El cáncer cervicouterino, causado principalmente por el Virus del Papiloma Humano (VPH), continúa siendo un desafío de salud pública en América Latina y el Caribe. Aunque la ciencia ha demostrado que se trata de una enfermedad altamente prevenible, la falta de vacunación y detección oportuna mantiene altas tasas de incidencia y mortalidad.
Durante una conferencia magistral realizada en el marco del Mes de Concientización del Cáncer Cervical, la Dra. Josefina Romaguera, profesora del Instituto de Ginecoobstetricia de la Universidad de Puerto Rico, expuso los principales retos y avances en la prevención de esta enfermedad.
Impacto global y regional del cáncer cervical
A nivel mundial, el cáncer de cuello uterino ocupa el cuarto lugar en frecuencia entre las mujeres. La Dra. Romaguera destacó que más de 350 mil mujeres murieron por esta causa en 2022, con una carga desproporcionada en regiones con menor acceso a servicios de salud.
En República Dominicana, esta enfermedad representa la segunda causa de muerte por cáncer en mujeres, una cifra alarmante si se compara con otros territorios del Caribe, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas más efectivas.
El VPH es una de las infecciones de transmisión sexual más comunes a nivel mundial. Aunque la mayoría de las personas eliminan el virus de manera natural, un porcentaje desarrolla infecciones persistentes que pueden evolucionar hacia cáncer.
Factores como el tabaquismo, la coinfección con VIH y la inmunosupresión reducen la capacidad del organismo para controlar el virus, aumentando el riesgo de lesiones precancerosas.
Vacunación como pilar de la prevención
La vacuna contra el VPH constituye la estrategia más efectiva para reducir la incidencia del cáncer cervicouterino. De acuerdo con la especialista, la vacunación puede prevenir hasta el 70 por ciento de los casos.
Sin embargo, la cobertura mundial sigue siendo baja, especialmente en varones, lo que limita el impacto colectivo de la inmunización y retrasa el objetivo de eliminación de la enfermedad.
En materia de detección, la prueba de ADN-VPH se posiciona como el método más sensible para identificar lesiones de alto riesgo. A diferencia del Papanicolaou, esta prueba permite detectar el virus antes de que aparezcan cambios celulares.
Aunque algunos países reportan altos niveles de tamizaje, la cobertura disminuye con el paso del tiempo, lo que evidencia la necesidad de fortalecer los programas de seguimiento.
Manejo clínico y tratamiento
Cuando el tamizaje resulta positivo, la colposcopia permite confirmar el diagnóstico. En lesiones de alto grado, la escisión quirúrgica ofrece ventajas al permitir evaluar márgenes y descartar cáncer invasivo.
La Dra. Romaguera insistió en que el tratamiento debe realizarse en un plazo máximo de seis meses para evitar la progresión de la enfermedad.
Las mujeres que viven con VIH requieren esquemas de detección más tempranos y frecuentes. En estos casos, la vigilancia constante resulta clave para reducir el riesgo de cáncer cervical.
La experta concluyó que la combinación de vacunación universal, tamizaje moderno y tratamiento oportuno puede lograr la eliminación del cáncer cervicouterino como problema de salud pública en las próximas décadas.
Con información de medicinaysaludpublica
*ARD
