Entre campos de cultivo y las laderas de un cerro en Abasolo, Guanajuato, se levanta uno de los asentamientos prehispánicos más importantes y menos conocidos del Bajío: la Zona Arqueológica de Peralta, una antigua ciudad que llegó a concentrar poder político, ceremonial y económico siglos antes de la llegada de los españoles.
El sitio conserva 20 conjuntos arquitectónicos distribuidos desde el cerro Peralta hasta las tierras bajas próximas al río Lerma. Sin embargo, sólo dos han sido explorados, restaurados y preparados para recibir visitantes: La Mesita y El Divisadero.
Y aunque la arqueología ha permitido reconstruir parte de la vida de sus habitantes, todavía permanece una pregunta abierta: no se conoce con certeza la filiación étnica de la población que levantó Peralta.
Una gran ciudad surgió en el corazón del Bajío
Peralta se desarrolló durante el primer milenio de nuestra era. La Secretaría de Cultura de Guanajuato sitúa su ocupación entre los años 300 y 900 d.C. y la considera uno de los seis asentamientos monumentales más grandes asociados con la tradición arquitectónica de El Bajío.
Su ubicación no fue casual. Las fértiles tierras irrigadas por el río Lerma favorecieron el establecimiento de comunidades agrícolas y facilitaron la comunicación con otros puntos de Mesoamérica.
En las laderas se construyeron terrazas para cultivar y alrededor de los grandes edificios surgieron espacios ceremoniales, habitaciones y áreas donde se concentraban actividades vinculadas con el gobierno y la vida comunitaria.
Los primeros registros arqueológicos modernos de Peralta se realizaron durante las décadas de 1970 y 1980, pero los trabajos sistemáticos del proyecto arqueológico comenzaron en 2002.
La Mesita fue el espacio de los gobernantes
Una de las construcciones que mejor refleja el poder alcanzado por Peralta es La Mesita, también identificada como el Recinto de los Gobernantes.
Su plataforma mide aproximadamente 147 metros de largo por 130 de ancho y 12 metros de altura. En su interior existe una gran plaza, una estructura circular y vestigios de habitaciones que pudieron utilizarse para funciones administrativas.
Los accesos también ofrecen pistas sobre la organización social. Una gran escalinata occidental conducía hacia la estructura circular, mientras un paso más estrecho se encontraba en la fachada sur. Los arqueólogos han planteado que el acceso principal pudo reservarse para individuos de mayor rango.
La estructura circular destaca porque rompe con parte de la arquitectura habitual de la región y ha sido relacionada con tradiciones constructivas conocidas hacia el actual Jalisco.
El Divisadero conserva dos grandes basamentos
A poca distancia se encuentra El Divisadero, considerado uno de los principales espacios ceremoniales de Peralta.
El conjunto está formado por una plaza delimitada por dos basamentos piramidales de aproximadamente 10 metros de altura, además de un patio hundido y otros elementos arquitectónicos.
Su plataforma alcanza alrededor de 85 metros de largo por 79 de ancho, mientras que en el centro de la plaza se localizaron restos de un altar. Algunas modificaciones visibles en la construcción muestran que el edificio fue ampliado durante su funcionamiento.
En excavaciones también aparecieron objetos como cuchillos de obsidiana, piezas de pedernal y una pequeña máscara de alabastro. Parte de esos materiales fue colocada después del abandono del asentamiento, una señal de que el lugar pudo conservar importancia ritual para poblaciones posteriores.
El pueblo que construyó Peralta sigue siendo un enigma
Las dimensiones del asentamiento permiten hablar de una sociedad con capacidad para movilizar trabajadores, administrar recursos y construir grandes espacios públicos.
Lo que no puede afirmarse todavía es quiénes eran exactamente.
El INAH señala que la filiación étnica de los habitantes de Peralta continúa siendo desconocida. Por ello, no existe fundamento para identificar categóricamente el sitio como una ciudad tolteca, mexica, purépecha o chichimeca.
El propio nombre Peralta tampoco corresponde al nombre original de la antigua ciudad. Ése se perdió junto con buena parte de la memoria de quienes la habitaron.
La incógnita convierte la visita en algo más que un recorrido entre ruinas: aquí permanecen los restos monumentales de una sociedad poderosa del Bajío cuyo nombre no ha llegado hasta nuestros días.
Cómo llegar a la Zona Arqueológica de Peralta desde Abasolo
Peralta se encuentra en San José de Peralta, municipio de Abasolo, Guanajuato, sobre un ramal de la carretera estatal Abasolo-Huanímaro.
Desde Abasolo, se debe salir hacia el oriente y seguir la carretera pavimentada que pasa por San Isidro, La Peña y Rancho Seco. El recorrido es de aproximadamente 13 kilómetros hasta llegar a la zona arqueológica. El trayecto desde la cabecera municipal toma alrededor de 15 minutos.
Cómo llegar a Peralta desde Irapuato
Desde Irapuato, la ruta comienza por la Carretera Federal 90 en dirección a La Piedad, Michoacán.
Después de aproximadamente 15.5 kilómetros hay que tomar la desviación hacia Pueblo Nuevo. En la bifurcación se continúa con dirección a Huanímaro y posteriormente aparece la señalización que conduce hacia la zona arqueológica.
Peralta se encuentra aproximadamente a 30 minutos de Irapuato, una hora de Guanajuato capital y 70 minutos de León, por lo que puede recorrerse como una escapada de un día dentro del estado.
Horarios para visitar Peralta
La zona arqueológica abre de martes a domingo, de 10:00 a 18:00 horas, y el último acceso está establecido a las 17:00 horas. El recorrido tiene una duración aproximada de una hora.
El sitio dispone de museo de sitio, donde pueden observarse materiales que muestran la participación de Peralta en redes de intercambio regionales y de larga distancia.
Las páginas oficiales muestran actualmente diferencias en las cuotas publicadas, por lo que resulta conveniente verificar el costo vigente antes de realizar la visita.
Peralta no tiene la fama de Teotihuacán o Chichén Itzá, pero su historia revela otra cara del México prehispánico. Sus patios hundidos, plataformas monumentales y edificios de gobierno muestran que el Bajío fue escenario de sociedades complejas mucho antes de convertirse en una de las grandes regiones agrícolas del país.
*ARD
