chico debería estar en tu próxima escapada

Hay lugares que se visitan por una sola razón. El Chico reúne varias.

Tiene un pasado minero iniciado en el siglo XVI, uno de los antecedentes de conservación forestal más antiguos del país, grandes bosques de oyamel, peñas para escalar, senderos para caminar, miradores, campamentos y un Pueblo Mágico prácticamente integrado al paisaje.

También ofrece algo cada vez más buscado por quienes viven en ciudades: silencio, aire frío, caminos entre árboles y la posibilidad de pasar varias horas lejos del concreto.

Desde Puebla, Ciudad de México o Pachuca, llegar resulta relativamente sencillo. El viaje puede hacerse en un día, pero una noche entre las montañas permite disfrutarlo con otra calma.

Parque Nacional El Chico demuestra que para encontrar bosques cubiertos de niebla y grandes paredes de roca no hace falta viajar demasiado lejos. A pocas horas de Puebla existe una montaña con siglos de historia que todavía conserva la sensación de haber permanecido apartada del tiempo.

 

 

*BC

Explora Mina San Rafael, el tesoro subterráneo de Mineral de Pozos

En Mineral de Pozos, una antigua mina conserva túneles, tiros y huellas de la búsqueda de metales
Redacción | 10 Septiembre, 2026
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En medio del semidesierto de Guanajuato, Mineral de Pozos guarda bajo tierra una parte de la historia que lo convirtió primero en un poderoso centro minero y después en uno de los llamados pueblos fantasma de México. Entre sus antiguos complejos sobresale la Mina San Rafael, donde todavía es posible internarse por galerías vinculadas con la explotación de oro, plata y cobre.

La experiencia va más allá de observar ruinas desde el exterior. El portal oficial de Turismo de Guanajuato incluye entre las actividades básicas del Pueblo Mágico caminar por los túneles de Mina San Rafael, junto con la visita a los hornos de Santa Brígida y los tiros de Cinco Señores.


Mina


¿Qué hay dentro de Mina San Rafael?

El Servicio Geológico Mexicano (SGM) identifica el sitio con la clave SLP-009 y lo ubica en Mineral de Pozos, municipio de San Luis de la Paz. Su inventario registra un depósito epitermal asociado con oro, plata y cobre, formado en rocas como lutitas, limolitas y areniscas.

El documento técnico señala una profundidad conocida de 44 metros hasta el nivel del agua y describe un tiro vertical construido sobre la llamada Veta Rosario. Cuando especialistas realizaron el levantamiento en 2002, la bocamina ya había sido acondicionada con escalones, cables e iluminación eléctrica para recorridos turísticos.

Años después, la promoción turística oficial de Guanajuato continúa presentando los túneles de San Rafael como parte de la experiencia de visitar Mineral de Pozos, lo que mantiene al antiguo espacio minero como uno de los atractivos más peculiares de la localidad.


Mina


Mineral de Pozos vivió dos grandes épocas de bonanza

La historia de San Rafael forma parte de un territorio cuya riqueza mineral transformó por completo a la región. El Instituto Nacional de Antropología e Historia señala que la zona estuvo habitada originalmente por grupos chichimecas y que los jesuitas llegaron en 1576, cuando el sitio recibió el nombre de Palmar de la Vega.

Mineral de Pozos se consolidó después como uno de los centros mineros destacados desde el Virreinato hasta el Porfiriato. De sus minas se extraían principalmente oro, plata y mercurio, mientras el crecimiento económico dejó templos, haciendas, edificios civiles y obras relacionadas con la explotación del subsuelo.

La magnitud de aquella actividad queda reflejada en otro dato: hacia finales del siglo XIX llegaron a registrarse más de 360 concesiones mineras en Pozos. Con el declive de la explotación quedaron extensas ruinas, tiros y construcciones abandonadas que terminaron por darle fama de pueblo fantasma.


Ese patrimonio llevó a que la población fuera declarada Zona de Monumentos Históricos el 27 de julio de 1982. En 2012, Mineral de Pozos recibió además el nombramiento de Pueblo Mágico, reforzando su transformación de antiguo enclave minero en destino cultural y turístico.

Cómo llegar a Mina San Rafael

La referencia principal para llegar es San Luis de la Paz, Guanajuato. De acuerdo con la ficha del Servicio Geológico Mexicano, desde esa ciudad se toma la carretera estatal hacia Mineral de Pozos, localizado aproximadamente a 8 kilómetros.

Ya en Mineral de Pozos, el registro técnico indica continuar por el camino de terracería que enlaza con la carretera federal 57. Después de aproximadamente un kilómetro, el Tiro San Rafael se localiza a unos 50 metros del camino. Este acceso coloca a la mina muy cerca del propio Pueblo Mágico, por lo que puede integrarse a una visita que incluya el centro histórico y otros antiguos complejos mineros.


Minería


Para quienes llegan desde Querétaro, San Miguel de Allende u otros puntos del Bajío, la referencia práctica es dirigirse hacia San Luis de la Paz y desde ahí tomar la desviación señalada a Mineral de Pozos. En la zona minera conviene seguir los accesos habilitados y realizar la entrada a las galerías mediante los recorridos turísticos disponibles en el destino.

 

 

Un viaje bajo tierra en uno de los pueblos más enigmáticos de Guanajuato

Recorrer Mina San Rafael permite mirar Mineral de Pozos desde una perspectiva diferente: no únicamente desde sus fachadas y edificios abandonados, sino desde los espacios donde durante décadas se buscó la riqueza que sostuvo a toda una población.


Mineral de Pozos

Túneles, vetas y antiguos tiros sobreviven como testigos de esa época. Hoy, el mismo subsuelo que alguna vez fue perforado en busca de metales se ha convertido en una puerta para descubrir la historia minera de Guanajuato y uno de los atractivos que distinguen a Mineral de Pozos de otros Pueblos Mágicos del país

 

*ARD

Entre minas y bosques: así es Mineral del Chico, el tesoro de Hidalgo

Descubre el origen de sus minas, sus miradores y una ruta para escapar desde Puebla
Blanca Castillo | 8 Septiembre, 2026
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Entre montañas cubiertas de oyamel y pino, Mineral del Chico conserva las huellas de un antiguo real de minas que hoy invita a descubrir la naturaleza. Sus calles empedradas, la parroquia de cantera y los techos rojizos conviven con socavones, senderos y enormes peñas. Este Pueblo Mágico de Hidalgo es una escapada ideal desde Puebla para quienes disfrutan la historia, los paisajes y las actividades al aire libre.

Está en la Sierra de Pachuca, dentro del Corredor de la Montaña. Un fin de semana permite conocer el centro, una mina y el parque nacional.

 

Mineral del Chico, Hidalgo.

 

El origen de Mineral del Chico: de Atotonilco a un real de minas

La historia del lugar comenzó antes de la llegada española. Cerca de Carboneras se han encontrado pequeños recipientes arqueológicos conocidos como “vasitos Tláloc”, vestigios de ocupación prehispánica. No obstante, la población actual se formó a partir del descubrimiento de metales preciosos en el siglo XVI.

La fundación se sitúa en 1565, trece años después de los primeros hallazgos mineros de la región de Pachuca. Una referencia colonial recogida por historiadores atribuye el descubrimiento a un hombre africano fugitivo que comunicó la existencia de las vetas y atrajo a otros pobladores.

El primer nombre fue Atotonilco el Chico, por su relación con Atotonilco el Grande. Atotonilco significa “lugar de aguas termales”, aunque esa característica no corresponde al nuevo asentamiento. Cuando sus vetas adquirieron importancia recibió el nombre de Real de Atotonilco el Chico o Real del Chico. Tras la Independencia, en 1824, pasó a llamarse Mineral del Chico. El 16 de enero de 1869 obtuvo categoría municipal.

 

 

La bonanza de la plata y las empresas que transformaron la sierra

Durante su mayor esplendor se registraron alrededor de 300 minas de plata. La extracción impulsó haciendas de beneficio, talleres y caminos, además de atraer trabajadores y empresarios.

En el siglo XIX llegaron inversiones europeas. Mientras los ingleses introducían maquinaria de vapor en el distrito de Pachuca y Real del Monte, en El Chico destacó la Compañía Alemana Americana de Minas, que adquirió propiedades en 1824. Los arroyos de la región permitieron aprovechar la fuerza hidráulica para mover maquinaria y beneficiar minerales.

La explotación de Arévalo adquirió relevancia y posteriormente estuvo vinculada con la familia Mancera. El ingeniero Gabriel Mancera impulsó obras e inversiones; entre los grandes proyectos mineros de la zona destacó el socavón La Aurora, iniciado en 1852 y terminado en 1873. Los archivos de Atotonilco el Chico conservan registros de empresas, trabajadores y procesos industriales.

La parroquia y los símbolos que dejó la prosperidad

El centro histórico es pequeño y agradable para recorrer a pie. La Parroquia de la Purísima Concepción destaca por su fachada de cantera y columnas de inspiración neoclásica. Su primera capilla fue construida en 1569; el templo posterior data de 1725 y fue remodelado en 1819.

La fuente pública fue erigida en 1886 y Gabriel Mancera donó en 1888 el reloj colocado junto a la parroquia. Ambos elementos recuerdan la importancia de los empresarios mineros en la vida local. La fiesta patronal se celebra el 8 de diciembre y durante Semana Santa destaca la tradicional lluvia de pétalos de rosa.

 

El ingeniero Gabriel Mancera donó en 1888 el reloj público instalado junto a la parroquia.

 

Mina San Antonio y La Guadalupe: recorrer el pasado bajo tierra

La Mina San Antonio se encuentra a unos dos kilómetros del centro, en el corredor turístico Río del Milagro. Comenzó a explotarse en 1565 y permaneció en funcionamiento durante más de cuatro siglos. Rehabilitada como atractivo turístico, ofrece recorridos guiados por sus túneles y antiguos niveles de trabajo.

Los visitantes utilizan casco y lámpara mientras conocen las vetas de plata, observan cuarzo y pirita y escuchan historias sobre las herramientas y condiciones de los mineros.

La cercana Mina La Guadalupe también ofrece recorridos por socavones acondicionados. Existen modalidades de aventura que requieren técnicas de escalada y rappel, por lo que deben realizarse con guías y equipo especializado. Las dos minas pertenecen al ejido de El Puente, encargado de su administración turística.

 

La Mina San Antonio, a unos dos kilómetros del centro, en el corredor del Río del Milagro.

 

Parque Nacional El Chico: naturaleza protegida desde 1898

El principal atractivo natural es el Parque Nacional El Chico, cuyo antecedente de protección se remonta a 1898, cuando el gobierno de Porfirio Díaz estableció una reserva forestal para frenar el deterioro de los bosques. El 6 de julio de 1982 recibió la categoría de parque nacional, con aproximadamente 2,739 hectáreas.

Sus bosques de oyamel, pino y encino albergan una importante diversidad de flora y fauna. El área permite practicar senderismo, ciclismo de montaña, observación de aves, escalada y campamento en espacios autorizados.

Mineral del Chico forma parte de la Comarca Minera, reconocida como Geoparque Mundial de la UNESCO en 2017. El reconocimiento vincula la geología con la historia minera y el turismo.

