fibrosis quística

La niña Romina Rivera: del violín en Roma a una muerte que exige respuestas

La niña violinista murió en Venezuela; su madre denuncia fallas médicas aún no esclarecidas.
Redacción | 21 Agosto, 2026
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Romina Rivera Cruz tenía apenas unos años de formación musical cuando el violín la llevó desde Acarigua-Araure, en Venezuela, hasta una gira en Roma. Su talento le permitió ingresar por mérito a la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela y, en 2025, convertirse en solista durante uno de los momentos más importantes de su corta trayectoria.

El domingo 16 de agosto de 2026, aquella historia terminó de manera prematura. Romina murió en el estado Portuguesa después de sufrir un deterioro de salud y permanecer hospitalizada. Padecía fibrosis quística, una enfermedad que requiere seguimiento especializado y con la que había convivido mientras desarrollaba su carrera musical.

Su fallecimiento provocó mensajes de duelo dentro de El Sistema, pero días después abrió también una discusión sobre sus últimas jornadas de vida: Claribeth Cruz, su madre, denunció presuntas deficiencias en la atención médica y aseguró que el hospital donde permaneció internada no tenía especialistas preparados para tratar la condición de su hija.

Hasta ahora, esas acusaciones corresponden al testimonio de la familia. No se ha hecho pública una resolución médica, administrativa o judicial que determine que una negligencia provocó la muerte de Romina.

 

Una niña que comenzó con el violín a los cuatro años

Romina inició su formación musical aproximadamente a los cuatro años en el Núcleo Acarigua-Araure de El Sistema, uno de los proyectos de educación musical más reconocidos de Venezuela.

Su crecimiento fue rápido. Formó parte de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de Acarigua-Araure, de la Sinfónica de la Juventud Portugueseña José Antonio Páez y consiguió ingresar mediante concurso y por mérito a la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela.

Quienes participaron en su formación recordaron después de su muerte su disciplina, su alegría y la facilidad con la que destacaba musicalmente. La Escuela Parroquial Nuestra Señora de El Pilar, donde estudiaba, también expresó públicamente su pesar.

Existe, sin embargo, una discrepancia en un dato biográfico: varias publicaciones identifican a Romina con 9 años, mientras una de las fuentes locales vinculadas a su comunidad musical reportó que tenía 10 años. Al no existir hasta ahora una fecha de nacimiento pública verificable, conviene no convertir esa edad en un dato definitivo.

 

De Portuguesa a Roma: el momento que marcó su carrera

En octubre de 2025, Romina formó parte de la delegación de músicos venezolanos que viajó a Italia durante las actividades relacionadas con la canonización de José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles.

La gira colocó a varios jóvenes músicos de Portuguesa en escenarios internacionales. Romina ocupó un lugar entre los violines y tuvo una participación especialmente destacada como solista en el “Danzón n.º 2”, del compositor mexicano Arturo Márquez.

Aquel momento representó un salto enorme para una niña que pocos años antes había comenzado a aprender el instrumento en un núcleo regional.

La experiencia en Roma se convirtió así en uno de los principales recuerdos de sus profesores: una pequeña violinista venezolana ejecutando como solista una de las obras latinoamericanas más conocidas del repertorio orquestal contemporáneo.

Las fuentes disponibles sí documentan su participación en los conciertos vinculados a aquella gira. Para mantener precisión, resulta preferible hablar de su actuación durante las actividades por las canonizaciones en Roma y no asegurar que el solo específico fue interpretado directamente frente al papa León XIV sin una fuente primaria que lo demuestre.

 

 

Romina Rivera padecía fibrosis quística

Detrás de aquella trayectoria musical existía además una batalla cotidiana.

Romina padecía fibrosis quística, una enfermedad hereditaria que provoca la producción de mucosidad espesa y puede afectar especialmente los pulmones, además del páncreas, intestinos y otros órganos. Su gravedad y manifestaciones pueden variar entre pacientes.

Qué es la fibrosis quística según MedlinePlus

La información difundida por su familia señala que la niña era atendida habitualmente por especialistas vinculados con una Unidad de Fibrosis Quística en Barquisimeto, donde conocían previamente su condición clínica.

En agosto, su salud se complicó y terminó ingresada en el Hospital Dr. Jesús María Casal Ramos de Acarigua-Araure.

 

Su madre denuncia lo ocurrido durante la hospitalización

Después del fallecimiento, Claribeth Cruz difundió públicamente su versión sobre la atención recibida por Romina.

La madre aseguró que durante la hospitalización participaron médicos que, desde su perspectiva, no contaban con suficiente conocimiento de la fibrosis quística y afirmó que pidió establecer comunicación con el especialista que atendía regularmente a su hija en Barquisimeto. Según su testimonio, esa posibilidad le fue negada.

“No tienen condiciones para atender pacientes con esta complejidad”.

Cruz también cuestionó los estudios y procedimientos realizados durante la estancia hospitalaria y sostuvo que decidió hacer pública su denuncia para evitar que otras familias con niños que padecen enfermedades complejas enfrenten una situación similar.

El señalamiento es grave, pero exige conservar una frontera periodística clara: es la denuncia de una madre que pide respuestas, no una conclusión médica comprobada sobre la causa del fallecimiento.

Tampoco se localizó un informe clínico público que establezca detalladamente cuál fue la causa inmediata de la muerte. Las fuentes coinciden en que Romina padecía fibrosis quística y sufrió complicaciones de salud, pero eso no permite atribuir por cuenta propia el desenlace a una actuación médica específica.

 

 

Del duelo por una violinista a una exigencia de respuestas

La muerte de Romina Rivera reúne ahora dos dimensiones.

La primera quedó escrita antes de su hospitalización: una niña que comenzó a tocar el violín a los cuatro años, ganó un lugar en la Sinfónica Nacional Infantil y terminó interpretando un solo de Arturo Márquez durante una gira internacional en Roma.

La segunda comenzó después de su muerte y todavía permanece abierta: las acusaciones de su madre sobre las condiciones en las que fue atendida y la falta de especialistas para una paciente con una enfermedad compleja.

Su comunidad musical la despidió recordando su sonrisa, su amor por el arte y el talento que mostró desde muy pequeña.

Ahora, mientras su violín queda como testimonio de una trayectoria excepcionalmente breve, su familia busca que también se esclarezca qué ocurrió durante los últimos días de su vida.

 

 

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