Bigorexia en adolescentes: el cuerpo que nunca parece suficiente

Vida y salud
Entrenar más, comer rígidamente y compararse en redes puede revelar una obsesión por ganar músculo
Redacción | 27 Agosto, 2026
Bigorexia en adolescentes: el cuerpo que nunca parece suficiente

Comienza con una rutina de ejercicio, el deseo de ganar músculo y cambios en la alimentación. Después llegan las fotografías frente al espejo, las mediciones constantes, el miedo a perder una sesión de entrenamiento y la sensación de que el cuerpo nunca está suficientemente desarrollado. En algunos adolescentes, una actividad que inició como parte de un estilo de vida saludable puede convertirse gradualmente en una preocupación que domina prácticamente todo el día.

La bigorexia o vigorexia, denominada clínicamente dismorfia muscular, altera la manera en que una persona percibe su propio cuerpo. Aunque haya desarrollado masa muscular, puede continuar viéndose demasiado pequeña, débil o poco definida y buscar permanentemente aumentar volumen y reducir grasa.

El problema no está en levantar pesas, cuidar la alimentación o querer mejorar físicamente. Aparece cuando alcanzar determinado cuerpo se convierte en una obligación y empiezan a quedar en segundo plano la escuela, el descanso, los amigos, la familia y la propia salud.

¿Qué es la bigorexia?

La dismorfia muscular es una forma del trastorno dismórfico corporal en la que existe una preocupación persistente por considerar que el cuerpo no tiene suficiente musculatura.

La persona puede pasar gran parte del día pensando en entrenamiento, alimentación, peso, tamaño de los músculos y porcentaje de grasa. Incluso después de cumplir una meta física, la satisfacción suele durar poco porque inmediatamente aparece una nueva exigencia corporal.

Un brazo tiene que ser más grande. El abdomen necesita mayor definición. Hay que bajar otro porcentaje de grasa. Hace falta entrenar más tiempo.


Bigorexia en adolescentes


El cuerpo termina convertido en un proyecto que nunca parece terminado.

La conducta puede presentarse tanto en hombres como en mujeres, aunque la investigación científica ha estudiado particularmente a adolescentes y hombres jóvenes debido a la presión cultural que existe sobre ellos para desarrollar un físico musculoso.

La diferencia entre disciplina y obsesión

Un adolescente puede acudir regularmente al gimnasio sin presentar ningún problema.

Puede disfrutar del entrenamiento, planear su alimentación y trabajar durante meses para ganar fuerza o masa muscular. Incluso un alto nivel de disciplina puede formar parte de un entrenamiento deportivo normal.

La diferencia aparece en la flexibilidad.

Una persona con una relación saludable con el ejercicio puede descansar si está enferma, modificar ocasionalmente su dieta, salir con amigos o perder un entrenamiento sin sufrir una crisis emocional.

Cuando existe una conducta compulsiva, descansar puede generar culpa, ansiedad, irritabilidad o temor a perder músculo.

La rutina deja de adaptarse a la vida. La vida empieza a adaptarse por completo a la rutina.

El adolescente puede verse pequeño aunque haya ganado músculo

Uno de los elementos más difíciles de identificar desde fuera es la diferencia entre el cuerpo real y la manera en que la persona lo percibe.

Familiares y amigos pueden observar que un adolescente ha desarrollado considerablemente su musculatura, mientras él continúa sintiéndose demasiado delgado o pequeño.

Por eso frases como “pero si ya estás muy fuerte” no necesariamente cambian lo que está experimentando.

La preocupación no depende exclusivamente de la apariencia objetiva.

Puede existir una percepción corporal distorsionada que lleva a revisar una y otra vez el espejo, fotografías, peso y medidas corporales buscando defectos o cambios mínimos.

Para algunos jóvenes, subir unos gramos, perder definición temporalmente o no conseguir determinada medida puede generar una preocupación mucho mayor de la que otras personas esperarían.


Bigorexia en adolescentes


Cuando faltar un día al gimnasio genera angustia

Una de las señales más claras puede aparecer cuando algo interrumpe el entrenamiento.

Una enfermedad, un compromiso escolar, una reunión familiar o simplemente un día de descanso pueden provocar una reacción intensa.

El adolescente puede mostrarse ansioso, enojado o culpable porque siente que ese descanso destruirá el progreso conseguido.

En situaciones más avanzadas puede continuar entrenando pese a presentar dolor, cansancio extremo o una lesión.

El descanso deja de interpretarse como parte del entrenamiento y comienza a vivirse como una amenaza.

Esta conducta puede aumentar el riesgo de lesiones por sobrecarga y dificultar la recuperación cuando ya existe algún problema físico.

La alimentación también puede convertirse en una regla inflexible

La bigorexia no se limita al gimnasio.

La comida puede convertirse en otro espacio dominado por el control.

Un adolescente empieza a dividir prácticamente todos los alimentos entre aquellos que considera permitidos y los que cree que perjudicarán su físico. Puede medir porciones repetidamente, contar calorías y macronutrientes de manera rígida o sentir culpa después de consumir algo que no estaba contemplado en su dieta.

