Futbol americano

NFL volverá a México en 2026 con partido en el Estadio Banorte

Después de cuatro años, la NFL volverá a México en diciembre de 2026 con un juego oficial en el renovado Estadio Banorte
Redacción | 3 Febrero, 2026
Cuerpo

Después de cuatro años sin futbol americano profesional en territorio nacional, la NFL anunció oficialmente su regreso a México en 2026, con un partido de temporada regular programado para diciembre en el Estadio Banorte, uno de los inmuebles deportivos más emblemáticos del país.

La liga destacó que este regreso forma parte de su plan de expansión global, que contempla nueve partidos internacionales durante la temporada 2026 en ciudades de Europa, América Latina y Oceanía.

 

Juego en diciembre y dentro de gira internacional

La NFL confirmó que el partido en México será parte de su calendario internacional junto a sedes como Londres, París, Múnich, Madrid, Melbourne y Río de Janeiro, lo que posiciona nuevamente a la Ciudad de México como una de las capitales deportivas clave fuera de Estados Unidos.

El comisionado Roger Goodell señaló que el regreso se da tras la remodelación del estadio rumbo a la Copa del Mundo 2026, lo que permitirá ofrecer una experiencia renovada a los aficionados mexicanos.

NFL volverá a México en 2026 con partido en el Estadio Banorte

 

Equipos candidatos para jugar en México

Aunque la liga aún no revela los equipos participantes, existen 10 franquicias con derechos de mercado en México, lo que las convierte en principales candidatas para protagonizar el encuentro.

Entre ellas figuran Dallas Cowboys, Kansas City Chiefs, San Francisco 49ers, Pittsburgh Steelers, Miami Dolphins, Los Angeles Rams, Las Vegas Raiders, Denver Broncos, Arizona Cardinals y Houston Texans.

 

NFL mantendrá juegos en México por tres años

La NFL adelantó que, a partir de 2026, México albergará al menos un partido por temporada durante los siguientes tres años, lo que refuerza su posición como uno de los mercados internacionales más importantes para la liga fuera de Estados Unidos.

El último partido disputado en el país fue en noviembre de 2022, por lo que el anuncio ha sido recibido con entusiasmo por la afición mexicana.

 

Con información de Medio Tiempo

*BC

 

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Cuerpo

En 2015, La verdad oculta (Concussion) llegó a los cines con Will Smith interpretando al Dr. Bennet Omalu. Muchos la vieron entonces como un drama biográfico más: el científico solitario contra una institución poderosa. Hoy, en plena temporada reciente de la NFL, la película se siente menos como cine y más como advertencia persistente. Porque la historia que contó no terminó. Sigue ocurriendo cada domingo.

Omalu no era activista ni buscaba confrontación. Era patólogo forense. Su trabajo empezaba cuando el espectáculo ya había acabado: sin estadios llenos, sin cámaras, sin ruido. Al analizar los cerebros de exjugadores fallecidos, encontró evidencia de Encefalopatía Traumática Crónica (ETC), una enfermedad neurodegenerativa asociada a golpes repetidos en la cabeza. No a un solo impacto devastador, sino a la acumulación silenciosa de microtraumas a lo largo de los años.

Concussion

La ETC no grita. Se acumula. Avanza despacio. Y cuando aparece, ya no hay marcha atrás.

La NFL —la liga deportiva más poderosa del mundo— cuenta hoy con 32 equipos y cerca de 1,700 jugadores activos por temporada, sin contar suplentes, escuadras de prácticas y ligas formativas. A nivel global, el fútbol americano se practica en más de 70 países, con millones de jugadores entre niveles juveniles, universitarios y amateurs. El alcance del deporte es enorme. También lo es su impacto físico.

La NFL anunció que la temporada 2024 tuvo el número más bajo de conmociones cerebrales desde que comenzaron a rastrearse los datos en 2015. Se registraron un total de 182 conmociones diagnosticadas en juegos y prácticas (pretemporada y temporada regular).

Esta cifra de 182 conmociones representa una reducción del 17% en comparación con las 219 conmociones reportadas en la temporada 2023.