Peña del Cuervo, Las Ventanas y las leyendas de Las Monjas

La Peña del Cuervo es uno de los miradores más fotografiados de Hidalgo. Su plataforma circular ofrece una panorámica de los bosques y montañas, a la que se llega por una escalinata. Es recomendable llevar calzado cómodo y aprovechar las primeras horas del día para contemplar el paisaje.

 

Las Peñas Las Monjas deben su nombre a siluetas que recuerdan a religiosas.

 

Las Ventanas reúne grandes formaciones rocosas y rutas de senderismo y escalada. Las Peñas Las Monjas reciben su nombre por siluetas que recuerdan a figuras religiosas; las leyendas locales hablan de mujeres convertidas en piedra, mientras la geología explica sus formas mediante procesos de erosión.

Para una jornada más tranquila, la Presa El Cedral, en La Estanzuela, ofrece un paisaje rodeado de bosque y servicios que pueden incluir paseos en lancha, pesca deportiva, cabalgatas, alimentos y cabañas.

 

 

 

La Peña del Cuervo es uno de los miradores más fotografiados de Hidalgo.

 

Cómo llegar desde Puebla y cuánto cuesta la entrada

Desde Puebla capital, la ruta habitual en automóvil es tomar el Arco Norte hacia Pachuca y continuar por el Corredor de la Montaña hasta la desviación a Mineral del Chico. El viaje ronda las tres horas, según el tránsito y las condiciones del camino. Desde Pachuca son aproximadamente 29 kilómetros por la ruta escénica, con un recorrido de 40 a 50 minutos.

Desde Ciudad de México se utiliza la autopista México-Pachuca y la conexión al Corredor de la Montaña. En transporte público, desde la CAPU de Puebla se puede viajar a Pachuca y después tomar transporte local hacia Mineral del Chico, con conexión en la zona del Mercado Benito Juárez. Algunos atractivos requieren taxi o vehículo particular.

El centro del pueblo puede recorrerse sin boleto. El registro oficial de Hidalgo, actualizado el 25 de mayo de 2026, publica para el Parque Nacional El Chico un acceso de 51 pesos, campamento de 170 pesos y refugio de 510 pesos. Las fichas turísticas de las minas San Antonio y La Guadalupe señalan 30 pesos por persona, con recorridos de viernes a domingo, de 9:00 a 18:00 horas.

Para la Presa El Cedral, la guía federal de Geoparques de México de 2024 registra una entrada de 25 pesos. Los importes deben confirmarse con cada administración antes de viajar, pues pueden cambiar y las actividades como lancha, rappel, tirolesa o renta de equipo tienen cobros independientes.

 

 

Gastronomía y una escapada de dos días desde Puebla

La cocina local ofrece pastes, barbacoa, enchiladas, quesadillas y trucha. También destacan los hongos de temporada, las preparaciones con flores de madroño y la tachuela, bebida tradicional del pueblo.

El clima de montaña es fresco y puede cambiar rápidamente. Conviene llevar chamarra, impermeable, agua y calzado antiderrapante. Durante las lluvias, la neblina y los senderos resbalosos hacen necesario atender las indicaciones de los guías.

 

La Presa El Cedral, en La Estanzuela, ofrece senderos, áreas de descanso, pesca deportiva.

 

Una ruta de dos días puede comenzar con el centro histórico, la parroquia, una mina y la gastronomía. La segunda jornada puede dedicarse a Peña del Cuervo y Las Ventanas, o a una visita relajada a El Cedral. Una noche en cabaña permite disfrutar la tranquilidad del bosque.

Mineral del Chico conserva el atractivo de un antiguo pueblo de plata y la riqueza de uno de los paisajes protegidos más importantes de Hidalgo. Sus socavones, arquitectura, miradores y bosques ofrecen una combinación de historia, naturaleza y aventura que justifica una escapada desde Puebla.

 

La Presa El Cedral, en La Estanzuela, ofrece senderos, áreas de descanso, pesca deportiva.

 

 

*BC

Santa Brígida: los hornos que guardan cuatro siglos de historia

En Mineral de Pozos, tres chimeneas de piedra revelan un pasado minero y ofrecen una escapada desde Puebla
Redacción | 8 Septiembre, 2026
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El silencio del semidesierto rodea tres chimeneas de piedra que sobresalen entre muros derruidos y vegetación. A primera vista parecen pirámides antiguas, pero su origen está ligado a una actividad que transformó el noreste de Guanajuato: la minería. Son los Hornos Jesuitas de Santa Brígida, uno de los atractivos más emblemáticos de Mineral de Pozos.

El conjunto, construido hacia finales del siglo XVI, formó parte de una hacienda dedicada al procesamiento de minerales. Hoy, sus estructuras monumentales y el paisaje que las rodea atraen a viajeros interesados en la historia, la fotografía y los destinos que conservan las huellas de otras épocas.

Ubicados en el municipio de San Luis de la Paz, Guanajuato, los hornos son una parada ideal para quienes desean descubrir un Pueblo Mágico distinto, lejos de las grandes concentraciones turísticas y rodeado de antiguas minas.


Hornos Jesuitas de Santa Brígida


Tres chimeneas que nacieron para transformar minerales

La historia de la Hacienda de Santa Brígida se remonta hacia 1595, cuando la Compañía de Jesús impulsó la explotación minera en la región del antiguo Palmar de Vega. Las vetas de oro, plata y mercurio dieron origen a instalaciones que permitían procesar el material extraído.

Las tres estructuras piramidales, conocidas como chacuacos, formaban parte de ese sistema industrial. Su función estaba relacionada con el beneficio de minerales mediante procesos que utilizaban calor, especialmente en el trabajo con mercurio.

Aunque su forma despierta comparaciones con construcciones ceremoniales, los hornos fueron instalaciones de trabajo minero. Su arquitectura responde a las necesidades de producción de una época en la que la riqueza del subsuelo impulsaba el crecimiento de haciendas y poblaciones enteras.


Hornos Jesuitas de Santa Brígida


De la bonanza jesuita al esplendor del Porfiriato

Durante la Colonia, los jesuitas desarrollaron actividades agrícolas, ganaderas y mineras en esta zona de Guanajuato. Santa Brígida fue uno de los complejos vinculados con esa organización económica y territorial.

La expulsión de la Compañía de Jesús de la Nueva España, en 1767, marcó una interrupción importante en las explotaciones de Pozos. A lo largo del siglo XIX, la minería atravesó nuevas etapas de actividad y recibió inversiones que prepararon el camino para una gran bonanza.

El periodo de mayor crecimiento llegó durante el Porfiriato. Las compañías mineras atrajeron trabajadores, capital e infraestructura, mientras el ferrocarril y la electricidad modificaban la vida cotidiana. En 1897, el pueblo fue nombrado Ciudad Porfirio Díaz, una señal de la relevancia económica que había alcanzado.


Hornos Jesuitas de Santa Brígida


Con el paso del tiempo, la actividad minera decayó y numerosas construcciones quedaron abandonadas. Las calles, casonas y haciendas vacías dieron a Mineral de Pozos su conocida fama de pueblo fantasma.

Qué ver en la Hacienda de Santa Brígida

Los tres hornos son el principal atractivo del complejo, pero el recorrido también permite observar restos de patios, muros, antiguas instalaciones de procesamiento y el llamado Casco-Castillo.

Otro de los espacios conocidos son los Arcos Mágicos del Sol y la Luna, cuyas estructuras forman parte del paisaje histórico de la hacienda. Los relatos turísticos que rodean estos arcos añaden un elemento de curiosidad, mientras su arquitectura permite apreciar la dimensión del antiguo complejo minero.

El entorno es especialmente atractivo para la fotografía: la piedra clara contrasta con el cielo, los mezquites y los terrenos del semidesierto. Durante el día, la luz resalta las formas de las chimeneas y los detalles de los muros que todavía permanecen en pie.


Hornos Jesuitas de Santa Brígida


Un recorrido guiado permite conocer la función de los distintos espacios y comprender mejor las etapas de explotación que dieron forma al lugar.

Cómo llegar a Santa Brígida desde Puebla

La visita puede organizarse como una escapada de fin de semana desde Puebla capital. El trayecto en automóvil hacia Mineral de Pozos ronda los 400 kilómetros, con un tiempo aproximado de cinco a seis horas de conducción, dependiendo del tránsito, la ruta elegida y las paradas.

Para llegar, se puede salir por la autopista México-Puebla y conectar con el Arco Norte, que permite incorporarse a la autopista México-Querétaro. Desde Querétaro, el viaje continúa por la carretera federal 57 en dirección a San Luis Potosí, para después tomar el enlace hacia San Luis de la Paz y Mineral de Pozos.

 


El último tramo se realiza por la carretera estatal que conduce al Pueblo Mágico. Desde el centro de Mineral de Pozos, los hornos se encuentran aproximadamente a tres kilómetros, por un camino de terracería que lleva a la antigua Hacienda de Santa Brígida.

La ruta desde Querétaro y Ciudad de México

Desde Querétaro, el recorrido hacia Mineral de Pozos suele tomar alrededor de una hora y media. La ruta utiliza la carretera 57 y las conexiones estatales hacia San Luis de la Paz y el Pueblo Mágico.

Desde Ciudad de México, el viaje se realiza principalmente por la autopista México-Querétaro y la carretera 57. La distancia ronda los 300 kilómetros y el tiempo de conducción puede ser de aproximadamente cuatro horas, según las condiciones del trayecto.


Hornos Jesuitas de Santa Brígida


Opciones para viajar en autobús

Quienes prefieren el transporte público pueden viajar desde Puebla hacia Querétaro y continuar con un enlace a San Luis de la Paz. Desde esa cabecera municipal es posible trasladarse a Mineral de Pozos mediante transporte local.

Para llegar específicamente a Santa Brígida, una alternativa práctica es contratar un taxi o un recorrido turístico desde el centro del pueblo, debido a que la hacienda se encuentra fuera de la zona urbana y el acceso final es de terracería.

Un Pueblo Mágico que encontró una nueva vida entre sus ruinas

Mineral de Pozos conserva calles empedradas, edificios antiguos, talleres artesanales y galerías que permiten prolongar la visita después de recorrer Santa Brígida. Su historia minera está presente en distintos puntos del pueblo, donde las construcciones recuerdan el esplendor y el posterior abandono de la región.


Hornos Jesuitas de Santa Brígida


El 27 de julio de 1982, Pozos recibió una declaratoria federal como Zona de Monumentos Históricos. En 2012 fue incorporado al programa Pueblos Mágicos, lo que fortaleció su proyección como destino de turismo cultural.

La recuperación del interés por sus ruinas también ha impulsado investigaciones sobre la conservación del patrimonio minero. La antigua Hacienda de Santa Brígida representa uno de los ejemplos más visibles de ese legado industrial que hoy forma parte de la identidad del destino.

Consejos para disfrutar la visita

Para recorrer Santa Brígida conviene llevar calzado cerrado, agua y protección solar. El terreno presenta piedras, desniveles y estructuras antiguas, por lo que es importante seguir los caminos habilitados y evitar ingresar a zonas restringidas.