La necesidad de cumplir con un plan puede llevarlo a evitar fiestas, restaurantes, vacaciones, comidas familiares o reuniones con amigos.


Suplementos


El objetivo no siempre es perder peso. Muchas veces consiste en ganar masa muscular mientras se intenta mantener un porcentaje de grasa cada vez menor.

La combinación puede llevar a patrones alimentarios difíciles de sostener y a una relación cada vez más tensa con la comida.

El espejo, la báscula y la cinta métrica

La comprobación constante del cuerpo es otra señal frecuente.

Algunos adolescentes pueden mirarse repetidamente al espejo, comparar fotografías tomadas con pocos días de diferencia o medir brazos, pecho, cintura y piernas de manera habitual.

También puede ocurrir lo contrario: evitar determinados espejos, fotografías o situaciones donde el cuerpo quede expuesto porque sienten vergüenza o consideran que todavía no se ven suficientemente musculosos.

Ambos comportamientos pueden estar relacionados con una preocupación intensa por la apariencia.

La búsqueda de aprobación externa tampoco siempre genera tranquilidad. Un comentario positivo puede aliviar temporalmente la inseguridad, pero poco después reaparece la sensación de que todavía falta mejorar.

TikTok, Instagram y el ideal de un cuerpo extremo

La adolescencia actual incorpora un elemento que generaciones anteriores no enfrentaron con la misma intensidad: la exposición continua a cuerpos seleccionados por algoritmos.

Videos de transformaciones físicas, rutinas de gimnasio, dietas, abdominales marcados, brazos voluminosos y porcentajes de grasa extremadamente bajos pueden aparecer durante horas en TikTok, Instagram, YouTube y otras plataformas.

Una investigación publicada en 2025 encontró una asociación entre una mayor exposición a contenidos relacionados con cuerpos musculosos, suplementos para ganar músculo y sustancias utilizadas para modificar el físico y una mayor presencia de síntomas vinculados con la dismorfia muscular.

La relación no demuestra que las redes sociales provoquen por sí solas el trastorno.

Sí muestra que el contenido consumido puede tener importancia, particularmente durante una etapa de la vida en la que la comparación con otras personas y la búsqueda de aceptación tienen un peso considerable.


Bigorexia en adolescentes


El problema de compararse con una imagen que no cuenta toda la historia

Una fotografía publicada en redes muestra sólo unos segundos.

Detrás pueden existir años de entrenamiento, genética, iluminación profesional, poses, edición digital, filtros, deshidratación temporal o incluso utilización de sustancias que nunca son mencionadas.

El adolescente puede comparar su cuerpo cotidiano con esa imagen cuidadosamente construida y concluir que algo está mal con él.

La comparación se vuelve todavía más intensa cuando el algoritmo detecta interés en contenido de gimnasio y comienza a mostrar una cantidad creciente de publicaciones similares.

El resultado puede ser una percepción distorsionada de lo que representa un cuerpo común o alcanzable.

No todo contenido fitness es perjudicial

Las redes también contienen información útil sobre entrenamiento, nutrición y actividad física.

El riesgo no aparece simplemente por seguir cuentas deportivas.

La dificultad surge cuando prácticamente todo el contenido consumido gira alrededor de la apariencia y se combina con una preocupación creciente por alcanzar un físico cada vez más extremo.

También merece atención el lenguaje.

Mensajes que presentan el descanso como flojera, que relacionan el valor personal con la disciplina física o que ridiculizan determinados tipos de cuerpo pueden reforzar una visión rígida de la apariencia.

El ejercicio deja entonces de estar vinculado con salud, fuerza, diversión o rendimiento y se convierte exclusivamente en una herramienta para perseguir aprobación corporal.

Suplementos: cuándo aparece otra señal de riesgo

Proteínas, creatina, bebidas preentrenamiento y numerosos productos para deportistas forman parte del mercado fitness.

No todos tienen los mismos efectos ni implican los mismos riesgos.

El problema puede aparecer cuando la búsqueda por desarrollar músculo rápidamente lleva al adolescente a consumir productos sin conocer su composición, combinar sustancias o seguir recomendaciones de personas sin preparación profesional.

La preocupación aumenta especialmente ante la búsqueda o utilización de esteroides anabólicos y otras sustancias destinadas a acelerar el crecimiento muscular o modificar la composición corporal.

En algunos espacios digitales, su consumo puede presentarse como algo normal o inevitable para conseguir determinado físico.

Para un adolescente que ya siente que nunca tiene suficiente músculo, esa normalización puede representar un riesgo adicional.


Bigorexia en adolescentes


El dato del 22% necesita contexto

Una investigación realizada en Estados Unidos encontró que alrededor de 22 por ciento de los hombres jóvenes participantes reportó al menos alguna conducta alimentaria desordenada destinada a aumentar la musculatura.

La cifra no significa que 22 de cada 100 jóvenes tengan bigorexia.

