La guerra entre Rusia y Ucrania ha entrado en una fase prolongada que comienza a impactar al interior del país gobernado por Vladimir Putin. Lo que inició como una ofensiva rápida se transformó en un conflicto estancado que genera presión económica y social.
Desde el inicio, el Kremlin evitó llamar “guerra” al conflicto, utilizando el término “operación especial”. Sin embargo, la realidad en el campo de batalla y los ataques ucranianos dentro de Rusia han complicado esa narrativa.
Además, el malestar ciudadano crece ante el impacto económico y las pérdidas humanas. Aunque la censura sigue siendo fuerte, las redes sociales han permitido que surjan críticas que cuestionan la estrategia del gobierno.
Bloqueo de plataformas y control de internet
Para contener estas críticas, el gobierno ha reforzado la censura en Rusia. Plataformas como WhatsApp han sido bloqueadas, mientras que Facebook, YouTube y TikTok enfrentan restricciones.
Estas medidas forman parte de un proyecto de “internet soberana”, que busca reducir la dependencia de servicios extranjeros y aumentar el control estatal sobre la información.
Los ciudadanos han recurrido a VPN para evadir bloqueos, pero el gobierno intenta limitar su uso mediante nuevas tecnologías de vigilancia digital.
A pesar de ello, aplicaciones como Telegram siguen siendo ampliamente utilizadas, convirtiéndose en una herramienta clave para acceder a información no censurada.
Nueva ola represiva y señales políticas
En las últimas semanas, se han intensificado las detenciones y acciones contra medios y editoriales. Además, el gobierno ha retomado símbolos del pasado soviético, como la figura de Joseph Stalin, lo que refleja un endurecimiento del régimen.
Finalmente, el escenario en Rusia muestra un equilibrio frágil entre control estatal y descontento social, en medio de una guerra que continúa sin un desenlace claro.
Con información de Crónica
*ARD