Hornos Jesuitas de Santa Brígida


La visita resulta especialmente atractiva para quienes disfrutan caminar entre vestigios históricos y tomar fotografías. Dedicar un día completo al Pueblo Mágico permite combinar el recorrido por la hacienda con la gastronomía, las galerías y el ambiente tranquilo de Mineral de Pozos.

Los Hornos de Santa Brígida ya no transforman minerales, pero conservan otra función: mantener visible la historia de un pueblo que pasó de la bonanza al abandono y que hoy recibe a nuevos visitantes gracias a su patrimonio.

 

*ARD

Hacienda de Jalpa: el regalo de Porfirio Díaz que marcó su historia

La antigua finca conserva salones, muebles y el legado de una familia que transformó el Bajío
Redacción | 7 Septiembre, 2026
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Un regalo de bodas convirtió a una hacienda de Guanajuato en protagonista de una historia que todavía despierta curiosidad. En 1900, Porfirio Díaz concedió 30 años de electricidad gratuita a Guadalupe Cánovas y Óscar Braniff, propietarios de una de las fincas agrícolas más importantes del Bajío. Más de un siglo después, la Hacienda de Jalpa conserva los espacios donde transcurrió aquella etapa de esplendor.

El antiguo casco, ubicado en Jalpa de Cánovas, municipio de Purísima del Rincón, alberga el Museo Casa Cánovas. Sus habitaciones, comedor, cocina y objetos familiares permiten recorrer una historia que comenzó en el siglo XVI y que hoy forma parte de uno de los Pueblos Mágicos más atractivos de Guanajuato.

El regalo de bodas que llevó electricidad a la hacienda

La historia más conocida de Jalpa está ligada al matrimonio de Guadalupe Cánovas y Óscar Braniff, celebrado en 1900. Las fuentes históricas de la Secretaría de Turismo de Guanajuato señalan que Porfirio Díaz fue padrino de la pareja y les obsequió 30 años de servicio eléctrico gratuito.


 Hacienda de Jalpa


El regalo convirtió a la finca en una de las pioneras en el aprovechamiento de la electricidad en Guanajuato. La modernización también alcanzó sus actividades agrícolas, que dependían de una extensa infraestructura de riego, maquinaria y sistemas de almacenamiento.

Entre los objetos que conserva el museo destaca un tocador de bodas atribuido a un obsequio personal del presidente a Guadalupe Cánovas. La pieza forma parte del mobiliario que permite conocer la vida privada de la familia durante el auge porfiriano.

De una merced de tierras a una finca de 32 mil hectáreas

Los orígenes de la Hacienda de Jalpa se remontan a 1542, cuando Juan de Villaseñor y Orozco recibió tierras de la Corona española para la cría de ganado. Durante los siglos XVII y XVIII, la propiedad cambió de manos a través de herencias, deudas y operaciones entre propietarios.

A mediados del siglo XIX, Manuel Cánovas adquirió la hacienda y consolidó su crecimiento. Su hija Guadalupe heredó posteriormente la propiedad, que llegó a tener alrededor de 32 mil hectáreas hacia finales de aquella centuria.


Turismo en Guanajuato


Con Óscar Braniff, la finca alcanzó una etapa de modernización agrícola. La producción de cereales, los cultivos de nogal y membrillo y las obras hidráulicas hicieron de Jalpa una propiedad relevante dentro de la economía del Bajío. Sus instalaciones incluían trojes, bodegas, molino, áreas de trabajo y una tienda de raya, elementos que reflejan la organización de las grandes haciendas de la época.

La Revolución Mexicana transformó el destino de la propiedad. Gran parte de sus tierras fue expropiada o fraccionada, mientras que el casco y la casa grande permanecieron vinculados a los herederos de la familia.

Casa Cánovas: las habitaciones que conservan la vida de otra época

El recorrido por el Museo Casa Cánovas permite entrar a espacios que conservan mobiliario y objetos de distintas generaciones. El recinto abrió en 2013, después de que una sociedad de inversionistas adquiriera el inmueble en 2010 y adaptara parte de la antigua residencia para fines turísticos.


 Hacienda de Jalpa


En las recámaras sobresalen los techos altos, las camas de latón, los roperos de madera y los aguamaniles antiguos. El comedor conserva vajilla y mobiliario que recuerdan las reuniones familiares y los banquetes celebrados en la casa grande.

La cocina muestra hornillas de leña y utensilios relacionados con la preparación de alimentos. Los retratos familiares, pinturas y objetos decorativos completan una colección que permite observar los gustos, costumbres y formas de vida de los antiguos propietarios.

Una de las piezas documentales más interesantes es un mapa original de 1875, elaborado por el ingeniero austriaco Ferdinand von Rosenzweig, que muestra la extensión de la hacienda. El museo también conserva herramientas agrícolas e instrumentos vinculados con las actividades productivas de la finca.

En los alrededores del casco permanecen vestigios de las antiguas trojes, bodegas, silos de piedra, el acueducto y la tienda de raya. Estos espacios ayudan a comprender que Jalpa fue una unidad económica y social de grandes dimensiones, además de una residencia señorial.


 Hacienda de Jalpa


Las presas que hicieron prosperar a Jalpa

El agua fue decisiva para el desarrollo de la hacienda. Durante los siglos XVII y XVIII, distintos propietarios impulsaron obras para enfrentar las sequías y asegurar el abastecimiento destinado al ganado y los cultivos.

La Presa Vieja, también conocida como Santa Eduviges, fue construida en el siglo XVIII por Pedro Monterde. La Presa Nueva o Santa Efigenia, de mayores dimensiones, comenzó a levantarse a finales del siglo XIX y formó parte de la expansión de la infraestructura hidráulica.

Hoy, estos cuerpos de agua conservan su valor histórico y paisajístico. La visita permite apreciar cómo las presas, los canales y las tierras de cultivo dieron forma al entorno de Jalpa, donde los nogales y las huertas de membrillo siguen siendo parte de la identidad local.


 Hacienda de Jalpa


El templo neogótico que completa el paisaje del Pueblo Mágico

A unos pasos del ambiente histórico de la hacienda destaca la Parroquia del Señor de la Misericordia, uno de los edificios más representativos de Jalpa de Cánovas. Su construcción comenzó en 1885 y el templo celebró su primera misa en 1908.

El proyecto está relacionado con el arquitecto británico Luis Long, cuya obra dejó una huella importante en Guanajuato. La fachada de ladrillo rojo, la elevada torre y los elementos neogóticos distinguen al recinto dentro del paisaje del pueblo.

En el interior sobresalen los vitrales, murales, figuras de los evangelistas y el altar. La imagen del Señor de la Misericordia fue colocada en 1925, y el templo continúa siendo un espacio central para las celebraciones religiosas de la comunidad.

Jalpa de Cánovas, reconocido entre los mejores pueblos turísticos

Jalpa de Cánovas recibió el nombramiento de Pueblo Mágico en 2012. Su patrimonio arquitectónico, las tradiciones agrícolas y la participación de sus habitantes han fortalecido su vocación como destino de turismo cultural y rural.


 Hacienda de Jalpa


El 19 de octubre de 2023, la Organización Mundial del Turismo, hoy ONU Turismo, lo incluyó en la lista Best Tourism Villages 2023. El reconocimiento distingue a comunidades que preservan sus recursos culturales y naturales y promueven el desarrollo turístico sostenible.

La iniciativa comunitaria Vive Jalpa reúne a prestadores de servicios para ofrecer experiencias que integran gastronomía, recorridos, talleres y visitas a espacios históricos. La propuesta permite que el turismo se vincule con los productores y negocios del propio pueblo.

Nuez, membrillo y los sabores tradicionales de Jalpa

La gastronomía conserva una relación estrecha con el pasado agrícola de la región. Los nogales y las huertas de membrillo han dado origen a dulces, conservas, licores y preparaciones que forman parte de la identidad de Jalpa.

Entre los platillos tradicionales destacan el mole de nuez, el caldo de zorra y las enchiladas de cecina. También se elaboran cajetas, mermeladas y otros productos derivados de la nuez y el membrillo, que pueden encontrarse en establecimientos de la comunidad.

El centro del Pueblo Mágico ofrece otros espacios para conocer su historia, como el Museo Luis Cabrera, que resguarda documentos, fotografías, planos y objetos relacionados con el desarrollo de Jalpa. La plaza principal, el templo y las antiguas construcciones permiten completar una visita dedicada al patrimonio local.

Dónde está y cuánto cuesta visitar la Hacienda de Jalpa

El Museo Casa Cánovas se encuentra en la calle Los Nogales, sin número, en el centro de Jalpa de Cánovas, municipio de Purísima del Rincón, Guanajuato. Desde León, el trayecto por carretera es de aproximadamente una hora, según la ruta y las condiciones de tránsito.

El Sistema de Información Cultural de la Secretaría de Cultura, en su registro actualizado el 27 de julio de 2026, señala visitas guiadas los sábados y domingos de 10:00 a 12:00 horas. También registra recorridos nocturnos los sábados a las 19:00 horas, mediante reservación.

 


La tarifa de referencia es de 120 pesos para adultos y 60 pesos para niños. El registro contempla descuentos para adultos mayores, estudiantes y maestros con credencial, así como una tarifa de 250 pesos para el recorrido nocturno.

Para organizar la visita y consultar disponibilidad, el museo proporciona el teléfono 477 724 0220. La información turística municipal puede solicitarse al 476 706 9663.

La Hacienda de Jalpa reúne casi cinco siglos de historia en un mismo destino. Su casa grande, las obras de riego, el templo y las tradiciones de la comunidad muestran cómo una antigua finca agrícola se transformó en un espacio de memoria y turismo que conserva su identidad.



 

*ARD

Zona Arqueológica de Tula: descubre los Atlantes y el legado de la capital tolteca

Historia, Atlantes, hallazgos, costos y rutas para descubrir la antigua capital tolteca desde Puebla
Redacción | 7 Septiembre, 2026
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Cuatro guerreros de piedra se levantan sobre una pirámide y dominan el paisaje del Valle del Mezquital. Son los Atlantes de Tula, el símbolo más conocido de una ciudad que influyó en distintas regiones de Mesoamérica.

La Zona Arqueológica de Tula, Hidalgo, permite conocer el origen de los toltecas, caminar entre edificios ceremoniales y descubrir la vida de la antigua Tollan-Xicocotitlan. Desde Puebla, es una escapada ideal para un día completo.

El origen de Tollan-Xicocotitlan y el poder de los toltecas

Tula procede del náhuatl y significa “lugar de tules o juncos”. Tollan también llegó a utilizarse como sinónimo de ciudad importante o metrópoli.

Su desarrollo comenzó durante la transformación del Altiplano Central posterior al declive de Teotihuacan. A mediados del siglo VII surgió Tula Chico, un primer núcleo urbano de aproximadamente tres kilómetros cuadrados junto al río Tula, donde aparecieron manifestaciones tempranas del culto a Quetzalcóatl y su relación con Venus.

Durante el Posclásico Temprano, el centro político se trasladó a Tula Grande. La fase de mayor esplendor se sitúa principalmente entre 900 y 1150 d. C. Hacia el año 1000, la ciudad pudo alcanzar cerca de 16 kilómetros cuadrados y convertirse en uno de los centros urbanos más importantes de Mesoamérica.

