Puebla, Pue.- Las dificultades no deben entenderse como un castigo de Dios ni como una obligación de vivir resignados al sufrimiento, señaló el Obispo Auxiliar de Puebla, Francisco Javier Martínez Castillo, durante la misa dominical.
El prelado centró su homilía en el significado de la expresión “tomar la cruz” y rechazó que ésta implique aceptar pasivamente problemas, abusos o condiciones adversas.
“Jesús no quiere nuestro sufrimiento”, afirmó al explicar que la fe cristiana no invita a buscar el dolor, sino a mantenerse firme en los valores de Jesús aun cuando hacerlo tenga consecuencias.
Tomar la cruz también significa enfrentar injusticias
Martínez Castillo explicó que actuar conforme a esos valores puede generar dificultades dentro de la familia, el matrimonio, las amistades, el trabajo o la vida social.
También mencionó situaciones en las que una persona debe mantenerse firme frente a la corrupción, la injusticia y la violencia, aunque esa postura pueda provocar críticas, conflictos o pérdidas.
El Obispo Auxiliar sostuvo que estas experiencias forman parte de las consecuencias que puede implicar actuar con convicción, pero no deben confundirse con una búsqueda deliberada del sufrimiento.
Como ejemplo, habló de las madres que se levantan durante la noche para atender a sus hijos. El cansancio y el esfuerzo, explicó, adquieren otro sentido cuando responden al amor y al compromiso.
Fe y amor para enfrentar las dificultades
Durante su mensaje, Martínez Castillo pidió a los fieles fortalecer su relación con Jesús mediante la oración, la Palabra y los sacramentos, herramientas que, señaló, permiten encontrar fortaleza frente a las adversidades.
“Los verdaderamente felices son los que más aman”, expresó.
El prelado insistió en que atravesar problemas o momentos difíciles tampoco significa que Dios haya abandonado a una persona.
“Dios cuando da la misión, primero da la gracia”, afirmó al señalar que las dificultades pueden convertirse en una oportunidad de crecimiento cuando se afrontan con amor, honestidad, responsabilidad y confianza.
Su llamado fue a no convertir la fe en resignación, sino en una forma de responder ante los problemas sin abandonar las convicciones y responsabilidades personales.
*ARD
