Yayoi Kusama

Muere Yayoi Kusama: México hizo filas para entrar a su universo

La artista japonesa murió a los 97 años; sus lunares y espejos conquistaron también al público mexicano.
Redacción | 27 Agosto, 2026
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Durante semanas, miles de personas hicieron filas alrededor del Museo Tamayo de Ciudad de México. Algunos esperaron durante horas y, en los últimos días, el recinto terminó abriendo durante 36 horas continuas para recibir a quienes buscaban entrar en habitaciones donde los espejos, las luces y los puntos parecían extenderse sin final.

Era 2014 y México vivía una auténtica fiebre por Yayoi Kusama. Más de una década después de aquella exposición multitudinaria, la artista japonesa que convirtió la repetición en una experiencia física murió a los 97 años.

El Yayoi Kusama Museum y la Yayoi Kusama Foundation anunciaron este 27 de agosto que la creadora falleció el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio. No se dio a conocer la causa de muerte. Kusama siguió pintando hasta sus últimos días.

 

 

México entró al universo de Kusama y no quería salir

La retrospectiva “Yayoi Kusama. Obsesión infinita” abrió en el Museo Tamayo en septiembre de 2014 y se convirtió en uno de los fenómenos culturales de aquella temporada.

Pinturas, esculturas, videos, instalaciones y habitaciones de espejos permitieron recorrer varias décadas de una producción obsesionada con la repetición, el espacio y la desaparición de los límites.

 

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La respuesta fue extraordinaria: el conteo final alcanzó casi 320 mil visitantes. Sólo durante el llamado Maratón Tamayo, cuando el museo permaneció abierto durante 36 horas ininterrumpidas antes del cierre, ingresaron cerca de 10 mil personas.

Aquellas filas ayudan a explicar algo que Kusama consiguió como pocos artistas contemporáneos: hacer que una instalación de museo se transformara en un acontecimiento de masas.

 

 

Los lunares comenzaron mucho antes de que fueran famosos

Los puntos que terminaron cubriendo cuadros, habitaciones, esculturas, vestidos y enormes calabazas no nacieron como una estrategia para conquistar redes sociales.

Kusama nació el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, y habló durante su vida de experiencias visuales que comenzaron desde la infancia: patrones, flores y puntos que parecían multiplicarse hasta cubrir su entorno.

Décadas después convirtió esas percepciones en uno de los lenguajes visuales más reconocibles del arte contemporáneo. La repetición no era solamente decoración; estaba relacionada con su idea de disolverse dentro de un espacio aparentemente infinito.

 

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Nueva York convirtió su obsesión en vanguardia

Kusama viajó a Estados Unidos en 1957 y desarrolló poco después una etapa decisiva en Nueva York.

Allí produjo sus Infinity Nets, enormes superficies construidas mediante cientos o miles de pequeños trazos repetidos. También desarrolló esculturas, performances y acciones públicas que la colocaron dentro de una escena artística atravesada por el pop, el minimalismo y la contracultura.

 

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En los años sesenta utilizó además el cuerpo y la calle como parte de su obra. Organizó happenings, protestó contra la guerra de Vietnam y llevó sus intervenciones fuera de los espacios tradicionales del museo.

En 1966 apareció en Venecia con Narcissus Garden, una instalación de cientos de esferas reflectantes que intentó vender individualmente a los visitantes. En 1993 regresaría a la Bienal, pero esta vez como representante oficial de Japón.

 

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Sus espejos hicieron del infinito una experiencia para el público

Con los Infinity Mirror Rooms, Kusama dio otro paso: dejó de pedir al visitante que contemplara una obra y lo introdujo dentro de ella.

Los espejos multiplicaban luces, objetos y al propio espectador hasta borrar visualmente los límites de la habitación. La idea que durante años había desarrollado sobre lienzos se convirtió así en un espacio transitable.

 

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Mucho antes de que las instalaciones inmersivas se convirtieran en una fórmula recurrente para museos y exhibiciones, Kusama ya estaba construyendo experiencias donde el espectador formaba parte de la obra.

De ahí surgió también buena parte de su enorme popularidad posterior: una habitación podía ser conceptualmente compleja y, al mismo tiempo, producir una imagen inmediatamente reconocible.

 

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Vivió durante décadas junto al hospital donde decidió internarse

Después de regresar a Japón en 1973, Kusama ingresó voluntariamente en 1977 a una institución psiquiátrica de Tokio.

No dejó de crear.

Mantuvo un estudio cercano y continuó trasladándose para trabajar prácticamente todos los días. La salud mental formó parte pública de su biografía porque ella misma relacionó algunas de sus experiencias perceptivas con el desarrollo de su obra.

Desde ese entorno produjo durante décadas pinturas, esculturas, instalaciones, novelas y poemas, mientras su reconocimiento internacional crecía hasta convertirla en una de las artistas japonesas más conocidas del mundo.

 

 

De artista de vanguardia a fenómeno cultural global

La dimensión alcanzada por Kusama terminó desbordando los museos.

Sus calabazas cubiertas de puntos aparecieron como esculturas monumentales; su imagen de peluca roja y vestidos saturados de lunares se volvió inmediatamente reconocible, y sus diseños llegaron también a la moda mediante colaboraciones internacionales.

Al mismo tiempo, sus obras alcanzaron precios multimillonarios y las exposiciones dedicadas a ella comenzaron a provocar enormes concentraciones de visitantes en distintas ciudades.

 

 

En 2016, Japón le concedió la Orden de Cultura. Al año siguiente abrió en Tokio el Yayoi Kusama Museum, institución que ahora confirmó su muerte y aseguró que la artista nunca abandonó el pincel.

La exposición “KUSAMA’s POP” continuará abierta hasta el 30 de agosto, tal como estaba previsto.

Kusama deja lunares, redes, espejos, performances y calabazas, pero también una idea que atravesó prácticamente toda su producción: convertir la repetición en una forma de perderse y, al mismo tiempo, encontrarse dentro del infinito.

México ya había entrado en ese universo en 2014. Casi 320 mil personas quisieron verlo de cerca.

 

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