El río favoreció la agricultura y los recursos como la obsidiana impulsaron los talleres. Las rutas comerciales conectaron a Tula con otros territorios, incluido el norte, de donde procedía turquesa.

 

 

Quetzalcóatl, los mexicas y la fama de Tula

La importancia de Tollan sobrevivió a su poder político. Los mexicas conservaron relatos que presentaban a los toltecas como maestros de artes, conocimientos y formas de gobierno, y utilizaron ese pasado como referente de prestigio.

La tradición de Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl narra la vida de un gobernante-sacerdote, sus conflictos y su partida. Estos relatos reúnen historia y mito: la arqueología estudia la ciudad material, mientras las fuentes indígenas muestran cómo los pueblos posteriores interpretaron su legado.

Las semejanzas entre Tula y Chichén Itzá, en Yucatán, también han despertado el interés de generaciones de investigadores. Columnas, guerreros y serpientes emplumadas revelan conexiones culturales de gran alcance. Hoy se estudian mediante el intercambio, la movilidad y las tradiciones políticas, más allá de las antiguas explicaciones basadas exclusivamente en una conquista.

Los Atlantes: guerreros que sostenían un templo

Los cuatro Atlantes de Tula se encuentran sobre la Pirámide B, dedicada a Tlahuizcalpantecuhtli, manifestación de Quetzalcóatl vinculada con Venus como estrella de la mañana. Cada escultura mide aproximadamente 4.60 metros y pesa 8.5 toneladas.

Talladas en basalto, estas figuras funcionaban como columnas que sostenían parte de la techumbre del templo. Sus tocados, pectorales en forma de mariposa, lanzadardos o átlatl, flechas y cuchillos de obsidiana forman parte de una elaborada representación guerrera.

Desde la plaza se aprecia la escala del conjunto y se puede imaginar el santuario que alguna vez coronó la pirámide. Respeta los senderos y las zonas autorizadas por el INAH.

 

Los cuatro Atlantes de Tula

 

Palacio Quemado, Muro de las Serpientes y juegos de pelota

El Palacio Quemado conserva salas, patios y bases de columnas que permiten imaginar los espacios políticos y ceremoniales de la élite. Su nombre se debe al carbón y los restos de techumbres quemadas encontrados por el arqueólogo Jorge R. Acosta. Las banquetas decoradas y sus relieves muestran procesiones de personajes vinculados con el poder y la religión.

El Coatepantli o Muro de las Serpientes es otra parada indispensable. Sus relieves representan serpientes relacionadas con figuras humanas y motivos rituales. Los restos de pigmento recuerdan que los edificios prehispánicos también estuvieron decorados con color.

La Plaza Central, la Pirámide C, el adoratorio, el Tzompantli y los juegos de pelota completan la experiencia. Las canchas tenían funciones ceremoniales y políticas.

 

Muro de las Serpientes.

 

De Jorge R. Acosta a los descubrimientos de 2026

En 1940, Jorge R. Acosta inició las grandes exploraciones modernas de Tula por encargo del INAH. Sus investigaciones recuperaron esculturas, estudiaron edificios y establecieron una de las primeras secuencias culturales de la ciudad. Los Atlantes fueron hallados entonces y restituidos posteriormente sobre la Pirámide B.

La investigación continúa fuera del recinto monumental. En 2023, un salvamento en la colonia El Salitre identificó una unidad residencial tolteca junto a una antigua ciénega, con ocupaciones posteriores mexicas y coloniales tempranas. El hallazgo permitió estudiar la vida cotidiana más allá de los templos.

El 24 de marzo de 2026, el INAH anunció el descubrimiento de un altar con ofrendas de la fase Tollan, durante el salvamento relacionado con el Tren de Pasajeros Ciudad de México-Querétaro. El 18 de mayo se difundieron hallazgos de más de una decena de enterramientos en el sitio Ignacio Zaragoza, correspondientes principalmente a una ocupación teotihuacana de aproximadamente 225 a 550-600 d. C.

El 29 de junio de 2026, otro salvamento en la colonia 16 de Enero reveló una estructura de élite y dos lápidas decoradas: una con un felino y otra con Tlahuizcalpantecuhtli. Los especialistas recuperaron además restos óseos de seis infantes y diversos objetos. La iconografía relaciona los relieves con la Pirámide B y aporta información sobre los símbolos de poder utilizados en la periferia de la ciudad.

Museo Jorge R. Acosta: conoce la vida detrás de los monumentos

El Museo de Sitio Jorge R. Acosta complementa el recorrido con cerámica, esculturas, objetos de piedra y materiales que explican el origen, desarrollo y decadencia de Tollan. Sus salas permiten acercarse a la vida de sus habitantes.

Reabierto en octubre de 2023, su acceso está incluido en el boleto de la zona arqueológica.

 

Museo Jorge R. Acosta.

 

 

 

Horarios y precios de la Zona Arqueológica de Tula en 2026

El catálogo vigente del INAH establece un horario de lunes a domingo, de 9:00 a 18:00 horas, con último acceso a las 16:30 horas. La entrada cuesta 105 pesos para visitantes nacionales y 210 pesos para extranjeros. Los extranjeros residentes en México pueden acceder a la tarifa correspondiente con documentación que acredite su residencia.

Los domingos hay entrada gratuita para mexicanos y extranjeros residentes que acrediten su condición. También existen exenciones para menores de 13 años, estudiantes, profesores y adultos mayores, conforme a los requisitos del INAH.

El sitio cuenta con estacionamiento, sanitarios, información y visitas guiadas. Dedica entre dos y tres horas al recorrido y lleva agua, sombrero, protector solar y calzado cómodo.

 

 

Cómo llegar a Tula desde Puebla y Ciudad de México

En automóvil desde Puebla, una ruta práctica es tomar la autopista México-Puebla y conectar con el Arco Norte hacia Tula de Allende. La distancia ronda los 190 kilómetros y conviene calcular entre dos horas y media y tres horas, según el tránsito y el punto de salida. Considera los peajes y utiliza navegación actualizada.

En autobús desde Puebla, consulta en la CAPU la disponibilidad de corridas hacia Tula de Allende. Otra alternativa es viajar a la Terminal Central del Norte de Ciudad de México y transbordar a un servicio con destino a Tula. Revisa horarios, tarifas y conexiones de regreso antes de comprar, pues varían según el operador y la fecha.

Desde Ciudad de México, toma la carretera federal 57 rumbo a Querétaro y, aproximadamente en el kilómetro 77, la desviación hacia Tula de Allende. También hay servicios desde la Terminal Central del Norte. Una vez en el centro de Tula, puedes utilizar taxi o transporte colectivo con dirección a Actopan, Iturbe o Santa Ana.

La dirección oficial es Carretera Tula-Tlahuelilpan, kilómetro 2, colonia 16 de Enero, segunda ampliación, El Tesoro, Tula de Allende, Hidalgo.

 

 

Qué hacer en Tula de Allende después de visitar los Atlantes

El centro de Tula de Allende merece una visita después de la zona arqueológica. La Catedral de San José conserva la historia de un conjunto franciscano fundado en 1543 y construido durante el siglo XVI. Su atrio, muros almenados y elementos góticos y platerescos permiten descubrir otra etapa del pasado regional.

La Plaza de las Artesanías y la Sala Histórica Quetzalcóatl ofrecen alternativas para continuar el paseo. Para comer, busca la barbacoa de borrego cocida en horno de hoyo, acompañada de consomé, o prueba las especialidades regionales. Los chinicuiles y escamoles forman parte de la gastronomía local de temporada.

Los Atlantes son la puerta de entrada a una capital cuyo poder, arte y descubrimientos continúan formando parte de la historia de México.

 

Barbacoa de borrego cocida en horno de hoyo.

 

 

*BC

El cráter blanco de Guanajuato: túnel, lago perdido y paisaje lunar

Un túnel de 400 metros lleva a un antiguo lago volcánico convertido en una planicie blanca
Redacción | 2 Septiembre, 2026
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Hay un punto en Valle de Santiago, Guanajuato, donde el camino desaparece dentro de la montaña. Después de avanzar aproximadamente 400 metros por un túnel, la oscuridad termina y aparece una enorme planicie blanquecina rodeada por las paredes de un antiguo volcán.

Es el Rincón de Parangueo, uno de los paisajes más singulares de la Región Volcánica Siete Luminarias. A primera vista parece un desierto cubierto de nieve, pero el color blanco procede de los sedimentos y sales acumulados en lo que durante décadas fue el fondo de un lago.

Detrás de esa imagen hay una historia de aproximadamente 400 mil años, un lago que perdió prácticamente toda su agua y un fenómeno de hundimiento que continúa deformando parte de su superficie.


Rincón de Parangueo


Rincón de Parangueo nació de una explosión volcánica

Aunque su forma circular puede recordar el impacto de un meteorito, su origen es completamente distinto.

Rincón de Parangueo es un maar, un cráter generado por explosiones freatomagmáticas: magma ascendente entró en contacto con agua subterránea y la presión resultante abrió la depresión.

Estudios geológicos lo ubican dentro del campo volcánico Michoacán-Guanajuato y las dataciones disponibles estiman su edad en alrededor de 400 mil años. El cráter se encuentra unos seis kilómetros al noroeste de la ciudad de Valle de Santiago.


Túnel para llegar


El paisaje blanco antes estaba cubierto por un lago

Lo sorprendente es que la imagen que hoy atrae a los visitantes es relativamente reciente.

Rincón de Parangueo mantuvo un lago permanente hasta la década de 1980. Los estudios científicos documentan que la desecación estuvo relacionada con la sobreexplotación del acuífero Salamanca-Valle de Santiago.

Al retirarse el agua quedaron expuestos antiguos sedimentos lacustres cargados de evaporitas. Entre los minerales encontrados aparecen trona, termonatrita, eitelita, halita y silvita, responsables en buena medida de ese aspecto blanco que hace parecer al fondo del cráter un paisaje de otro planeta.


Rincón de Parangueo


El fondo no solamente se secó: también comenzó a deformarse

La transformación de Rincón de Parangueo no terminó con la desaparición del lago.

Los científicos han documentado en el fondo fracturas, hundimientos y movimientos de sedimentos. Uno de los rasgos más evidentes es un escarpe de aproximadamente 10 a 12 metros de altura, formado por un sistema de fallas alrededor de la antigua zona profunda del lago.

En algunas estructuras estudiadas se estimaron desplazamientos cercanos a 50 centímetros por año, frente a unos seis centímetros en otras fallas del acuífero regional. La cifra no significa que todo el cráter descienda medio metro anualmente: corresponde a fallas específicas analizadas dentro de la cuenca.

Entre las posibles causas se encuentran la disolución de sales, compactación de los sedimentos y subsidencia asociada al sistema geológico local.


Túnel para llegar


Un túnel de 400 metros es la puerta al cráter

La entrada forma parte de la experiencia.