Sin embargo, los estudios post mortem cuentan otra historia: en investigaciones científicas se ha encontrado evidencia de ETC en más del 90% de los cerebros de exjugadores de la NFL analizados. No es una excepción. Es un patrón.

Es importante señalar que estos estudios se basan en cerebros donados por familias de jugadores que ya presentaban síntomas cognitivos o de comportamiento en vida, lo que significa que el 90% no representa la tasa exacta entre todos los jugadores actuales, pero sí subraya un riesgo extremadamente alto en la población expuesta a impactos repetidos.

Concussion

Cuando Omalu publicó sus hallazgos, la reacción no fue diálogo científico. Fue negación, descrédito, presión institucional. La verdad oculta muestra con crudeza cómo una liga multimillonaria reaccionó ante una evidencia que amenazaba la esencia de su negocio. No se trataba solo de salud: se trataba del espectáculo, de contratos televisivos, de tradición, de poder.

Diez años después, algo ha cambiado… pero no tanto como parece.

La NFL ha modificado reglas y protocolos a partir de la evidencia científica y la presión pública. Se reformó la patada de salida (kickoff) para reducir colisiones de alta velocidad. Se ampliaron los protocolos de conmoción cerebral, incorporando señales como la inestabilidad motora, incluso cuando no hay pérdida de conciencia. Se introdujeron tecnologías de revisión en tiempo real, observadores independientes y equipamiento adicional como los Guardian Caps (cubiertas acolchadas para cascos) en prácticas y partidos.

Gracias a estos cambios, la liga reportó en la temporada 2024 la cifra más baja de conmociones registradas desde que comenzó su monitoreo sistemático, con una reducción cercana al 17% respecto al año anterior. Es un avance. Pero también es una advertencia: incluso en su punto “más seguro”, el fútbol americano sigue siendo un deporte de impactos repetidos contra un órgano que no fue diseñado para eso.

Porque el fondo del problema permanece intacto. La pregunta que planteó Bennet Omalu sigue sin respuesta clara: ¿cuánto daño es aceptable cuando el espectáculo depende del choque?

Concussion

Ahí es donde La verdad oculta trasciende el fútbol americano y se vuelve un espejo social. No cuestiona el deporte por sí mismo. Cuestiona nuestra relación con el riesgo cuando el rendimiento, el dinero y la tradición pesan más que la salud a largo plazo.

Vivimos en una cultura que glorifica la exigencia extrema y romantiza el “aguantar”. Aplaudimos la entrega total, pero hablamos poco del precio físico, neurológico y emocional que muchas profesiones imponen. El deporte profesional no es una excepción: es el ejemplo más visible de un modelo que prioriza resultados inmediatos y posterga las consecuencias.

El problema no es elegir trabajos exigentes ni vocaciones intensas. El problema es hacerlo sin información completa. Sin cifras. Sin contexto. Sin verdad.

Por eso la historia de Omalu sigue siendo incómoda y necesaria. Porque no buscaba prohibir ni destruir el fútbol americano. Buscaba conocimiento. Y el conocimiento abre una puerta fundamental: la posibilidad de decidir.
Decidir con datos. Decidir con conciencia. Decidir hasta dónde sí y hasta dónde no. Decidir exigir mejores reglas, mejores cuidados, mejores condiciones. Decidir sin romantizar el daño como si fuera un peaje inevitable del éxito.

La verdad sigue en el campo porque el cuerpo no olvida lo que el espectáculo intenta normalizar. Porque ningún casco vuelve invulnerable al cerebro. Porque ningún contrato compensa una vida deteriorada años después.

Hoy, la gran oportunidad que tenemos —como jugadores, trabajadores y sociedad— es saber. Porque solo cuando conocemos las consecuencias reales de lo que hacemos para vivir dejamos de ser piezas intercambiables y recuperamos algo esencial: el derecho a elegir.

Y esa verdad, aunque incomode, sigue ahí. Golpeando temporada tras temporada.

https://x.com/delyramrez 

*ARD
 

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