Autonomía universitaria

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Autonomía universitaria
Por  Fernando A. Crisanto 23 de Noviembre de 2020, 05:32 am

 

Fue un día como hoy, 23 de noviembre, pero de 1956 cuando la Universidad de Puebla consiguió formalmente su autonomía.

Derivado de una prolongada lucha, en la que participaron liberales, conservadores y una pequeña célula del Partido Comunista Mexicano, empezó el reconocimiento oficial del autogobierno el 23 de noviembre de 1956.

Sin embargo, fue hasta 1963 cuando la Universidad Autónoma de Puebla adquirió una personalidad soberana tras la reforma de la Ley Orgánica que convirtió al Consejo Universitario en la máxima autoridad de esta casa de estudios, como sucede hasta estos tiempos.

“La conquista de estas libertades no se dio en el vacío, ya que esta utopía de una universidad al servicio de la ciencia y la sociedad, resguardada de injerencias estatales, pero también eclesiásticas, conformó los ideales de los estudiantes del siglo XX en toda América Latina”, apunta la crónica universitaria.

Esa es la razón de la lucha permanente de la comunidad por su autonomía y los riesgos de quienes desde el poder pretenden dominarla, ahora a través del acoso y acusaciones no fundamentadas contra sus autoridades.

Para entender la importancia de esta “conquista histórica”, es necesario subrayar el concepto de autonomía universitaria, o la libertad para organizar la comunidad al margen del poder estatal constituido.

“Dos conceptos forjaron el combate por la reforma universitaria tras el denominado Movimiento de Córdoba (1918): el cogobierno de docentes y estudiantes que determina la libre elección de las autoridades universitarias y el concepto de libertad de cátedra e investigación que permite proteger a los universitarios contra autoridades civiles o religiosas que se opongan al estudio, sistematización y difusión de una teoría, escuela de pensamiento o línea de investigación” (Díaz Barriga, 2004).

Las dos nociones retoman una larga tradición forjada en las universidades medievales de Europa donde las congregaciones de enseñanza se regían por sus propias normas y tenían plena soberanía sobre su organización interna.

Hoy se recuerda e insiste en el valor de la autonomía y de todos aquellos que con movimientos sociales la consiguieron y la han fortalecido, lo que hacen todos los días en la academia y los centros de investigación sus integrantes, los mismos que demandan respeto a su institución y formas de gobierno.

Gracias a la autonomía se pueden tomar decisiones valiosas que benefician a miles de poblanos y a sus familias.

Por ejemplo, el rector de la BUAP, Alfonso Esparza, ratificó que el “Programa Rechazo Cero” con el cual más de 17 mil aspirantes a nivel medio superior se vieron beneficiados, se extenderá a aquellos que pretenden estudiar alguna licenciatura.

El sábado pasado, en sus redes sociales, Esparza confirmó que habrá pase directo para el 80 por ciento de los candidatos a una carrera universitaria y agregó que el examen de admisión será aplicado para las licenciaturas con mayor demanda.

“Ampliamos el Programa Rechazo Cero a las Licenciaturas. El 80 por ciento de los aspirantes registrados y vigentes a la fecha, tendrán PASE DIRECTO. Lo anterior sin detrimento de la calidad educativa”, explicó.

Para los aspirantes de la ciudad de Puebla a Arte digital, Medicina, Cinematografía, Fisioterapia, Biomedicina, Nutrición clínica, Artes plásticas, Enfermería, Estomatología, Profesional Asociado en imagenología, Ingeniería en Mecatrónica, Químico farmacobiólogo, Ingeniería química, Derecho, Ciencias forenses, Arquitectura, Psicología, Ingeniería civil, Administración de empresas, Relaciones internacionales, Comunicación, Cultura física, Comercio internacional e Ingeniería industrial será necesario realizar el examen.

Mientras para Tehuacán sólo será para los aspirantes a Medicina. Finalmente, la prueba también deberá ser realizada por quienes opten por Negocios internacionales o Mercadotecnia y medios digitales de manera presencial.

Este tipo de decisiones trascedentes sólo son posibles con una institución fuerte, pero sobre todo que ejerce su autonomía sin detrimento de la calidad académica y en beneficio de miles de jóvenes y sus familias.

Por eso la Buap es una institución consolidada y querida por los poblanos.

 

100 mil muertos y contando

“Los más de 100 mil fallecimientos por coronavirus son una cifra que no se preveía al inicio de la pandemia (…) es un posicionamiento desagradable, triste, desafortunado para los seres humanos, como una de las causas principales de muerte. No sabemos cuál terminará siendo (la cifra final) en medida que la epidemia sigue, igual que las otras afecciones que ya había antes de la epidemia”, señaló el subsecretario de Salud, Hugo López Gatell.

Cien mil muertos y contado, por COVID-19. Y funcionario, que tanto alaba el presidente, el arquitecto de un diseño institucional federal que oculta sistemáticamente contagios y defunciones, sigue en el cargo, gozando de inmunidad e impunidad con un solo jefe, Andrés Manuel López Obrador, aquel al que le arrestan militares en Estados Unidos y le tienen que “soplar” lo que debe hacer.

Es un hecho que por el momento el especialista no será llamado a cuentas por la justicia, por facilitar groseramente la tarea a un virus, para que murieran cien mil personas. En el futuro, probablemente sí podrá hacerse.

Mitómano, comenzó diciendo que habría 6 mil muertos; después, 60 mil en un escenario catastrófico. 100 mil muertos son “una cifra inusual”.

Realmente, no es una cifra inusual… si se le compara con conflictos armados. Van los datos:

Se estiman entre un millón y medio y dos millones, el número de muertos producidos en la Revolución Mexicana. Si se basa uno en la especie popular que esa guerra inició el 20 de Noviembre de 1910 y terminó el 5 de febrero de 1917 con la Constitución Política en operaciones, duró seis años y 75 días.

Si todos los muertos en la Revolución se promediaran, darían entre 250 mil y 333 mil defunciones por año.

El COVID-19 ha generado entre el 30 y el 40 por ciento de muertos de un año de la Revolución Mexicana.

Revisando los datos de la Guerra de Independencia, se estima entre 250 mil y 500 mil el número de muertos ocurridos entre el 16 de septiembre de 1810 y el 27 de septiembre de 1821. Once años y 8 días en números redondos.

La Independencia arrojó anualmente, entre 22 mil 727 y 45 mil 454 muertos al año, haciendo una distribución arbitraria. Los cien mil muertos del COVID-19 equivalen a más del doble del peor escenario de muertos en la Independencia, en un año.

Y, la Guerra Cristera alcanzó alrededor de 250 mil muertos, entre 1926 y 1929, unos 62 mil muertos al año.

El COVID-19 ha sido más agresivo que una guerra civil, entonces. Por cada seis muertos de la Cristiada, el virus aporta diez.

Para los que quieren datos actuales, el COVID-19 ha aportado más muertos en un año que todos los homicidios dolosos registrados por el INEGI en 2019.

Es decir, que el COVID-19 en México ha demostrado ser más eficiente para matar personas que la Revolución, la Cristiada o los cárteles en la actualidad.

Estos datos permiten establecer que el manejo de la emergencia sanitaria por parte de los López, no solo es “inusual” como la cifra de muertos.

Coquetea seriamente con un proceso judicial, que por el momento no será considerado por ninguna autoridad.

Frente a estos datos, lo único que importa es el año electoral 2021. No más.

fcrisanto00@yahoo.com.mx

Twitter @fercrisanto

Facebook: Fernando Alberto Crisanto

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