Para alcanzar el interior hay que atravesar un túnel de aproximadamente 400 metros. El sitio turístico oficial de Guanajuato señala que algunos tramos obligan incluso a avanzar agachado y que, al terminar el recorrido, el contraste de luz revela de golpe la superficie blanca del cráter.

El Gobierno de Guanajuato identifica este paso como un túnel de barreno construido durante el Porfiriato.

Además, el acceso volvió a abrirse al turismo en julio de 2026, luego de aproximadamente dos meses de trabajos de saneamiento por filtraciones de agua dentro del túnel. Las labores incluyeron limpieza, desazolve y clausura de una antigua fosa séptica situada sobre el paso.


Rincón de Parangueo


Cómo llegar al Rincón de Parangueo

La referencia principal es la ciudad de Valle de Santiago, al sur de Guanajuato.

Desde la cabecera municipal se toma la carretera rumbo a Guarapo. Aproximadamente a la altura del kilómetro 5 aparece la desviación hacia la comunidad de Rincón de Parangueo; desde ahí los señalamientos conducen hacia la zona del túnel.

La zona carretera también recibió trabajos de conservación durante 2026. El Gobierno de Guanajuato informó sobre mantenimiento en cinco kilómetros de vialidad que beneficia, entre otras comunidades, a Rincón de Parangueo, Guarapo y San Nicolás Parangueo.

 


Para navegación digital conviene buscar directamente “Cráter Rincón de Parangueo” y utilizar Valle de Santiago como punto de llegada inicial. Debido a que el acceso depende de las condiciones del túnel y del clima, especialmente en temporada de lluvias, es recomendable confirmar que se encuentre abierto antes de desplazarse.

Es parte de las Siete Luminarias de Guanajuato

Rincón de Parangueo forma parte del Área Natural Protegida Región Volcánica Siete Luminarias, decretada Monumento Natural el 21 de noviembre de 1997.

La región protegida abarca 8 mil 928 hectáreas y conserva un conjunto de cráteres y volcanes inactivos de Valle de Santiago, además de patrimonio natural y cultural.

El paisaje actual de Rincón de Parangueo resume miles de años de actividad geológica y apenas unas décadas de transformación ambiental: donde ahora el visitante camina sobre una planicie blanca y salitrosa, antes existía un lago permanente.


Rincón de Parangueo


Y para contemplarlo hay que superar primero su particular entrada: 400 metros de oscuridad antes de encontrarse de frente con uno de los paisajes volcánicos más extraños de México.



 

*ARD

De ejido a paraíso termal: así nació el fenómeno turístico de Tolantongo

Entre grutas, pozas y un río turquesa, Tolantongo conserva una historia comunitaria que sorprende
Redacción | 2 Septiembre, 2026
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Hay destinos que impresionan desde la primera fotografía y otros cuya historia termina por hacerlos todavía más interesantes. Las Grutas de Tolantongo, en Cardonal, Hidalgo, pertenecen a ambas categorías: una barranca profunda, un río de tonalidades turquesa, agua templada que brota de la montaña y decenas de pozas termales construidas frente a un paisaje que parece alejado por completo del centro de México.

Tolantongo se encuentra dentro del Valle del Mezquital, una región caracterizada por terrenos secos, magueyes, montañas y comunidades que durante generaciones aprendieron a vivir en condiciones difíciles. En medio de ese paisaje semidesértico, la presencia permanente de agua caliente crea un contraste extraordinario.

 

Agua templada brota de la montaña y alimenta grutas, túneles, cascadas y un río turquesa.

 

Pero el lugar no nació como un enorme balneario ni fue descubierto por una empresa turística. Su historia está ligada al ejido de San Cristóbal, a la lucha por la tierra y al esfuerzo de habitantes que comenzaron ofreciendo caballos y alimentos a los primeros visitantes hasta transformar la barranca en uno de los destinos turísticos más famosos de Hidalgo.

 

 

Tolantongo ya maravillaba a científicos hace más de un siglo

Aunque actualmente las Grutas de Tolantongo aparecen constantemente en redes sociales y guías de viaje, el interés por este lugar comenzó mucho antes del auge del turismo moderno.

En 1910, el naturalista mexicano Manuel María Villada realizó una exploración científica de la zona. Durante su recorrido estudió la geología de la barranca, las formaciones rocosas, la vegetación y el comportamiento del agua que surgía desde el interior de la montaña.

El investigador quedó sorprendido por las condiciones naturales del sitio y llegó a imaginar que aquellas aguas podían convertirse en un espacio de aprovechamiento recreativo y terapéutico.

Su visita es importante porque demuestra que Tolantongo era conocido y estudiado décadas antes de convertirse en el complejo turístico que hoy recibe visitantes de México y del extranjero.

Durante los años siguientes continuaron las exploraciones y estudios sobre la zona. La barranca de Tolantongo resultaba especialmente atractiva para científicos porque reunía ambientes muy diferentes: desde partes altas áridas hasta áreas húmedas alimentadas por manantiales.

 

 

El origen de Tolantongo está relacionado con una lucha por la tierra

La historia que explica el desarrollo actual del destino comienza en las primeras décadas del siglo XX.

La población de San Cristóbal estaba formada en buena medida por trabajadores vinculados con terrenos de la antigua hacienda Santa Rosa La Florida. En 1930 sus habitantes solicitaron formalmente tierras y, después del proceso agrario, en 1934 recibieron una dotación de aproximadamente mil 490 hectáreas.

Dentro de aquellas tierras estaba incluida la barranca de Tolantongo.

Ese momento resultó decisivo. Las grutas y las aguas termales quedaron ligadas a un ejido cuyos habitantes dependían principalmente de actividades agrícolas en terrenos poco productivos.

Las familias buscaron diferentes alternativas económicas. Hubo comercio de productos de la región, aprovechamiento de recursos y distintas actividades complementarias, pero con el paso de los años comenzó a surgir una posibilidad que cambiaría a la comunidad: el turismo.

Antes de hoteles y pozas, los visitantes bajaban en caballo o mula

Durante la década de 1960 empezaron a llegar viajeros atraídos por las aguas calientes y la enorme gruta.

La experiencia era muy diferente a la actual. No existían carreteras modernas, hoteles ni grandes áreas recreativas. Para llegar al fondo de la barranca era común recurrir a caballos, mulas o burros que los propios habitantes rentaban a los visitantes.

Después comenzaron a ofrecer comida y espacios donde las personas podían permanecer o acampar.

Aquellos primeros ingresos se utilizaron para mejorar paulatinamente el lugar. Aparecieron escaleras, andadores, regaderas, vestidores y accesos provisionales.

La comunidad comprendió que la barranca podía convertirse en una fuente de trabajo sin entregar el control del territorio a inversionistas externos.

A partir de 1972, los ejidatarios comenzaron a organizarse de manera más formal y en 1975 concluyó un camino de terracería que facilitó la llegada de visitantes.

El turismo creció rápidamente.

 

 

Una cooperativa convirtió la barranca en un proyecto comunitario

Uno de los aspectos que hacen diferente a Tolantongo frente a otros complejos turísticos de México es su modelo de administración.

El desarrollo del lugar fue impulsado por los propios ejidatarios de San Cristóbal. Con el aumento de visitantes, se organizaron para distribuir responsabilidades, administrar recursos y reinvertir los ingresos en infraestructura.

En los años siguientes surgieron nuevas áreas recreativas, restaurantes, hoteles, caminos internos y servicios.

La Sociedad Cooperativa Ejidal Grutas Tolantongo terminó consolidando la administración comunitaria del sitio y obtuvo reconocimiento formal en 1998.

El resultado es visible actualmente: donde antes había un acceso complicado al fondo del barranco hoy existen alojamientos, restaurantes, zonas de campamento, transporte interno y distintos atractivos alrededor de las aguas termales.

Por eso, visitar Tolantongo también significa conocer uno de los ejemplos más interesantes de turismo comunitario y ejidal de México.

 

 

¿Qué significa Tolantongo?

El nombre ha despertado distintas interpretaciones.

Documentos históricos registran variantes como Tonantongo, Tonaltongo, Tolaltongo y Tolantongo, lo que hace difícil establecer una explicación única.

Una de las interpretaciones más difundidas relaciona el nombre con vocablos de origen náhuatl vinculados al calor, por lo que suele traducirse como un lugar “donde se siente calorcito”.

La descripción parece hecha para el sitio: aun cuando el clima de las montañas puede ser fresco, el agua surge a temperaturas agradables y permite entrar al río o las pozas prácticamente durante todo el año.

El río turquesa que convirtió a Tolantongo en fenómeno turístico

La imagen más famosa del destino es probablemente su río azul turquesa serpenteando entre las paredes de la barranca.

El agua caliente brota desde sistemas naturales dentro de la montaña y atraviesa la gruta y el túnel antes de continuar hacia diferentes zonas del complejo.

El contacto con las formaciones calcáreas y las características minerales del agua contribuyen al aspecto claro y azul verdoso que vuelve al río tan fotogénico.

El espectáculo resulta todavía más impactante por el entorno. El agua aparece entre paredes rocosas y montañas que, vistas desde arriba, tienen una apariencia árida.

El visitante pasa en pocos minutos de observar magueyes y terrenos secos a sumergirse en agua termal rodeada de vegetación y roca.

 

 

La Gruta: entrar al corazón de la montaña

Uno de los recorridos indispensables es precisamente La Gruta.

Al acercarse comienza a sentirse la humedad y la temperatura cambia. Una gran corriente cae dentro de la cavidad mientras el agua cubre parte del piso rocoso.

Aquí no se trata únicamente de mirar: buena parte de la experiencia consiste en entrar al agua y avanzar dentro de la formación natural.

El agua termal del parque se mantiene aproximadamente entre 36 y 38 grados Celsius, aunque la sensación puede cambiar de acuerdo con la zona y el flujo.

El terreno es irregular y resbaloso, por lo que es recomendable utilizar calzado acuático, sujetar a los menores y evitar ingresar con teléfonos, cámaras u objetos que puedan perderse debido a la fuerza del agua.

Muy cerca se encuentra el túnel, donde el agua caliente y el vapor crean una experiencia distinta a la del río abierto.

Las pozas termales: la fotografía que todos quieren

En el área de Paraíso Escondido se encuentran las famosas pozas termales escalonadas.

Estas pequeñas albercas fueron construidas sobre la ladera para aprovechar el agua y, al mismo tiempo, ofrecer una panorámica privilegiada de las montañas.

Algunas parecen suspendidas frente al vacío.

Es aquí donde se toman muchas de las imágenes que han hecho famoso a Tolantongo en Instagram, TikTok y otras plataformas. La combinación de agua azul, piedra y montañas crea uno de los escenarios más reconocibles de Hidalgo.

Para disfrutarlas con mayor tranquilidad conviene llegar temprano y, de ser posible, acudir entre semana, cuando normalmente existe menor concentración de visitantes que durante puentes, vacaciones o Semana Santa.

 

 

Río, cascadas, puente y tirolesa: hay mucho más que las pozas

Limitar una visita únicamente a las pozas sería perder buena parte del atractivo.

El río termal cuenta con zonas acondicionadas para permanecer dentro del agua y pasar varias horas. También existen albercas, senderos, cascadas y un puente colgante que permite contemplar la barranca desde otro ángulo.