El estudio analizó comportamientos como modificar la alimentación para aumentar músculo, utilizar determinados suplementos o recurrir a esteroides, y no diagnósticos clínicos de dismorfia muscular.

Otro estudio realizado con más de 3 mil 600 adolescentes australianos encontró síntomas compatibles con dismorfia muscular en aproximadamente 2.2 por ciento de los varones y 1.4 por ciento de las mujeres evaluadas.

Tampoco esas cifras pueden presentarse como prevalencia mexicana.

Hasta ahora no existe una estimación nacional reciente y suficientemente sólida que determine qué porcentaje de adolescentes en México presenta específicamente dismorfia muscular.

La bigorexia también puede afectar a las mujeres

La imagen más conocida del problema es la de un joven obsesionado con ganar volumen, pero la dismorfia muscular no es exclusiva de los hombres.

Las mujeres también pueden experimentar preocupación extrema por ganar músculo, definir determinadas partes del cuerpo o combinar una alta masa muscular con un porcentaje de grasa reducido.

Los ideales difundidos en redes sociales han cambiado además los modelos corporales que reciben adolescentes de ambos sexos.

Ya no se promociona solamente la delgadez. También existe una fuerte exposición a cuerpos atléticos, marcados y musculosos que pueden presentarse como requisito de salud, belleza o éxito personal.

Escuela y familia pueden detectar cambios antes de que sean evidentes

Las primeras señales no necesariamente aparecen en el aspecto físico.

Pueden comenzar en la rutina cotidiana.

Un alumno que deja actividades escolares para entrenar, que evita comer durante convivencias, que muestra ansiedad constante por su cuerpo o que pierde concentración porque piensa continuamente en su siguiente rutina puede estar mostrando cambios relevantes.

En casa pueden aparecer discusiones frecuentes relacionadas con la comida, aislamiento durante los horarios de entrenamiento o resistencia extrema ante cualquier actividad que modifique la rutina.

La atención debe centrarse en la frecuencia, intensidad y consecuencias de esas conductas, no en una acción aislada.

Cómo pueden hablar los padres con un adolescente

Los comentarios sobre el cuerpo requieren especial cuidado.

Burlarse del tamaño de sus músculos, decirle que está exagerando o confrontarlo únicamente con frases como “te ves bien” puede provocar que se cierre y deje de hablar del tema.

Resulta más útil señalar comportamientos concretos.

“Has dejado de salir con tus amigos porque dices que no puedes perder el entrenamiento”.

“Sigues haciendo ejercicio aunque te duele la rodilla”.

“Te veo muy angustiado cuando comes algo diferente a tu dieta”.

El diálogo puede centrarse en cómo se siente y qué está perdiendo por mantener esa rutina, en lugar de discutir si su cuerpo tiene suficiente músculo.

Tampoco se trata de prohibir automáticamente el gimnasio

Retirar el entrenamiento no resuelve necesariamente el origen del problema.

Si la preocupación por el cuerpo continúa, impedirle hacer ejercicio puede aumentar la ansiedad sin modificar la forma en que se percibe.

La intervención depende de cada situación.

Cuando las conductas son persistentes y comienzan a afectar el bienestar, puede ser necesaria una valoración de salud mental, acompañada en determinados casos por atención médica y nutricional.

La terapia cognitivo-conductual forma parte de los enfoques utilizados para trabajar pensamientos relacionados con la imagen corporal, ansiedad y conductas compulsivas.

En adolescentes, la participación de madres, padres o cuidadores también puede ayudar a recuperar una relación más flexible con ejercicio, alimentación y descanso.

Cuándo buscar ayuda profesional

La necesidad de valoración aumenta cuando aparecen varias señales al mismo tiempo.

Entre ellas están el ejercicio compulsivo, culpa intensa por descansar, dietas extremadamente rígidas, aislamiento, entrenamiento pese a lesiones, preocupación corporal durante gran parte del día o interés creciente por sustancias destinadas a modificar rápidamente el físico.


Bigorexia en adolescentes


También deben tomarse con seriedad cambios importantes en el estado de ánimo, ansiedad persistente, depresión o expresiones de rechazo hacia el propio cuerpo.

En México, la Línea de la Vida, 800 911 2000, brinda orientación gratuita las 24 horas para problemas relacionados con salud mental.

El problema no es querer estar fuerte

Construir músculo puede ser un objetivo legítimo.

El entrenamiento de fuerza puede mejorar condición física, rendimiento deportivo y bienestar. Una alimentación adecuada también forma parte de una vida saludable.

La bigorexia aparece en otro punto: cuando ningún músculo parece suficiente, el descanso genera culpa y el valor personal empieza a depender del espejo.

Un adolescente puede parecer disciplinado mientras internamente vive con una presión constante por transformar su cuerpo.

Por eso la señal más importante quizá no sea cuánto peso levanta, cuántas horas pasa en el gimnasio o cuántos músculos ha desarrollado.

Está en todo aquello que empieza a perder para conseguirlos.

 

*ARD

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