Victoria Esperanza Salazar

La muerte de Victoria

Del reportero
Por Fernando A. Crisanto 2 Abril, 2021

La cámara de seguridad que apunta a la entrada-salida de una tienda OXXO, en Tulum el sábado pasado, permite identificar el momento exacto en que una mujer entra velozmente al establecimiento.

Aparece en otra toma y en las manos carga un garrafón vacío.

Se mueve de un lado a otro, agitando el garrafón. Los parroquianos hacen sus compras.

La ignoran. Dura unos segundos en su movimiento al interior de la tienda. Da la media vuelta y se prepara para salir; sin embargo, cierra las puertas colocando las manos sobre ellas, como intentando impedir que alguien entre.

No pasan unos instantes y sale del establecimiento, hacia la derecha.

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Pasarían otros segundos para que cuatro agentes de la Policía Municipal de Tulum la sometieran.

No se alcanza a ver con nitidez el momento de la detención, pero sí es posible ver con precisión cuando la tiran contra el piso, mientras un robusto policía le hinca su peso en la espalda.

La mujer grita y algo dice.

De repente, las cosas se transforman, uno de sus compañeros comienza a reclamarle al que realiza la maniobra de sometimiento.

Claramente le dice que la mujer ha muerto y el policía, balbuceante, apenas alcanza a decir a su favor que ya “movía la boca”.

Toman entre los cuatro agentes el cuerpo de la mujer y lo colocan al interior de la batea de una camioneta oficial.

La mujer ha muerto, literalmente, con la espalda rota.

Expertos revisan el video de la tienda.

El especialista comenta que caben tres explicaciones. Tenía un padecimiento que podría ir de lo neurológico a lo psiquiátrico; alguien la seguía o ella asumió que alguien la seguía; o la mujer entró bajo el efecto de algún narcótico, no de alcohol.

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Tiene agilidad y velocidad evidentes.

Si fue un fármaco consumido, probablemente le hizo sentir que estaba frente a una amenaza, lo que le orilló a cerrar la puerta del establecimiento.

¿Tiene sentido que cuatro policías la sometan, estando intoxicada? No.

¿Estaba agrediendo a los visitantes o personal de la tienda? No.

¿Arrasó con la mercancía del establecimiento? No.

¿Traía armas y las blandía? No.

Eso sí, venía armada con un peligroso garrafón vacío.

Un especialista dice que aquí se juntaron dos hechos fatales. El primero es el nerviosismo del empleado de la tienda que perdió los estribos y pidió apoyo como si fuera un asalto a mano armada, algo cotidiano y que es raro que un empleado así, llame a la Policía en pleno ilícito.

Si Victoria hubiera un sido un asaltante y le hubiera colocado al empleado en la frente el cañón de un arma .45, difícilmente hubiera respondido con tanta determinación.

Pero no, una mujer armada con un garrafón vacío es una alteración al orden público, según el empleado.

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El segundo hecho es que el policía que somete a la mujer no mide su fuerza.

Es un acto de evidente brutalidad, pero también absurdo.

Los policías corren cuando ven a una camioneta atestada de elementos del Cártel Jalisco Nueva Generación, pero golosamente apoyan golpear a una mujer indefensa y desarmada.

Ése fue el final de la salvadoreña Victoria Esperanza Salazar.

Un final que no debería haber sucedido jamás, que hoy es una vergüenza para el presidente López Obrador y para el país.

 

De las anécdotas que se cuentan

Arturo González Orduño falleció ayer, pero no morirá.

Abogado titulado por la Upaep, fue un profesional de la comunicación.

Nos conocimos en la redacción de Organización Radio Oro en febrero de 1979.

Compartimos vida y proyectos.

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Jamás olvidaré cuando me censuraron en Sicom, por la molestia que generó un comentario en Milenio.

Por órdenes del secretario de Gobernación Mario Montero a Javier Sánchez Galicia cancelaron el programa Los Periodistas, en el que participábamos Jesús Manuel Hernández, Arturo González y yo.

Nos fuimos a Megacable y Arturo con nosotros a pesar de su gran relación con el gobernador Marín, Montero y Sánchez Galicia.

Él era así, un hombre de palabra y honor, por eso y la educación y valores que heredó a sus hijos y a sus amigos, seguirá con nosotros.

Arturo González Orduño, un amante del ajedrez, supo siempre que un jaque al Rey no termina la partida.

Abrazos entrañables a su familia y amigos, que son tantos como su generosidad inmensa.

fcrisanto00@yahoo.com.mx

Twitter @fercrisanto

Facebook: Fernando Alberto Crisanto

 

Con información de Lo de Hoy Noticias

 

*AR