Para quienes buscan una actividad más intensa está la tirolesa, cuyo circuito completo suma aproximadamente 1,890 metros.

Lo recomendable para una primera visita es dedicar tiempo tanto a La Gruta como a Paraíso Escondido, porque cada zona ofrece experiencias diferentes.

 

 

¿Cuánto cuesta visitar las Grutas de Tolantongo en 2026?

La entrada general actualizada para 2026 cuesta 230 pesos por persona y por día.

El boleto es válido de 7:00 de la mañana a 8:00 de la noche y permite acceder a los principales atractivos de ambas áreas, entre ellos gruta, túnel, río, albercas, senderos, pozas termales, puente colgante y cascadas.

Los costos principales son:

  • Entrada general: $230 por persona al día
  • Estacionamiento: $50 por vehículo al día
  • Tirolesa completa: $300 por persona
  • Casa de campaña para cuatro personas: $250 por noche, más depósito de $200
  • Transporte Ixmiquilpan-Tolantongo: $80 por persona por trayecto
  • Niños de 0 a 4 años: entrada gratuita
  • INAPAM: 50% de descuento sobre la entrada presentando credencial

Un dato esencial antes de salir: los pagos dentro del parque se realizan en efectivo. No conviene depender de tarjetas bancarias y es mejor retirar dinero antes de iniciar el último tramo del recorrido.

¿Cuánto cuesta hospedarse en Tolantongo?

Dormir dentro o cerca del complejo permite conocer el lugar con mucha mayor tranquilidad.

En la sección La Gruta, las habitaciones comienzan aproximadamente desde 1,000 pesos por noche. En Paraíso Escondido existen opciones desde alrededor de 1,150 pesos.

Las áreas Paraíso #2 y Rancho, que cuentan con servicios adicionales en algunas habitaciones, manejan opciones desde aproximadamente 1,500 pesos, mientras que Molanguito dispone de alternativas desde alrededor de 650 pesos en las fechas en que opera.

Las tarifas varían según capacidad y características de la habitación.

Es importante considerar que el hospedaje no sustituye el boleto de entrada. Cada visitante debe contar con su entrada correspondiente por cada día de permanencia.

Quienes prefieran una experiencia más cercana a la naturaleza pueden llevar su propia casa de campaña o rentar una dentro del parque.

Cómo llegar a Tolantongo desde Puebla en automóvil

Para quienes salen desde Puebla, la ruta más práctica conduce hacia Pachuca, continúa rumbo a Actopan y posteriormente a Ixmiquilpan.

Desde Ixmiquilpan se siguen las indicaciones hacia Cardonal y Grutas Tolantongo.

El último tramo merece especial atención. La carretera desciende hacia la barranca mediante pendientes y numerosas curvas, por lo que es recomendable viajar de día y revisar previamente frenos, llantas y niveles del automóvil.

No es un trayecto para conducir con prisas.

El paisaje durante el descenso es parte del viaje: poco a poco las montañas se abren hasta revelar la profundidad de la barranca.

Cómo ir en transporte público desde Puebla

También es posible realizar el viaje sin automóvil.

Desde la CAPU de Puebla se puede viajar hacia Pachuca y posteriormente tomar otro autobús a Ixmiquilpan.

Al llegar a Ixmiquilpan hay que dirigirse hacia la zona de San Antonio, donde se encuentra la base del transporte que realiza el recorrido hasta las Grutas de Tolantongo.

El pasaje oficial Ixmiquilpan-Tolantongo cuesta actualmente 80 pesos por persona por trayecto.

Para este tipo de viaje conviene salir temprano, ya que se requieren varios transbordos y el regreso debe planearse considerando los horarios del transporte.

 

 

¿Un día o un fin de semana?

Es posible visitar Tolantongo durante una jornada, pero para disfrutarlo realmente vale la pena considerar dos días y una noche.

En una visita rápida, el viajero puede conocer la gruta, el río y las pozas principales. Con una noche de hospedaje o campamento existe tiempo para caminar, bañarse sin prisas, recorrer ambas zonas y disfrutar el paisaje cuando baja el flujo de visitantes.

El amanecer entre las montañas ofrece además una cara diferente de la barranca.

Quienes buscan fotografías deberían comenzar temprano por las pozas termales y posteriormente descender hacia el río y La Gruta.

 

 

Qué llevar para disfrutar Tolantongo sin contratiempos

El traje de baño es indispensable, pero hay otros objetos que pueden hacer la experiencia mucho más cómoda.

El calzado acuático o antiderrapante ayuda a caminar sobre superficies mojadas. Una funda impermeable permite proteger teléfono y dinero, y una muda seca de ropa resulta especialmente útil si se permanece hasta el atardecer.

También conviene llevar efectivo suficiente, bloqueador, artículos personales y una bolsa para separar prendas mojadas.

En temporada de lluvias deben seguirse estrictamente las recomendaciones del personal y evitar acampar cerca del río cuando las condiciones meteorológicas representan riesgo.

 

 

Tolantongo merece más que una fotografía

Las Grutas de Tolantongo pueden venderse fácilmente como un paisaje espectacular: un río turquesa, aguas termales, montañas y pozas frente al cañón.

Sin embargo, su verdadero valor aparece cuando el visitante descubre la historia detrás del lugar.

Hace más de un siglo los científicos ya describían la extraordinaria barranca. Décadas después, las tierras pasaron al ejido de San Cristóbal y sus habitantes comenzaron a desarrollar de manera gradual un proyecto turístico propio.

Los primeros visitantes descendían en animales; después llegaron caminos, escaleras, servicios, hoteles y las famosas pozas.

Esa transformación explica por qué Tolantongo no es solamente un balneario. Es el resultado de naturaleza, historia agraria, organización comunitaria y turismo, reunidos en uno de los escenarios más sorprendentes del centro de México.

Para quien sale desde Puebla buscando un viaje distinto, pocas experiencias combinan tan bien paisaje, agua termal, aventura, descanso e historia.

 

 

 

*BC

El Cóporo, la ciudad prehispánica que vigila el norte de Guanajuato

Entre senderos y antiguas plazas, El Cóporo revela una ciudad levantada sobre un cerro
Redacción | 1 Septiembre, 2026
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En el municipio de Ocampo, Guanajuato, una montaña conserva las huellas de una ciudad que floreció hace alrededor de 1,500 años. La Zona Arqueológica El Cóporo sorprende porque sus antiguos habitantes no se limitaron a ocupar el valle: levantaron viviendas, talleres, espacios administrativos y recintos ceremoniales a diferentes alturas del cerro.

Visitarla implica hacer algo más que contemplar vestigios. El recorrido comienza en las zonas donde se desarrollaba buena parte de la vida cotidiana y continúa cuesta arriba hasta alcanzar espacios relacionados con el poder y las ceremonias. Conforme aumenta la altura, también cambia la función de los edificios.

Esta integración entre arqueología, montaña y paisaje convierte a El Cóporo en uno de los destinos históricos más singulares del norte de Guanajuato y en una alternativa para quienes buscan sitios menos concurridos que permitan caminar, observar y comprender la historia en el mismo terreno donde ocurrió.


Zona Arqueológica El Cóporo


¿Dónde está la Zona Arqueológica El Cóporo?

El Cóporo se localiza en el municipio de Ocampo, al noroeste del estado de Guanajuato, cerca de la comunidad de San José del Torreón y en las estribaciones de la sierra de Santa Bárbara.

El asentamiento ocupa una zona de transición entre áreas de valle, cañadas y zonas elevadas. Esta posición ofreció a sus habitantes acceso a tierras agrícolas, agua, vegetación y recursos procedentes de distintos ecosistemas.

También proporcionaba una amplia visibilidad sobre el territorio.

El paisaje que hoy constituye uno de los principales atractivos turísticos fue, hace siglos, parte esencial para la supervivencia y organización de la comunidad.

¿Qué significa El Cóporo?

El nombre Cóporo procede de una voz de origen tarasco a la que se atribuyen los significados “sobre el gran camino” o “el camino grande”.

El término resulta especialmente interesante por la posición del asentamiento dentro de una región donde existieron rutas de intercambio y contactos culturales entre el Bajío y territorios situados más al norte.


Zona Arqueológica El Cóporo


Sin embargo, el origen del nombre no significa que pueda identificarse automáticamente a sus antiguos pobladores como purépechas.

Los descubrimientos arqueológicos relacionan al sitio con la llamada Tradición Tunal Grande, mientras que diferentes objetos encontrados muestran vínculos con regiones que actualmente corresponden a Guanajuato, Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí.

Una ciudad de la frontera norte de Mesoamérica

La importancia de El Cóporo aumenta cuando se observa su ubicación dentro del México prehispánico.

El asentamiento formó parte de la frontera septentrional de Mesoamérica, una amplia zona en la que interactuaban sociedades agrícolas con poblaciones y territorios del norte.

En lugar de imaginar una frontera rígida, las investigaciones muestran un espacio dinámico en el que circulaban productos, técnicas, estilos arquitectónicos e ideas.

El desarrollo de El Cóporo está relacionado con la Tradición Tunal Grande, cuya presencia se extendió aproximadamente entre los años 200 y 900 de nuestra era. Para el sitio se reconoce un periodo particularmente importante entre aproximadamente 500 y 900 d.C.

Fue durante esos siglos cuando el cerro adquirió la configuración que todavía puede reconocerse en sus diferentes conjuntos arquitectónicos.

El recorrido comienza donde transcurría la vida cotidiana

Una de las mejores maneras de entender El Cóporo es recorrerlo desde abajo.

En la parte baja se encuentra el Conjunto Llano, donde existieron viviendas, áreas públicas y espacios destinados a distintas actividades productivas.


Zona Arqueológica El Cóporo


Las excavaciones permitieron localizar fogones y restos de alimentos, entre ellos maíz, calabaza, amaranto y frijol. También existen evidencias del consumo de productos como chile y tomatillo.

Estos descubrimientos ayudan a imaginar una ciudad viva.

Antes de convertirse en estructuras arqueológicas, aquellos espacios estuvieron ocupados por familias que cocinaban, almacenaban alimentos, cultivaban la tierra, fabricaban objetos y desarrollaban actividades cotidianas muy lejos de la imagen de un sitio compuesto únicamente por templos.

El Conjunto Llano representa, por ello, una puerta de entrada a la vida diaria de sus habitantes.

Gotas y Montes, los espacios de una sociedad organizada

El ascenso por la ladera conduce hacia otras áreas de la antigua ciudad.

El Conjunto Gotas estuvo relacionado con actividades cívicas y administrativas, mientras que el Conjunto Montes presenta características principalmente residenciales.

La distribución de estos sectores muestra que El Cóporo tuvo una organización más compleja de lo que podría sugerir a primera vista su posición aislada entre montañas.

No todos los habitantes utilizaban los mismos espacios ni realizaban las mismas actividades.

Había zonas para vivir, trabajar, administrar y reunirse, mientras los espacios considerados más importantes o sagrados fueron colocados en sectores elevados.

Esta diferencia se vuelve evidente conforme el visitante continúa subiendo.

Puerto del Aire y el camino hacia la montaña sagrada

Uno de los puntos más evocadores del recorrido es Puerto del Aire.

Los arqueólogos identificaron en esta zona un camino empedrado que pudo funcionar como vía de acceso hacia los sectores ceremoniales localizados en las partes superiores del cerro.

Su existencia abre una posibilidad fascinante: la subida podría haber tenido también un significado ritual.

Quien avanzaba desde las áreas habitacionales hacia la cima abandonaba progresivamente los espacios cotidianos para aproximarse a lugares relacionados con ceremonias y grupos de mayor jerarquía.


Zona Arqueológica El Cóporo


Actualmente, el turista sigue parcialmente ese mismo principio.

Cada tramo del ascenso permite mirar el valle desde una perspectiva distinta y comprender por qué la montaña no fue simplemente el terreno sobre el que se construyó El Cóporo: la montaña formaba parte de la propia concepción de la ciudad.

En la cima estaba el corazón ceremonial

El punto más importante se encuentra en la parte superior.

El llamado Conjunto Cóporo concentraba espacios de carácter ceremonial. Desde esta altura, la relación entre arquitectura y paisaje se hace especialmente evidente.

El dominio visual sobre el entorno debió tener tanto funciones prácticas como simbólicas.

Desde arriba podían observarse amplias extensiones del valle, mientras la posición elevada diferenciaba estos recintos de las áreas habitacionales situadas más abajo.

También existen otros sectores que permiten reconstruir la complejidad del asentamiento, como los conjuntos Caracol y Pilar, asociados con espacios residenciales, cívicos y elementos que delimitaban áreas específicas.

El resultado fue una ciudad que aprovechó diferentes niveles naturales del terreno para separar funciones y establecer jerarquías.

Zona Arqueológica El Cóporo


Agua, agricultura y paisaje: las claves para sobrevivir

La elección del lugar tampoco fue casual.

En los alrededores del cerro existen corrientes como los arroyos Cóporo y Gotas, además de manantiales y recursos naturales que hicieron posible establecer una población permanente.

El agua era esencial para beber, cultivar y sostener la vida diaria, pero también pudo adquirir significados vinculados con las creencias de sus habitantes.

La agricultura tuvo un papel fundamental.

El maíz, frijol, calabaza y amaranto documentados arqueológicamente muestran una dieta relacionada con cultivos básicos mesoamericanos. A esos recursos se sumaban productos obtenidos de los diferentes ambientes que rodeaban el asentamiento.

Valle, monte y cañadas funcionaban como un solo territorio aprovechado por la comunidad.

Beatriz Braniff y el redescubrimiento de El Cóporo

Aunque los habitantes de la región conocían desde mucho tiempo atrás la existencia de vestigios sobre el cerro, las investigaciones arqueológicas modernas adquirieron especial importancia en 1962.

Ese año, la arqueóloga Beatriz Braniff realizó excavaciones que permitieron estudiar la cerámica y distintos elementos arquitectónicos del sitio.

Entre los descubrimientos llamaron la atención algunas columnas y características constructivas con semejanzas respecto a sitios del norte, particularmente La Quemada y Alta Vista, en Zacatecas.

Aquellos trabajos fueron fundamentales para comenzar a comprender que las sociedades establecidas en esta región mantenían contactos mucho más amplios.

Después de varias décadas, las investigaciones sistemáticas fueron retomadas en 2002, y una nueva etapa desarrollada a partir de 2005 permitió identificar con mayor precisión los conjuntos arquitectónicos y reconstruir la cronología de la ciudad.


Zona Arqueológica El Cóporo


¿Por qué fue abandonado El Cóporo?

El asentamiento comenzó a perder importancia hacia los últimos siglos de su ocupación y terminó siendo abandonado.

No existe una única explicación comprobada que permita atribuir su desaparición a una guerra, sequía o acontecimiento específico.

El abandono debe entenderse dentro de las transformaciones que experimentó la frontera norte de Mesoamérica hacia finales del primer milenio de nuestra era, cuando numerosos centros de esa amplia región disminuyeron su población o fueron abandonados.

Lo que quedó fueron plataformas, caminos, terrazas, plazas y objetos sepultados durante siglos.

La arqueología ha permitido unir esas evidencias para reconstruir fragmentos de la antigua ciudad.

¿Cuánto tiempo se necesita para conocer El Cóporo?

Visitar El Cóporo exige más tiempo que detenerse frente a unas cuantas estructuras.

El recorrido completo puede durar aproximadamente dos horas o dos horas y media, dependiendo del ritmo del visitante y del tiempo dedicado a observar los diferentes conjuntos.

Hay que considerar que buena parte de la experiencia incluye caminatas y ascensos por terreno abierto, por lo que resulta recomendable acudir con calzado apropiado.

También conviene llevar agua, gorra o sombrero y protector solar, especialmente durante las temporadas de mayor radiación.

La recompensa está en completar el recorrido hasta las partes elevadas, donde las vistas permiten dimensionar el territorio controlado por la antigua comunidad.

Cómo llegar a El Cóporo desde Ocampo

La Zona Arqueológica El Cóporo se encuentra próxima a San José del Torreón, dentro del municipio de Ocampo.

Desde la cabecera municipal de Ocampo se debe tomar la carretera estatal en dirección a León.

Después de recorrer aproximadamente 13 kilómetros, se encuentra la desviación hacia El Torreón. A partir de este punto se continúa cerca de 6 kilómetros hasta llegar al área de acceso y al Centro de Atención a Visitantes de El Cóporo.

La referencia oficial del sitio corresponde a Camino al Cóporo, aproximadamente en el kilómetro 4, San José del Torreón, Ocampo, Guanajuato.

Para quienes viajan en automóvil, el sitio dispone de estacionamiento.
 

Cómo llegar a El Cóporo desde León

Desde León, Guanajuato, una de las rutas consiste en salir en dirección a San Felipe y posteriormente continuar hacia el entronque que conduce a Ocampo.

En la zona de la comunidad de Ibarra se toma la ruta que comunica con el entronque Cabras-El Torreón y posteriormente se continúa hacia El Torreón.

Desde ese punto restan aproximadamente 4 kilómetros para alcanzar el Centro de Atención a Visitantes y el acceso a la zona arqueológica.

Por tratarse de un destino rural, es conveniente cargar combustible antes de emprender los últimos tramos y descargar previamente la ruta en el teléfono si se utiliza navegación GPS.

 


Horarios para visitar El Cóporo

El horario vigente de la Zona Arqueológica El Cóporo es de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas.

El último acceso se permite a las 16:00 horas, una medida relacionada con la duración del recorrido y el tiempo necesario para regresar antes del cierre.

Por esta razón, llegar durante las primeras horas de operación permite realizar la visita con mayor tranquilidad.

El sitio permanece cerrado los lunes.

Cuenta con servicios básicos como estacionamiento y sanitarios, además de un espacio de atención para quienes llegan a conocer el patrimonio arqueológico de la región.

¿Cuánto cuesta entrar a El Cóporo?

Las plataformas oficiales muestran actualmente diferencias respecto a la tarifa.

El registro de Lugares INAH señala entrada gratuita correspondiente al instituto, junto con una cuota adicional FIARCA de 65 pesos para adultos y 20 pesos para menores.

Por su parte, la información estatal de Guanajuato publica una cuota de recuperación de 70 pesos para adultos y 20 pesos para niñas y niños de 6 a 12 años.

Debido a esta diferencia, el costo debe confirmarse antes de realizar la visita, especialmente cuando se viaja en familia o con grupos numerosos.

Una experiencia para quienes buscan un Guanajuato diferente

El Cóporo ofrece una imagen de Guanajuato muy distinta a la de sus callejones coloniales, templos barrocos y antiguas minas.

Aquí la historia retrocede más de un milenio.

El visitante camina por los espacios donde antiguamente hubo hogares, atraviesa sectores administrativos, sigue senderos sobre la montaña y termina contemplando el valle desde los mismos puntos donde se desarrollaron ceremonias hace siglos.


Zona Arqueológica El Cóporo


No es necesario encontrar enormes pirámides para comprender su importancia.

El atractivo de El Cóporo se encuentra precisamente en descubrir cómo una sociedad adaptó su ciudad a la forma del cerro y convirtió cada nivel del terreno en una parte diferente de su organización.

Para viajeros interesados en arqueología, senderismo, naturaleza e historia prehispánica, este rincón de Ocampo permite conocer otra cara de Guanajuato: la de una antigua ciudad levantada entre el valle y la montaña, en uno de los límites históricos del mundo mesoamericano.


 

*ARD

Real del Monte, Hidalgo: historia minera, pastes y arquitectura inglesa

Un Pueblo Mágico donde la plata, los mineros ingleses y el paste cuentan cuatro siglos de historia
Redacción | 1 Septiembre, 2026
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Real del Monte, Hidalgo, tiene algo que pocos destinos mexicanos pueden ofrecer: permite caminar en unas horas por cuatro siglos de minería, entrar a túneles de donde se extrajo plata, recorrer un cementerio de tradición británica entre árboles y neblina, descubrir uno de los conflictos obreros más antiguos de América y terminar el día comiendo un paste recién horneado.

Su nombre oficial es Mineral del Monte, pero prácticamente todo el mundo lo conoce como Real del Monte. Se encuentra en las montañas de Hidalgo, muy cerca de Pachuca, dentro de un paisaje donde los tejados rojizos, casas de colores, chimeneas mineras y calles inclinadas recuerdan la profunda relación que este pueblo mexicano estableció con Cornualles, Inglaterra, durante el siglo XIX.

Desde Puebla es además una excelente escapada de fin de semana. Puedes recorrer el centro histórico, visitar dos de las minas más importantes, conocer el Panteón Inglés, probar la gastronomía local y, si tienes más tiempo, continuar hacia Huasca de Ocampo o Mineral del Chico.

De Magotsi a Real del Monte: así nació el pueblo minero

Mucho antes de las explotaciones españolas, el sitio era conocido como Magotsi, palabra de origen otomí relacionada con un paso o portezuelo situado en la altura. Su posición entre montañas lo convirtió en un corredor utilizado por quienes transitaban entre la Huasteca, Metztitlán y el centro del territorio mesoamericano.

Con la llegada de los españoles comenzó una nueva etapa. Las montañas escondían importantes depósitos minerales y la región de Pachuca-Real del Monte terminó convirtiéndose en uno de los grandes distritos productores de plata.

Las minas eran trabajadas desde el siglo XVI, aunque durante el siglo XVIII comenzó una explotación mucho más intensa. Entre 1726 y 1727 cobró especial importancia la Veta Vizcaína, ligada posteriormente al crecimiento de una de las fortunas mineras más famosas de la Nueva España.

No existe, por tanto, un único momento en que “se descubrió” la plata de Real del Monte. Su riqueza fue identificándose y explotándose progresivamente hasta formar una compleja red de minas, tiros, haciendas de beneficio y caminos.

Uno de esos sitios todavía puede visitarse: la Mina de Acosta, cuya historia documentada parte del denuncio realizado en 1727 por Thomas Antonio de Navarrete.

 

Real del Monte, antiguamente Maghotsi, debe su nombre otomí a su ubicación entre las montañas.

 

La plata convirtió a Real del Monte en un territorio de enormes fortunas

Durante el siglo XVIII aparece una figura indispensable para comprender este destino: Pedro Romero de Terreros, quien explotó importantes vetas de la región y posteriormente recibió el título de Conde de Regla.

La bonanza minera produjo riqueza, pero el trabajo bajo tierra era agotador y peligroso. Los barreteros descendían a las minas para extraer el mineral en condiciones difíciles y dependían no solamente del salario, sino también de una práctica conocida como “partido”.

Después de cumplir determinadas obligaciones, los trabajadores podían extraer mineral adicional y compartir su beneficio con los propietarios.

Cuando Romero de Terreros intentó modificar esas condiciones, creció el descontento.

Real del Monte fue escenario de la histórica huelga minera de 1766

El 15 de agosto de 1766, los trabajadores mineros de Real del Monte protagonizaron un levantamiento que es reconocido como una de las primeras grandes huelgas laborales de América y, de acuerdo con investigaciones históricas de la UAEH, la primera huelga minera de la que se tiene noticia en el continente.

Los mineros reclamaban principalmente la conservación del partido, pero sus inconformidades incluían también las condiciones de las jornadas, herramientas, velas y cargas de trabajo.

El conflicto llegó a convertirse en un episodio violento y obligó a las autoridades virreinales a intervenir.

Hoy, cuando el visitante observa los antiguos tiros y construcciones mineras, el paisaje adquiere otra dimensión: no únicamente habla de toneladas de mineral y riqueza, sino también de generaciones de trabajadores que desarrollaron una identidad profundamente vinculada con las minas.

 

Real del Monte y la histórica huelga minera de 1766.

 

Ingleses llegan en 1824 y cambian para siempre Real del Monte

Después de la Guerra de Independencia muchas minas quedaron deterioradas o inundadas y su explotación se volvió extremadamente difícil.

En 1824 comenzó la llegada de trabajadores, técnicos e inversionistas británicos, principalmente vinculados con Cornualles. Trajeron consigo tecnología avanzada para la época, especialmente máquinas de vapor tipo Cornish, fundamentales para extraer el agua acumulada dentro de las minas.

La inmigración dejó una transformación mucho más profunda que la estrictamente industrial.

Aparecieron casas de máquinas, construcciones de influencia británica, costumbres religiosas, cementerios y nuevas prácticas sociales. Incluso la arquitectura del pueblo comenzó a incorporar elementos que todavía distinguen a Real del Monte, como sus característicos techos inclinados de lámina roja.

La UNESCO destaca este legado al describir el distrito de Pachuca-Real del Monte como una región minera marcada por la migración de Cornualles y por una singular fusión entre las culturas mexicana y británica.

El paste nació de una historia de mineros

La herencia inglesa también llegó a la mesa.

Los trabajadores británicos llevaron consigo el Cornish pasty, una preparación horneada que podía transportarse fácilmente durante largas jornadas. En Hidalgo terminó transformándose en el paste, uno de los alimentos más representativos del estado.

El clásico relleno de papa con carne conserva la relación más evidente con la receta inglesa, pero la cocina mexicana terminó multiplicando sus posibilidades. Hoy encontrarás pastes de mole, frijoles, tinga y distintas preparaciones dulces.

Para comprender esta historia vale la pena visitar el Museo del Paste, ubicado a la entrada de Real del Monte. El recorrido explica su origen y evolución, muestra objetos relacionados con los mineros ingleses y ofrece una experiencia interactiva alrededor de su preparación.

Más que probar un alimento típico, comer un paste en Real del Monte significa degustar un capítulo de la migración europea en México.

 

 

¿Real del Monte también está ligado al origen del futbol en México?

Sí. Otro legado que los británicos llevaron al distrito minero fue el futbol.

Trabajadores, técnicos e ingenieros de origen inglés asentados en Pachuca y Real del Monte practicaban el deporte hacia la década de 1890, y aquellas actividades contribuyeron al surgimiento de los primeros clubes organizados del país.

Por eso Hidalgo mantiene una relación histórica privilegiada con el nacimiento del futbol mexicano.

En pocas calles, Real del Monte logra unir dos herencias aparentemente muy distintas: los pastes y el futbol, ambas vinculadas con aquellos trabajadores que cruzaron el Atlántico para llegar a las minas hidalguenses.

 

Otro legado que los británicos llevaron al distrito minero fue el futbol,

 

Mina de Acosta: baja a uno de los grandes escenarios de la historia

La Mina de Acosta es una visita prácticamente obligatoria.

Su historia documentada comienza en 1727 y sus instalaciones permiten observar distintas épocas: la minería novohispana, la llegada de los ingleses y sus máquinas de vapor, así como la posterior incorporación de nuevas tecnologías.

El sitio conserva construcciones, maquinaria, acueductos y elementos vinculados directamente con la extracción minera.

Actualmente abre de miércoles a lunes, de 9:30 a 17:30 horas. La tarifa publicada para 2026 es de 120 pesos entrada general y 100 pesos para niños, estudiantes, maestros y personas adultas mayores con credencial vigente.

Lleva zapatos cómodos y chamarra. La humedad y la temperatura dentro de las áreas mineras hacen que la experiencia sea mucho más fría que un recorrido convencional por un museo.

 

Mina de Acosta, símbolo de la historia minera de Real del Monte.

 

Mina La Dificultad: el gigante industrial de Real del Monte

La otra gran parada es la Mina La Dificultad, que inició operaciones en 1889.

Su importancia radica en que permite observar una etapa de transición tecnológica: el final de la era del vapor y el comienzo de la electricidad aplicada a la minería.

El conjunto industrial destaca incluso desde lejos por su monumental arquitectura. Aquí no necesitas imaginar cómo lucía una gran explotación minera del siglo XIX: buena parte de su infraestructura permanece frente al visitante.

Su horario publicado para 2026 es de miércoles a lunes de 9:30 a 17:30 horas. La entrada general cuesta 100 pesos y la tarifa reducida para niños, estudiantes, maestros y personas adultas mayores con credencial es de 80 pesos.

 

Mina La Dificultad, símbolo del patrimonio minero de Real del Monte desde 1889.

 

Panteón Inglés: 755 tumbas rodeadas de bosque

Pocos lugares representan mejor el carácter de Real del Monte que el Panteón Inglés.

Construido en el siglo XIX en una de las zonas altas del municipio, conserva 755 tumbas y está rodeado por árboles que, durante los días de neblina, transforman completamente el paisaje.

Entre sus sepulturas aparecen ingleses, escoceses, irlandeses, alemanes y personas de otras nacionalidades relacionadas con la historia de la región minera.

Una de sus características más conocidas es la orientación de las tumbas hacia Inglaterra. Además, la tradición popular relaciona una sepultura con el famoso payaso Richard Bell, aunque esa parte pertenece más al terreno de la leyenda local que a una certeza histórica.

El Panteón Inglés abre de martes a domingo, de 10:00 a 16:00 horas, y la información municipal vigente señala que la entrada es gratuita.

 

Panteón Inglés, construido en 1851, es uno de los sitios más emblemáticos de Real del Monte.

 

Museo de Medicina Laboral: así sobrevivían los mineros a los accidentes

Para conocer la minería desde otra perspectiva visita el Museo de Medicina Laboral Centro Cultural Nicolás Zavala.

El antiguo hospital minero fue fundado en 1907 para atender a trabajadores enfermos o accidentados de la Compañía Real del Monte y Pachuca.

En sus salas sobreviven mobiliario, instrumental médico y espacios que permiten conocer cómo evolucionó la atención de quienes sufrían accidentes dentro de las minas.

Abre de miércoles a lunes, de 9:30 a 17:30 horas. La entrada general es de 80 pesos y la tarifa reducida, de 70 pesos.

Después de recorrer túneles y maquinaria, visitar este antiguo hospital completa la historia: permite comprender el costo humano que tuvo durante décadas la extracción de minerales.

 

Museo de Medicina Laboral, antiguo hospital minero fundado en 1907.

 

Real del Monte también forma parte de un Geoparque Mundial UNESCO

La importancia del destino no termina con sus edificios.

Real del Monte forma parte del Geoparque Mundial UNESCO Comarca Minera, reconocido desde 2017 por su extraordinario patrimonio geológico, minero y cultural.

La propia UNESCO destaca al distrito Pachuca-Real del Monte como una de las grandes regiones argentíferas y subraya la huella que dejaron los mineros de Cornualles.

Dentro del municipio aparecen geositios como el Panteón Inglés, Bosque del Hiloche, Museo del Paste y Cantera de Tezoantla, lo que permite combinar turismo histórico con recorridos de naturaleza.

Cuánto cuesta conocer los principales atractivos

AtractivoCosto publicadoHorario
Mina de Acosta$120 general / $100 reducidaMiércoles a lunes, 9:30-17:30
Mina La Dificultad$100 general / $80 reducidaMiércoles a lunes, 9:30-17:30
Museo de Medicina Laboral$80 general / $70 reducidaMiércoles a lunes, 9:30-17:30
Panteón InglésGratisMartes a domingo, 10:00-16:00
Museo del PasteConsultar tarifa vigenteConfirmar antes de acudir

Si deseas visitar las tres atracciones mineras con entrada, calcula 300 pesos por adulto, sin incluir alimentos, estacionamiento, transporte ni Museo del Paste.

Cómo llegar a Real del Monte desde Puebla

Desde Puebla capital, una de las rutas más prácticas en automóvil es dirigirse hacia San Martín Texmelucan, incorporarse al Arco Norte rumbo a Hidalgo y posteriormente continuar hacia Pachuca. Desde la capital hidalguense debes tomar la carretera federal 105 hacia Real del Monte.

Dependiendo del tráfico y el punto de salida, conviene calcular entre dos horas y media y tres horas de viaje.

Desde Pachuca, el recorrido es mucho más corto: Real del Monte se encuentra aproximadamente a 17.9 kilómetros, alrededor de 23 minutos en condiciones favorables, utilizando el bulevar Luis Donaldo Colosio y después la carretera 105.

Quienes viajen desde Ciudad de México pueden utilizar la autopista México-Pachuca y posteriormente continuar hacia el Corredor de la Montaña.

Si prefieres transporte público, puedes llegar primero a Pachuca y desde ahí utilizar combis, taxis o transporte regional hacia Mineral del Monte.

 

 

¿Por qué Real del Monte merece un viaje desde Puebla?

Porque no necesitas inventar una experiencia turística: la historia está físicamente frente a ti.

Puedes entrar en minas trabajadas durante siglos, conocer maquinaria que transformó la industria, caminar por un cementerio británico de 755 sepulturas, descubrir el escenario de la huelga minera de 1766, comer una receta heredada de Cornualles y recorrer un pueblo donde el origen del futbol mexicano aparece entre chimeneas y montañas.

Real del Monte es historia novohispana, industrial y obrera convertida en un viaje.

Y cuando la neblina cubre sus tejados rojos, el aroma de los pastes sale de los hornos y las antiguas estructuras mineras aparecen entre las montañas, resulta fácil comprender por qué sigue siendo uno de los Pueblos Mágicos más especiales de Hidalgo.

 

 

*BC